sábado, 1 de diciembre de 2018

LAS MONEDAS DEL EMPERADOR BIZANTINO MAURICIO TIBERIO

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto”. (Juan 12:24).


PRESENTACIÓN

En el siguiente texto realizamos una aproximación a las características metrológicas e iconográficas de las emisiones monetarias efectuadas por el emperador bizantino Mauricio Tiberio, cuyo reinado se extendió entre los años 582 y 602. A lo largo de la exposición de las ideas iremos incluyendo aspectos biográficos del soberano que ayudarán a comprender mejor algunas de sus importantes decisiones, relacionadas con la reorganización administrativa del Imperio y la defensa de sus fronteras. Su capacidad militar quedó atestiguada en el tratado “Strategikon”, obra en la que demuestra su experiencia en la utilización de las llamadas “armas combinadas”, es decir, en el recurso complementario para cada batalla de diferentes divisiones y cuerpos, especializados en distintas técnicas y armamentos. El eje que vertebra el siguiente estudio es el recorrido por los diversos talleres emisores de moneda imperial, lo que nos da la oportunidad de apreciar la considerable variabilidad de soluciones encontradas por cada ceca. Mientras que algunos de estos talleres se mostraron, por su proximidad con Constantinopla, más fieles a la legislación monetaria impuesta desde ésta, otros, más exóticos e independientes, reflejaron en sus acuñaciones su fuerte deseo de notoriedad. Para la contextualización de la actividad emisora de cada enclave será preciso hacer referencias a momentos anteriores y posteriores al reinado que nos ocupa. Muchas de las monedas analizadas rezuman tensión, dado el acoso permanente de múltiples pueblos guerreros hacia unos límites territoriales demasiado extensos, imposibles de defender adecuadamente. También transmiten en general, por los símbolos empleados insistentemente, la búsqueda de protección espiritual en medio de las crisis y transformaciones sociales de la época. Nos detendremos de manera especial en la valoración del prestigioso sólido, desentrañando algunas de las claves que lo convirtieron en la moneda de oro por excelencia. 
           

MARSELLA

La ceca merovingia de Marsella, la más importante de toda la Galia, no estuvo afectada militarmente por los ideales bizantinos de renovación del Imperio, pero sí que se sentía aún vinculada teóricamente, desde sus raíces de colonia griega, con el poder mediterráneo ejercido por Constantinopla. Ello la llevó a acuñar libremente sólidos de peso rebajado a nombre de los emperadores orientales, aproximadamente entre los años 580 y 620. Encontramos por tanto sólidos marselleses a nombre de Tiberio II Constantino (578-582), Mauricio Tiberio (582-602), Focas (602-610) y Heraclio (610-641). El mayor número de piezas documentadas corresponde al período de Mauricio Tiberio, signo de que fue entonces cuando la colaboración política y comercial pudo ser más intensa. Bizancio suministró a la región importantes subsidios buscando la asistencia militar franca. La lealtad de Marsella hacia Focas fue más tibia por el modo violento en que había accedido al trono. En cuanto a Heraclio, el robustecimiento del poder franco, capaz por fin de alcanzar las costas mediterráneas, obligó a Marsella a dejar de acuñar sólidos a su nombre, teniendo que plegarse a los criterios propagandísticos de los nuevos señores.

Los sólidos de oro de Marsella acuñados a nombre del emperador Mauricio Tiberio no siguieron el estándar de equivalencia de 24 silicuas de plata y 4,47 gramos de peso, sino que presentaban un peso rebajado de unos 3,90 gramos, lo que implica que su valor era de 21 silicuas. Siete de los ejemplares que figuran en internet presentan entre 3,85 y 3,89 gramos, si bien hay que valorar también para obtener el peso originario la mínima pérdida de peso producida por el desgaste y uso de las piezas. Otra moneda concreta de estas características de la ceca marsellesa ve incrementado su peso por habérsele añadido un engarce para convertirla en colgante, lo que permitiría que fuese exhibida por su valor y belleza. En el proceso de acoplado del sistema de suspensión el calor dañó las superficies próximas. La orientación de los cuños en los sólidos marselleses es repetitiva, yendo el reverso girado 6 horas con respecto al anverso. Los diámetros oscilan entre los 22 y 23 milímetros.

Hay dos tipos de representación del busto del emperador en los anversos de los sólidos de Marsella. Parece más frecuente el retrato de perfil, siguiendo la tendencia iconográfica del Bajo Imperio Romano. Luce diadema de perlas como atributo de su autoridad. Las ondas de su ropa no impiden ver la coraza. Cuando el emperador es mostrado frontalmente, las tiras de la diadema van sobre el casco. En estas piezas es mucho más evidente la coraza que cubre al soberano, el cual sujeta con un brazo el escudo y con el otro una lanza que le pasa por detrás de la cabeza. La asunción de este último tipo de imagen, realizada con técnica puntillista, se ajusta más a los cánones orientales de la época, ilustrando a la vez la tensión militar del momento. La leyenda de anverso hace referencia en latín mediante abreviaturas a “Nuestro Señor Mauricio Tiberio Perpetuo Augusto”. En los reversos el texto del contorno alude a la “Victoria del Augusto”. En el centro del reverso figura una gran cruz sobre un pequeño orbe. En un flanco se sitúa una M y en el otro una A, constituyendo la marca del taller emisor: Marsella. A un lado del orbe puede leerse X y al otro XI, es decir, aparece el numeral romano 21, repetido en todas las piezas marsellesas de los cuatro emperadores antes mencionados. El motivo iconográfico del reverso va dentro de una corona de laurel en aquellas piezas en que el emperador es representado de perfil, mientras que figura exento en las que muestran al emperador de frente. Algunos sólidos presentan gráfila lineal en una o en ambas caras. El exergo va ocupado por el prestigioso anagrama CONOB. Su inicio CON está referido a Constantinopla y su terminación OB es por la palabra latina “obrizum”, que significa oro puro.


EL QUERSONESO DE CRIMEA

Un destacado y excéntrico enclave del Imperio Bizantino fue la antigua colonia griega del Quersoneso, cuyas ruinas quedan actualmente dentro de la ciudad rusa de Sebastopol. Se trataba de una relevante urbe que permitía a los bizantinos articular de forma más eficaz el tráfico comercial en el Mar Negro, gracias a su estratégica posición en la península de Crimea. Servía además como lugar amurallado en el que recibir informaciones de primera mano sobre los movimientos de los jázaros y de otras tribus guerreras nómadas, las cuales podían actuar en el futuro como factores de inestabilidad. El Quersoneso fue también centro de reclusión para personajes ilustres caídos en desgracia, cuya influencia política, social o religiosa sobre el conjunto del Imperio era así neutralizada. Permaneció con altibajos bajo control bizantino hasta el año 988, momento en que pasó a depender de la Rus de Kiev. Da idea de su fuerte simbolismo el que fuera allí bautizado Vladimir I, iniciándose así la cristianización de gran parte de sus dominios. Vladimir I sólo permitió la evacuación pacífica de los habitantes griegos del Quersoneso tras asegurarse la mano de Ana Porfirogéneta, hermana del emperador bizantino Basilio II (976-1025), al que a cambio auxilió militarmente en sus conflictos internos.

A juzgar por la importante producción monetaria de la ciudad, el Quersoneso debió contar con un transpaís de cierta extensión, cuyos recursos agropecuarios no le hicieran depender únicamente de los vaivenes del comercio. En la época de Mauricio Tiberio, la colonia emitió gran cantidad de piezas de bronce de un follis y medio follis, que allí eran conocidas con la denominación respectiva de 8 y 4 pentanummi. Los numerales griegos Η y Δ indicaban en los reversos estos valores faciales, sustituyendo respectivamente a los signos Μ y Κ, abandonados allí ya durante el reinado de Justino II, y que señalaban en el resto del Imperio la equivalencia del follis con 40 nummi y la del medio follis con 20 nummi. Esta manera de contar y la peculiar iconografía monetal empleada reflejan el aislamiento y la fuerte personalidad del enclave. Otro rasgo característico de esta ceca es que en muchos casos optó por sustituir en los anversos el nombre de los emperadores por el nombre griego de la ciudad. Así sucedió con las piezas de Justino II (565-578), Tiberio II Constantino (578-582) y Focas (602-610). En el caso de Mauricio Tiberio (582-602) y Heraclio (610-641), de más largo reinado, se alternaron las emisiones en que aparecía el nombre del emperador con otras en que sólo lo hacía el nombre de la urbe.

En cuanto al sistema de pesos, se aprecia de manera general entre el 565 y el 641 una disminución progresiva dentro de la gran variabilidad, lo que resulta de gran utilidad para la determinación cronológica. Los folles de Justino II acuñados en el Quersoneso, algunos de los cuales llevan todavía el numeral M, pueden llegar a superar los 15 gramos, si bien otros simplemente rebasan los 12. Con el numeral K encontré en internet un medio follis de Justino II con 6,6 gramos de peso. Los folles (8 pentanummi) del Quersoneso que llevan en el anverso el nombre de Mauricio Tiberio presentan en general entre 11,5 y 13,5 gramos, si bien una de las piezas averiguadas tiene poco más de 10. Los diámetros más habituales oscilan entre los 27 y 33 milímetros. Los medios folles (4 pentanummi) con el nombre de Mauricio Tiberio se mueven en el entorno de los 5,5 gramos, oscilando sus diámetros entre los 22 y 24 milímetros. No cumplen normalmente por tanto con la mitad del peso de los folles, aunque lo importante era su valor facial. Los folles sin nombre de emperador y con nombre de ceca del período comprendido entre 565 y 610 varían entre los 10 y 15,5 gramos, descendiendo progresivamente. Las piezas de medio follis sin nombre de emperador y con nombre de ceca de dicho período suelen oscilar entre los 5,5 y los 7 gramos de peso, si bien hay documentado un ejemplar excepcional de 8,8 gramos. Los folles del Quersoneso con el nombre de Heraclio en los anversos caen luego significativamente hasta un intervalo de 8 a 9 gramos. Con la mitad de este peso se documentan algunos medios folles, pero sin el nombre del emperador.

Los tipos de representación propios de las monedas del Quersoneso acuñadas en época de Mauricio Tiberio (582-602) copian los modelos anteriores de Justino II (565-578). En los anversos aparece el emperador junto a su esposa, mientras que en los reversos figura el heredero al trono. Justino II se muestra por tanto junto a Sofía, ocupando los reversos el general Tiberio, que será el futuro emperador Tiberio II Constantino (578-582). Sofía y Tiberio compartieron regencia durante los años finales del mandato de Justino II, ya que éste había caído en la locura. El hecho de representar en igualdad de condiciones al emperador y a la emperatriz subraya sin duda la gran influencia política de las mujeres que ascendían a la dignidad real. En el caso de las monedas de Mauricio Tiberio, éste se acompaña de la emperatriz Constantina, hija del inmediato predecesor en el trono, Tiberio II Constantino. Ella actúa por tanto como elemento legitimador del gobierno de Mauricio Tiberio, cuyo ascenso se debió principalmente a sus aptitudes militares. En el reverso de las piezas del Quersoneso emitidas con el nombre de Mauricio Tiberio está representado el que debía ser su heredero, su hijo Teodosio, que finalmente no pudo reinar por las violentas circunstancias de la sucesión. Teodosio intentó refugiarse en la corte persa para escapar de la muerte que Focas (602-610) administró a su padre y a sus hermanos varones. Lo más probable es que fuese apresado y eliminado antes de alcanzar la frontera. Los persistentes rumores de que había sobrevivido llevaron a los persas a utilizar a un impostor con el que justificar un nuevo inicio de las hostilidades contra los bizantinos. En el año 608, ante el levantamiento del exarca de Cartago, Heraclio “el Viejo”, y su hijo de igual nombre, que será el futuro emperador Heraclio (610-641), Focas reaccionó enfurecido con la ejecución de la exemperatriz Constantina y de sus tres hijas, que hasta entonces habían estado recluidas en un monasterio.

Tanto el emperador como la emperatriz aparecen nimbados en el anverso de los folles y medios folles de la ceca del Quersoneso. Lo mismo ocurre con el proyectado sucesor de los reversos. La utilización del nimbo, que el arte cristiano posterior reservará sólo para Dios, la Virgen, los ángeles y los santos, revela el carácter teocrático del estado, la supuesta conexión espiritual de Dios con los que gobiernan según sus designios. Actualmente Mauricio Tiberio es venerado como santo por la Iglesia Ortodoxa. El emperador porta globo crucífero, símbolo de autoridad de largo recorrido, empleado también por ejemplo en el Siglo XVI en algunas de las representaciones del emperador Carlos V. La emperatriz lleva un cetro de longitud variable rematado por una cruz. En los reversos el heredero se apoya en un largo astil que suele presentar, más que una sencilla cruz, un estaurograma. El nombre de este signo viene de la combinación de las letras griegas tau y rho, en alusión a la palabra griega que designa la crucifixión. Es decir, en los distintos símbolos de poder empleados en la iconografía bizantina está tremendamente imbricada la religión cristiana, como queriendo identificar el mensaje evangélico con el modo de gobernar, teoría que salta por los aires al valorar muchas de las pragmáticas decisiones concretas que tomaron los soberanos. Como elementos secundarios pueden ir tanto en anverso como en reverso una pequeña cruz exenta en la parte superior y una línea o franja horizontal a modo de suelo o estrado en la parte inferior. La letra de gran porte con el valor facial, expresado en pentanummi, va en el reverso: Η (8) para los folles y Δ (4) para los medios folles.


CARTAGO

La ciudad norteafricana de Cartago, en la actual Túnez, permaneció en poder vándalo entre los años 439 y 534. En esta última fecha fue conquistada por el general bizantino Belisario, dentro del plan justinianeo de extensión por el Mediterráneo Occidental. A los pocos años de acceder al trono, Mauricio Tiberio (582-602) creó los exarcados (provincias exteriores), intentando evitar así la descomposición de sus dominios más periféricos. El exarcado de Cartago controlaba los territorios bizantinos de África e Hispania, así como las Islas Baleares, Córcega y Cerdeña. Durante el reinado de Mauricio Tiberio la antigua capital púnica realizó numerosas emisiones de monedas de variados valores, que iban desde los sólidos de oro y las silicuas de plata hasta el pequeño nummus de bronce. Fue una de las principales cecas en abastecer de moneda bizantina a la Península Ibérica, lo que revela su función de enlace entre los amplios dominios mediterráneos del Imperio. Teniendo en cuenta el número de ejemplares conservados, parece que en Cartago fue bastante más habitual a fines del Siglo VI la producción de medios folles que de folles. Ello puede deberse al hecho de haberse optado por un peso muy alto para el follis, lo que a su vez permitió por las equivalencias de los divisores la existencia de la diminuta pieza de un nummus, cuya emisión había sido ya descartada por otros muchos talleres imperiales. El nummus de Cartago llevaba en anverso un basto retrato de perfil del emperador y en reverso una palmera con frutos. La palmera fue un símbolo muy empleado por Cartago desde época púnica, en asociación frecuente con el caballo, hasta el punto de convertirse en elemento identitario. El nummus para el período de este estudio pesaba entre 0,5 y 1,2 gramos, siendo su diámetro de entre 9 y 12 milímetros.

Los folles de bronce de Cartago destacan por su gran peso, pudiendo llegar a superar los 20 gramos. El emperador aparece frontalmente en anverso con coraza y globo crucífero. Puede llevar casco, con tiara sobrepuesta, y escudo, o bien una corona más elaborada de tiras de perlas y piedras preciosas, con adorno central y en ocasiones un remate en forma de cruz. Dos tiras de la imponente corona cuelgan junto a una oreja y otras dos junto a la otra, terminando las cuatro en una perla o piedra preciosa. En este sentido descriptivo son muy aclaratorias las representaciones conservadas de los emperadores en los mosaicos hechos para adornar las iglesias. Distinguimos tres tipos principales de reverso. En el primero de ellos destaca una gran cruz sobre orbe, flanqueada por las letras N y M (abreviatura de nummi); abajo está el numeral romano XXXX, indicando el valor facial de 40 nummi; hay un pequeño glóbulo sobre la N, sobre la M y en el medio de la consignación del valor. En el segundo tipo de reverso aparece una estrella central dentro de un círculo, con una cruz encima flanqueada por las letras N y M; a cada lado de la estrella va XX; en el exergo figuran las letras KRT como marca de taller. En el tercer tipo de reverso el elemento principal es una gran M (numeral griego para 40) acompañada de tres cruces de gran porte; la superior va flanqueada por las letras N y M. En el exergo se alude en abreviaturas al año tercero de la indicción. La indicción es un certero método cronológico de origen fiscal, rápidamente adoptado también para fechar los documentos oficiales. Fue establecido por el emperador romano Constantino, e incorporado luego como práctica frecuente en la administración bizantina. Se basa en ciclos de 15 años. En el caso de las monedas bizantinas de Cartago acuñadas a nombre de Mauricio Tiberio, el año tres de la indicción en curso se correspondía casualmente con el año tres de su reinado (584-585), hecho que explica el que se utilizase esta fórmula.

El peso de los medios folles de Cartago durante el reinado de Mauricio Tiberio estuvo principalmente comprendido entre los 6 y 10 gramos, si bien se documentan también algunas piezas, tal vez tardías, que están en el entorno de los 4,5 gramos. Estas últimas parece que tomaron como referencia los menores pesos utilizados por otros talleres imperiales. En los anversos el emperador se muestra de frente, con coraza, sosteniendo globo crucífero y escudo. Su corona va compuesta de varias hileras de perlas y piedras engastadas. En los reversos podemos encontrarnos con cuatro variantes principales. Uno de estos tipos consiste en cruz sobre orbe, flanqueada por las letras N y M, con el valor facial de 20 nummi (XX) en la parte inferior; se utilizan cuatro pequeños glóbulos para cubrir espacios intermedios. Otro tipo presenta centrado el numeral griego K (20 nummi), flanqueado por dos estrellas; encima va una cruz, entre las letras N y M, mientras que en el exergo se indica el año tercero de la indicción. En el tercer tipo, sobre una estrella contenida en un círculo va una gran cruz, acompañada de las letras KRTG, indicativas de la ceca; el exergo queda reservado para el numeral romano XX, con las letras N y M a los lados. El reverso más sencillo consiste en una gran cruz potenzada sobre orbe, con una X a cada lado y un pequeño glóbulo sobre cada una de ellas.

Algunos decanummi de Cartago de la época de Mauricio Tiberio optaron por representar al emperador de perfil en los anversos, dándole así un tratamiento más clásico y sencillo, con rasgos muy básicos dado el pequeño tamaño del cospel. Bajo el retrato aparece acortada la palabra indicción, acompañándose de otro signo que indica el año de la misma. Este tipo de anverso se corresponde con un reverso que muestra una cruz ensalzada mediante su colocación sobre tres escalones. Cuando el emperador es representado de frente en el anverso de los decanummi, su nombre puede venir curiosamente con la abreviatura de Tiberio delante de la de Mauricio, o bien conservando el orden normal. El reverso suele consistir en un elemento circular central, con cruz encima, valor facial X debajo, letra N a un lado y letra M al otro lado. El elemento central puede ser un orbe, una corona punteada o un punto rodeado por un círculo. Menos común es el reverso que muestra una gran X, con cruz encima, estrella debajo, N a un lado y M al otro lado. El peso de los decanummi de Cartago en el período mencionado se mueve por lo general en la horquilla de los 2,7 y 4,5 gramos de peso. Es decir, algunas piezas llegan a pesar lo mismo que algunos medios folles, diferenciándose por el valor facial indicado en cada caso.

En cuanto a los pentanummi, hay debate en torno a la adscripción de un determinado tipo a Cartago o a una ciudad norteafricana del ámbito númida, llamada Constantina, ubicada actualmente en Argelia. Se trata de las piezas que presentan en su reverso un crismón, monograma del nombre de Cristo formado por la superposición de las letras griegas Χ y Ρ. Bajo el crismón va en estos pentanummi el numeral griego ε (5) flanqueado por dos puntos. El conjunto queda dentro de una corona vegetal. La atribución de estas piezas a Constantina se basa no sólo en la dispersión de los hallazgos, sino también en el uso recurrente del crismón, cuyo impulso está relacionado con la supuesta visión del emperador Constantino antes de la batalla del Puente Milvio, librada en el año 312. Constantino mandó reconstruir la ciudad de Cirta, devastada por sus adversarios, rebautizándola como Constantina, la cual desde entonces adoptaría el crismón como manera de identificarse con su benefactor. No está resuelta la cuestión de si estas piezas fueron emitidas por Cartago o por Constantina. En el anverso presentan el retrato frontal del emperador.

Otros pentanummi, con el mismo modelo de anverso y ya claramente de Cartago, llevan en el reverso una letra épsilon, con cruz encima y flanqueada por N y M, quedando el exergo reservado al tercer año de la indicción. Otro tipo de reverso consiste en cruz flanqueada por N y M, con el numeral latino V en la parte inferior. En algunos pentanummi, el retrato del emperador de los anversos está representado de perfil, bien mirando a la derecha o bien mirando a la izquierda. En el primer caso el reverso consiste en cruz sobre épsilon, con N y M a los lados, yendo cuatro glóbulos de relleno. En el segundo caso, viene la indicción S bajo el busto, apareciendo en el reverso una palmera entre N y M, con el numeral V debajo. Los pentanummi del crismón tienen un peso bastante estable, entre 2,3 y 2,8 gramos, mientras que los otros son en general más ligeros y fluctuantes, yendo de 1,2 a 2,4 gramos.

La ceca de Cartago, bajo control directo de un exarca con amplias atribuciones civiles y militares, fue una de las más importantes del Imperio Bizantino durante el reinado de Mauricio Tiberio, e incluso esa consideración se fue acentuando en los decenios posteriores. Su pérdida definitiva para Bizancio en el año 705 por el empuje del ejército islámico supuso un duro golpe a la organización administrativa y financiera de las posesiones imperiales en el Mediterráneo Occidental, especialmente para las grandes islas, cuya comunicación comercial con Cartago era fluida. Muestra de esta importancia es el hecho de que Cartago, a diferencia de otros muchos talleres imperiales, acuñase con regularidad pequeñas monedas de plata, en concreto fracciones de silicua. En algunas de ellas van incluidos breves mensajes teológicos que revelan la influencia y el vitalismo de la comunidad cristiana de la ciudad. Se sabe que la silicua bizantina equivalía en el Mediterráneo Occidental y Central a mediados del Siglo VI a 500 nummi, es decir, 12 folles y medio de bronce, mientras que en Oriente el cambio estaba establecido por entonces en 300 nummi, es decir, 7 folles y medio.  

Uno de los tipos de reverso de la media silicua, quizás originado en los primeros años del reinado de Mauricio Tiberio, muestra junto a una estrella la frase “Salus Mundi” (la Salvación del Mundo) en torno a una cruz, la cual va dentro de una corona circular punteada. Un reverso continuista del mismo valor presenta una cruz sobre tres peldaños ensalzadores, con las letras alfa y omega a los lados (manera de designar a Dios como principio y fin), todo ello dentro de una gráfila de puntos contenida por una corona vegetal. Otro tipo de reverso de la media silicua, esta vez adscribible a los años finales del reinado, lleva la expresión “Amenitas Dei” (la Afabilidad de Dios) dentro de una gráfila punteada contenida por una corona vegetal. En el último tipo de reverso aparecen los bustos frontales del emperador y de su esposa Constantina, acompañados de pequeñas cruces y flanqueando una larga cruz, con la leyenda AGTI en exergo, quizás abreviatura de “Argenti” (de Plata); otras veces el exergo es ocupado por la marca de ceca CT. Mientras que en los dos primeros tipos descritos el personaje representado frontalmente en los anversos es Mauricio Tiberio, en los dos últimos se trata de su hijo, el heredero al trono, Teodosio, que finalmente no pudo hacer efectivos sus derechos por la abrupta llegada al poder del militar Focas. Teodosio había sido nombrado por su padre coemperador en el año 590, por lo que ya desde entonces ejerció importantes responsabilidades de gobierno. Se documenta en el ámbito de Cartago un tipo de media silicua de carácter probablemente conmemorativo en cuyo anverso figura una iglesia con tres cruces en la fachada, quedando el reverso reservado para la cruz potenzada sobre tres peldaños, con alfa y omega a los lados. Su peso (1,12 gramos) es ligeramente mayor que el peso más común de las medias silicuas de Mauricio Tiberio, por lo que no queda claro si fue acuñada durante su reinado o bien anteriormente.

Los remates decorativos de la parte más alta de las coronas representadas en las monedas son variados, pudiendo consistir en plumas, un trifolio, una cruz… Las coronas bizantinas suelen llevar “pendulia”, elementos ornamentales que cuelgan a los lados, consistentes en perlas, cadenas de oro, piedras valiosas… De dos quintos de silicua para el período estudiado se conoce en Cartago un tipo, cuyo peso estaba en el entorno de los 0,62 gramos. En el anverso iba la cabeza frontal de Teodosio, el hijo del emperador, mientras que en el reverso se concedía prioridad a la consignación del valor de doscientos nummi: el centro del cospel lo ocupaban las letras N y M, con cruz arriba y el numeral latino CC abajo; todo ello iba en el interior de una gráfila de puntos contenida por una corona vegetal. Para los cuartos de silicua nos encontramos con dos tipos de reverso. El más sencillo, que debió ser el usado inicialmente, consiste en una cruz dentro de una corona vegetal. El otro, que nos remite probablemente a los convulsos momentos finales del reinado de Mauricio Tiberio, porta la palabra “Pax” (Paz), con cruz arriba y estrella debajo, dentro de una gráfila punteada contenida por una corona vegetal. El sexto de silicua más común era el que llevaba en reverso el monograma imperial con el nombre del soberano, formado por las letras griegas ΜΑΡΚ o las letras latinas MARK, dispuestas en los extremos de una cruz central.

Hemos podido examinar a través de internet algunos de los rasgos de una muestra de 67 sólidos de oro bizantinos acuñados en la ceca norteafricana de Cartago a nombre de Mauricio Tiberio. Entre las características de estas monedas está el hecho de que el busto frontal del emperador en los anversos suele ser más grande que el de los sólidos emitidos por Constantinopla. El soberano es representado normalmente con corona sobrepuesta a un casco emplumado, sosteniendo con su brazo derecho un globo crucífero. Tan sólo en 5 de las piezas analizadas el retrato cambia, apareciendo el emperador con corona rematada en cruz y sosteniendo con su brazo izquierdo un escudo adornado con un jinete. El otro brazo mantiene el importante elemento religioso del orbe metafóricamente cristianizado. Estas 5 piezas presentan todas como fecha indiccional una letra alfa, que podía aludir tanto al año 1 de reinado (582-583) como al año 16 (597-598). Sospechamos que se trata en este caso del año 1, ya que una de dichas piezas, la única de las 67 estudiadas, sólo tiene la fecha al final de la leyenda del anverso, al contrario de lo típico de los sólidos de Cartago, que presentan la fecha indiccional al final de la leyenda tanto de anverso como de reverso. Se trataría de un ejemplar muy inicial, anterior al establecimiento de la práctica de la repetición, muy valiosa para diferenciar los sólidos de Cartago de los de otros talleres imperiales. Las emisiones del jinete ornamental en el escudo serían especiales, para inaugurar el mandato, recurriéndose luego a otras simplificadas, sin escudo. Los reversos los ocupa en todos los casos un ángel sosteniendo estaurograma y globo crucífero. La leyenda de reverso, alusiva a la “Victoria del Augusto”, deja claro que el motivo del ángel es una cristianización de la alegoría romana de la Victoria, que se solía representar alada y sosteniendo una corona de laurel. En el exergo se lee CONOB, garantía de la pureza y origen del oro acuñado.

En cuanto a la fecha indiccional, basada en ciclos de quince años, fue especialmente del gusto de las instituciones bizantinas de las provincias más occidentales. En el caso de los sólidos de Cartago de Mauricio Tiberio es una fecha imprecisa para los años aludidos mediante las letras griegas alfa (13 piezas), beta (6 monedas), gamma (5 piezas), delta (2 monedas), épsilon (8 piezas) y stigma (3 monedas), ya que esos numerales podían indicar tanto los seis primeros años de reinado como los transcurridos respectivamente quince años después. Es decir, por ejemplo, que de los 13 sólidos con indicción Α, algunos serían del año 1 de reinado y otros del año 16. Del año 21 de reinado (602) de Mauricio Tiberio se conocen en general muy pocas monedas, ya que en realidad ese año no fue completo para él, sino de tres meses y medio, el tiempo transcurrido desde el vigésimo aniversario de su coronación, el 13 de agosto, hasta su muerte, el 27 de noviembre. De los 67 sólidos mencionados, destacan por su número, además de los del primer (Α) y quinto (ε) año de la indicción, los que llevan al final de ambas leyendas la letra griega theta (θ), con 9 ejemplares (año 9, equivalente al 590-591), y el numeral catorce (ΙΔ), con 8 piezas (595-596). En ninguna pieza del año quinto (ε) de la indicción (año 5 o 20 de reinado) el emperador lleva ropas consulares. 36 de los 67 sólidos se mueven en la horquilla definida por los 4,43 y 4,47 gramos, lo que permite establecer una pieza prototípica de 4,45 gramos. El baile de pesos se limita mucho al tratarse de un metal tan valioso como el oro, yendo de 4,21 a 4,56 gramos. Esta estabilidad convirtió al sólido bizantino en una pieza muy fiable en todos los mercados mediterráneos, además de en objeto de imitación bárbara. Los módulos registrados para Cartago suelen ir de los 17 a los 21 milímetros de diámetro. En cuanto a la orientación relativa de los cuños, hay una mayoría abrumadora de las seis horas.


ALEJANDRÍA

En Egipto, el centro emisor de moneda bizantina fue la célebre ciudad de Alejandría, ubicada en la zona Oeste del Delta del Nilo. Su carácter griego, mixturado con raíces indígenas, influencias persas, componentes latinos y elementos de otros muchos pueblos, atraídos por su pujanza económica y por sus numerosas instalaciones de índole cultural, se prolongó durante casi un milenio, desde que fuera fundada por Alejandro Magno en el 331 a.C. hasta su triple conquista por las tropas musulmanas en el intervalo del 641 al 646. Su bullicio intelectual y filosófico derivó en época bizantina en acaloradas discusiones teológicas, quedando algunas de sus escuelas fuera de la ortodoxia religiosa. En la época de Mauricio Tiberio (582-602), así como en los períodos inmediatamente anterior y posterior, Alejandría remarcó su propia identidad como taller acuñando monedas broncíneas con el extraño valor facial de 12 nummi, conocidas por tanto como dodecanummi. Estas piezas surgieron al comienzo del reinado de Justiniano I (527-565), experimentando una pérdida progresiva de calidad en las representaciones. El peso más habitual de los dodecanummi con Mauricio Tiberio oscilaba entre los 3 y 5 gramos, con mayoría entre 4,25 y 4,75, si bien se han encontrado piezas de hasta 2,25 gramos.

En los dodecanummi de Alejandría, el emperador Mauricio Tiberio es representado de perfil en los anversos, con trazos muy básicos, diademado, a veces sosteniendo una cruz que apenas asoma por el cospel, acompañándole una leyenda con su nombre y sus títulos, bastante ilegible, o incluso con errores en el orden de las letras. En el reverso está la consignación del valor, expresado con los numerales griegos Ι (10) y Β (2), separados por una cruz; ésta en algún caso va sobre un punto, a modo de orbe; bajo una línea horizontal, en el exergo, encontramos la abreviatura griega de la ceca, leída ALEX. El taller alejandrino atravesó por una fase convulsa con Heraclio (610-641), llegando a acuñar monedas del emperador persa Cosroes II (590-628) con símbolos astrales, tras apoderarse éste de Egipto en el año 618. En estos dodecanummi el emperador sasánida es mostrado de frente en los anversos, flanqueado por el sol y un creciente lunar (algo propio del dualismo mazdeísta), manteniéndose en su tocado el remate crucífero característico de algunas coronas bizantinas. La cruz sobre orbe continúa también en los reversos, a pesar de ser la religión persa el zoroastrismo, también monoteísta. Ello revela el respeto de los conquistadores persas hacia las creencias de los nuevos súbditos, medida necesaria por la posible fugacidad de sus avances territoriales. Heraclio pudo retomar el control de Egipto; se hizo acompañar en algunos dodecanummi de su hijo y sucesor Constantino III Heraclio (641), de breve reinado, y en otros tanto de éste como de su otro hijo Heraclonas (641), que igualmente reinó muy poco tiempo. Alejandría, con Heraclio, emitió también pequeñas piezas de bronce de 6 nummi. Llevaban en el anverso una cruz o una palmera, y en el reverso una gran letra S.


SICILIA

La Sicilia bizantina no fue incluida por Mauricio Tiberio ni en el exarcado de Cartago ni en el exarcado de Rávena, manteniéndose en cambio como una unidad administrativa independiente, con capital en Siracusa, el taller monetario más reputado de la Magna Grecia. Había sido arrebatada en el año 535 por el general bizantino Belisario a los ostrogodos, que la dominaban desde el 491. Su carácter bizantino quedó pronto bien asentado, gracias en parte a la multitud de colonias griegas fundadas en la isla desde el Siglo VIII a.C. Las dos cecas sicilianas seguras en época de Mauricio Tiberio (582-602) fueron Catania y Siracusa, separadas por poco más de cincuenta kilómetros, bien comunicadas tanto por vía marítima como por vía terrestre, en este último caso a través de la llamada Vía Pompeia. Su posición en la costa Este siciliana las convertía en puertos muy bien conectados con la parte Oriental del Imperio, en los que podían refugiarse las escuadras navales bizantinas tanto para sus intervenciones insulares como de camino hacia Occidente. Muestra del fuerte carácter griego de Sicilia fue la resistencia opuesta a la conquista islámica, que avanzó de forma dificultosa e irregular, con levantamientos intermitentes, prolongándose desde el 652, año de la primera razzia, hasta el 906, momento en que cayó Taormina, el último trozo bizantino de Sicilia.

Durante el reinado de Mauricio Tiberio, Catania emitió monedas de bronce de 5 y 10 nummi. Las primeras, los pentanummi, llevaban el busto de perfil del emperador, de baja calidad artística, diademado y con coraza. En los reversos ocupaba un lugar destacado el numeral romano V, flanqueado por dos estrellas. En el exergo, delimitado por una franja horizontal, iba la abreviatura CAT, alusiva a la ceca. Los decanummi de Catania presentan una mayor complejidad, gracias principalmente a las mejores opciones que da un cospel más grande. En los anversos el emperador se muestra de frente; normalmente cabe bien su busto, si bien en algunas imágenes ya sólo la cabeza ocupa prácticamente toda la superficie bajo la leyenda; lleva corona con “pendulia”, coraza, escudo y globo crucífero. En el reverso el elemento principal es el numeral romano I, que expresa el valor facial, con el término ANNO (Año) en un lateral y el año concreto de reinado en el otro, escrito igualmente en números latinos, con el apoyo de la antigua letra griega stigma (ϛ) para el seis. El exergo queda reservado igual que en los pentanummi para la marca de ceca CAT. En cuanto a la orientación de los cuños, se observa en los pentanummi y decanummi de Catania una clara prevalencia hacia las 6 horas, lo que revela el modo en que eran manipuladas las monedas en el taller durante su acuñación. Los pentanummi oscilaban entre los 0,95 y los 2,5 gramos de peso, con un diámetro de entre 10 y 13 milímetros. Los decanummi iban de los 2,3 a los 4,7 gramos, con un diámetro comprendido entre los 12 y 18 milímetros. De los 21 años posibles de reinado, en los decanummi de Catania destaca sobremanera la abundancia del año 1 (582-583) en los ejemplares conservados, así como en menor medida la consignación del año 6 (587-588). Cada una de estas dos fechas no va asociada a un peso preferente como verdadero indicador cronológico, sino que se da una gran variabilidad al respecto. Ello nos hace sospechar que se utilizaron a veces por sencillez las fechas I y ϛ en la grabación de los cuños, sin que fueran por tanto siempre emitidas tales piezas en las fechas precisas que muestran. Los decanummi de Catania triplican en número a los pentanummi en las subastas actuales. Ello podría deberse bien a una mayor producción de los decanummi o bien al más fácil extravío de los pentanummi por su menor tamaño.

De mejor factura que las de Catania son en general las piezas de Siracusa, que se centró durante el reinado de Mauricio Tiberio en la emisión de decanummi. Estas monedas de bronce presentan un peso aproximado comprendido entre los 1,7 y los 4,4 gramos. Su diámetro va de los 14 a los 17 milímetros. La orientación de los cuños de reverso con respecto a los de anverso suele tender a las seis horas. El emperador es representado de frente en los anversos, con corona sobrepuesta al casco. Lleva coraza y sostiene un globo crucífero. En los reversos destaca una gran equis, el numeral romano para 10. Esta equis genera cuatro espacios, aprovechados para inscribir el nombre de la isla. Abunda bastante más la versión SE-CI-LI-A que la de SI-CI-LI-A, a pesar de ocupar ésta menos en el primer cuadrante. La leyenda es muy significativa, en cuanto a que nos presenta la isla como una unidad administrativa homogénea, primando el nombre insular al de la ceca capitalina. Es probable que se diesen en Sicilia en época bizantina, al igual que en otros territorios del Imperio, fenómenos relacionados con la circulación del abundante numerario anterior, tanto del largo período romano como del más antiguo período greco-púnico. En el caso de Sicilia, tendría cierta representatividad la circulación de moneda argéntea, poco habitual en las producciones de los talleres bizantinos del momento, y cuyas equivalencias con el sólido serían establecidas en función de un sistema de pesos bien definido.


RÁVENA

Para Mauricio Tiberio fue de gran importancia la conservación de Rávena, ciudad portuaria del Norte del Adriático, conquistada a los ostrogodos en época del emperador Justiniano I (527-565). Ya antes de funcionar como capital ostrogoda había ejercido como capital del Imperio Romano de Occidente, desde que así lo dispusiera Honorio a principios del Siglo V hasta la disolución de éste en el 476. La invasión lombarda de la Italia bizantina, iniciada hacia el año 568, redujo y fragmentó enormemente los territorios sometidos a la autoridad de los emperadores orientales. Mauricio Tiberio (582-602) constituyó a los pocos años de iniciar su reinado el exarcado de Rávena, provincia exterior que unía esta ciudad con Roma a través de un estrecho corredor articulado en función del recorrido de la Vía Flaminia. Esta extraña configuración territorial fue posible gracias a una concesión de los lombardos, los cuales dominaban amplias regiones al Norte y al Sur de la misma. Para los bizantinos fue una solución de emergencia al no poder atender militarmente la totalidad del frente itálico, debido a la guerra generalizada en otros puntos del Imperio. La fluida comunicación marítima de Rávena con Istria permitió que ambas continuasen aún mucho tiempo bajo control bizantino. Otras posiciones excéntricas de los imperiales en la península itálica (Liguria, Nápoles, Calabria, Lecce…) dejaron de depender de manera efectiva del exarcado de Rávena, siendo administradas por gobernadores militares prácticamente independientes. Del período de dominio bizantino dan cuenta en Rávena algunas de las iglesias conservadas, destacando entre ellas la de San Vital, cuya decoración interior de mosaicos dorados ilustra bien la interrelación iconográfica de la religión cristiana con los detentadores del poder temporal. La descomposición de la autoridad bizantina en la Italia Central se tradujo en la cesión por parte de los francos de muchos de los antiguos territorios del exarcado de Rávena al Papa Esteban II en el año 756. En cuanto al extremo Sur de Italia, la presencia bizantina se prolongó allí hasta la llegada de los normandos a mediados del Siglo XI.

Los cuartos de silicua acuñados en plata por la ceca bizantina de Rávena durante el reinado de Mauricio Tiberio tenían un peso de unos 0,4 gramos. Su equivalencia teórica era la de 125 nummi. Otras piezas de plata de aproximadamente el mismo peso fueron emitidas en Rávena por Focas (602-610), pero llevando en este caso en el reverso el valor facial de 120, expresado en numerales griegos. Estas últimas monedas eran por tanto de 120 nummi, por lo que para completar una silicua hacían falta cuatro de ellas más medio follis de bronce. Los cuartos de silicua de Mauricio Tiberio son piezas de plata diminutas, con un diámetro comprendido entre los 8 y 10 milímetros. En ellas el emperador es representado de perfil y con diadema. El motivo del reverso consiste en una cruz potenzada sobre escalones, dentro todo ello de una corona vegetal alusiva a la victoria. La traviesa inferior de la cruz actúa a la vez como escalón superior. Durante el reinado de Justiniano I (527-565) se habían acuñado en Rávena piezas de plata de media silicua y de un cuarto de silicua que llevaban en el reverso respectivamente el valor facial de 250 y 125 nummi. Otras monedas de plata, también con el nombre de Justiniano I (con dudas acerca de si fueron emitidas por Roma, por Rávena o por ambas ciudades) tenían grabado en el reverso el valor de 120 nummi. La convivencia de moneditas de plata de 120 y 125 nummi fue por tanto habitual en la Italia bizantina; supondría cierta confusión por las similitudes de su peso, diámetro y pureza, si bien en teoría pretendía generar más posibilidades en los intercambios.

Rávena, durante el reinado de Mauricio Tiberio, produjo, en función de los reversos, dos tipos diferentes de medios folles y dos tipos distintos de decanummi. Hasta el año 586 aproximadamente, es decir, antes del establecimiento del exarcado en el 584 y en los primeros años de su funcionamiento, Rávena empleó para los reversos de los medios folles y de los decanummi la numeración latina, mientras que a partir del 586 optó por los numerales griegos en la emisión de estos valores. El primer tipo de medio follis muestra normalmente al emperador de frente; puede llevar casco con corona sobrepuesta o simplemente la corona, en ocasiones rematada con un adorno cruciforme; lleva coraza y sostiene un globo crucífero, acompañándose a veces también de un escudo. Este primer tipo de medio follis que comentamos, en un menor número de casos, presenta al emperador de perfil y diademado, conforme a tradiciones bajoimperiales. El reverso tiene en posición central dos equis enramadas para expresar el valor de 20 nummi; sobre cada una de ellas va una letra S; entre las equis figura una pequeña cruz; debajo aparece RAVEN como abreviatura de la ceca. En el segundo tipo de medio follis, el emperador siempre aparece de frente; su tocado más habitual es el casco emplumado, con corona sobrepuesta, si bien puede llevar también sólo una corona con remate en forma de cruz; va encorazado y sosteniendo un globo crucífero, pudiendo asomar también su escudo. En el reverso destaca el numeral griego Κ, para indicar el valor facial de 20 nummi; encima va una pequeña cruz; el nombre de la ceca aparece de manera poco elegante, fraccionado en torno al número (R-A-VENN), suprimiendo solamente la última A. Este segundo tipo de medio follis que hemos descrito fue más corriente en la circulación que el primero, si tenemos en cuenta el número de ejemplares que han sobrevivido. Los pesos en conjunto van de 2,4 a 5,1 gramos, con diámetros que varían de 16 a 19 milímetros.

En los dos tipos de decanummi que produjo Rávena durante el reinado de Mauricio Tiberio, el emperador aparece representado de perfil en los anversos. Se trata de un tipo de retrato muy tosco, tanto por falta de pericia como por la dificultad que entrañaba para la grabación el pequeño tamaño de las piezas. En el primer tipo Mauricio Tiberio va con diadema de perlas, mientras que en el segundo luce casco, si bien éste curiosamente no impide ver casi nunca el peinado. El reverso del primer tipo muestra una equis central para señalar el valor de 10 nummi. La equis va rodeada de cuatro elementos: R y A para aludir al nombre de la ceca; una cruz por la mención cristiana; y una S de dudoso significado. En los medios folles con dos equis aparecían dos letras S, por lo que, signifiquen lo que signifiquen dichas letras, a cada equis le correspondía una S. En el segundo tipo de decanummium, el reverso, muy sencillo, consiste en el numeral griego Ι para declarar el valor de 10 nummi, flanqueado por dos estrellas. Los pesos en conjunto suelen ir de 1,6 a 3,2 gramos, si bien se documenta algún ejemplar todavía más ligero. Los diámetros oscilan entre los 12 y 15 milímetros. Son muy pocos los pentanummi que se conocen de Rávena del reinado de Mauricio Tiberio. La pieza que hemos podido encontrar en internet muestra al emperador de perfil y con casco en el anverso, quedando el reverso reservado para el numeral griego ε (5 nummi), acompañado de una estrella. Esta monedita tiene 1,22 gramos y 11 milímetros de diámetro. En las acuñaciones broncíneas de Rávena primó en general la orientación relativa de 6 horas entre anverso y reverso, pero hay también bastantes casos de alineación en torno a las 12 horas.


ROMA

Mientras Roma estuvo dentro del Imperio bizantino, la autoridad religiosa del Papa entró con frecuencia en conflicto con la del Patriarca de Constantinopla. El concepto de Cristiandad de ambas partes era distinto, ya que uno se fraguaba a la vez que el auge y la evangelización de los reinos bárbaros occidentales, mientras que el otro era resultado de la acción de brillantes escuelas teológicas, las cuales habían logrado influir hasta la médula en la ideología del poder, pero que afrontaban ahora un largo camino de disolución territorial. El taller monetario de Roma se centró, durante la época de Mauricio Tiberio (582-602) en la producción de medios folles de bronce. Su peso era de entre 4 y 6 gramos, con diámetros comprendidos entre los 15 y 20 milímetros. La orientación preferente de los cuños era de seis horas. En el anverso iba el emperador de frente, sosteniendo globo crucífero. Su corona solía presentar “pendulia” y como remate un trifolio. En el reverso estaba la consignación del valor de 20 nummi mediante dos equis, con cruz arriba y la marca de ceca en el exergo, consistente en la abreviatura ROM.


LOS PLOMOS ITÁLICOS

Merecen especial consideración algunos decanummi realizados en plomo y que parecen corresponderse según los investigadores con el reinado de Mauricio Tiberio (582-602). La atribución no es del todo segura al tratarse de piezas que no presentan ningún tipo de leyenda en los anversos. Pudieron ser realizados en una situación de emergencia militar en el ámbito itálico, donde las fuerzas bizantinas estaban siendo desbordadas por la formación de los ducados lombardos. El retrato frontal del emperador responde a una técnica fuera de lo común, en parte por el tipo de material empleado para la grabación. Se acompaña a los lados de dos pequeñas cruces. En el reverso va la marca de valor I, flanqueada por dos cruces, de mayor tamaño que las del anverso, pero de tipología similar. La corona vegetal utilizada para enmarcar los motivos en estas piezas suele ser más visible en los reversos que en los anversos. El haber recurrido al plomo para su realización en lugar de al bronce revela un momento de escasez de este último, tal vez por la huida precipitada de las autoridades bizantinas de muchos de los centros rectores de la Península Itálica.


TESALÓNICA

Tesalónica, también conocida como Salónica, es la segunda ciudad más grande de Grecia. Ya en época helenística se convirtió en el principal puerto de Macedonia. Allí Teodosio decretó en el año 380 el edicto que convertía al cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano. Aun permaneciendo bizantina, la ciudad experimentó destacados aportes poblacionales eslavos desde el Siglo VII. La mezcla de esta presión migratoria eslava con la cultura griega favoreció la expansión de la imaginería religiosa bizantina hacia el Noreste de Europa. En Tesalónica nacieron en el Siglo IX los hermanos Cirilo y Metodio, que evangelizaron diversas comunidades eslavas; son considerados los creadores del alfabeto que terminaron usando muchas de ellas. El destino de Tesalónica estuvo intermitentemente unido o vinculado a Bizancio hasta que en 1423 la ciudad fue cedida a la talasocracia veneciana, que no pudo evitar que cayese en poder otomano en el año 1430.

Como ceca bizantina, durante el reinado de Mauricio Tiberio (582-602) Tesalónica acuñó principalmente medios follis de bronce. De manera excepcional, durante su vigésimo año de reinado, es decir, en 601-602, Tesalónica emitió piezas de un follis de buena calidad en las que el emperador aparecía vestido con ropas consulares, destacando en este sentido la doble banda cruzada sobre el torso. Con su mano izquierda sostenía como emblema de su autoridad un cetro rematado por un águila, símbolo de resonancias legionarias y relacionado con la estética imperial, hasta el punto de que Bizancio terminará adoptando como escudo el águila bicéfala. Con su mano derecha sujetaba un mapa enrollado, mensaje alusivo al conocimiento del Mediterráneo y al decidido propósito de restablecer el poder imperial en todas sus orillas. Esta iconografía basada en el cetro con águila y el mapa se había iniciado con el emperador anterior, Tiberio II Constantino (578-582), que al igual que Mauricio Tiberio comenzó su ascenso hacia el trono en el ámbito militar. En el tipo de follis referido, la corona del emperador es representada mediante dos franjas paralelas, con “pendulia” y una gran pieza rectangular central, que podría corresponderse con una gran piedra preciosa engastada. En el reverso, el ejemplar que hemos podido estudiar a través de internet, presenta una gran Μ (numeral griego para 40 nummi), con crismón arriba y una letra Β debajo, al ser una pieza fabricada en la segunda oficina del taller tesalonicense. A un lado de la Μ va la palabra latina ANNO y al otro el numeral romano XX. El exergo lo ocupa la abreviatura geográfica TES. La pieza comentada, de gran valor y rareza, pesa algo menos de 14 gramos.

En los medios follis de Tesalónica, Mauricio Tiberio es representado de frente, sosteniendo globo crucífero. Puede llevar casco emplumado con corona sobrepuesta o simplemente la corona, yendo a la vez encorazado, con o sin escudo. A veces se aprecia el broche de la capa sobre uno de sus hombros. No lleva ropas consulares ni siquiera en las piezas de medio follis acuñadas en el año 20 de su reinado. En los reversos, destaca una gran Κ (numeral griego para 20 nummi), con una pequeña cruz arriba y la abreviatura de la ceca debajo. A un lado va la palabra latina ANNO y al otro el año concreto de reinado, expresado en números romanos. Por la cronología de las piezas volcadas en internet, parece que la actividad de la ceca de Tesalónica fue mayor durante los trece primeros años de reinado de Mauricio Tiberio, destacando sobre todo la existencia de muchos ejemplares del tercer año (584-585). Este repunte productivo pudo estar relacionado con la inestabilidad creada por las invasiones de eslavos y ávaros, lo que obligaría a emitir más moneda para pagar los salarios y resistir los asedios. Los pesos de los medios folles de Tesalónica de la época de Mauricio Tiberio suelen oscilar entre los 5,1 y los 6,7 gramos, pero se documentan también piezas que superan los 8 gramos. Los diámetros más comunes van de los 18 a los 22 gramos, siendo la orientación de los cuños casi siempre tendente a las seis horas. Con Focas (602-610), desde su segundo año de reinado, el valor facial del medio follis pasará a ser expresado en el reverso mediante números romanos (XX).


CÍCICO

La ciudad de Cícico, antigua colonia milesia, se situaba cerca del estrechamiento de la península a la que daba nombre, y que actualmente se conoce como península de Kapidag, en Turquía. Se ubicaba por tanto en la costa Sur de la Propóntide o Mar de Mármara, algo más cerca del Helesponto que de Constantinopla. Sus ruinas están en la actual Belkis, en la provincia turca de Balikesir. Dan testimonio de su relevancia el hecho de que tuviese dos puertos y su funcionamiento como ceca desde época bajoimperial hasta el año 629. La afectación producida por varios terremotos provocó el traslado de gran parte de su población en el Siglo XIII a la cercana ciudad de Erdek. Poco después, hacia el año 1330, cayó de manera definitiva en poder otomano. El taller monetario bizantino de Cícico, durante el reinado de Mauricio Tiberio (582-602), operó a través de dos oficinas, que pueden identificarse en la mayoría de las acuñaciones broncíneas mediante las letras griegas alfa y beta. La marca de ceca que figura en el exergo de los folles y de los decanummi suele ser KYZ. En los pequeños pentanummi es simplemente una letra kappa junto a la letra épsilon, sirviendo esta última para expresar el valor de 5 nummi. En cuanto a los medios folles, las piezas de Cícico, Nicomedia y Constantinopla van sin referencia al taller, si bien es posible a veces intuir de cuál se trata estudiando el estilo y otras características de estas monedas.

En los folles de Cícico de Mauricio Tiberio se sigue normalmente el orden característico de su nomenclatura imperial, si bien en algunos casos, como los documentados en la segunda oficina para el segundo año de su reinado (583-584) se antepone el nombre de Tiberio al de Mauricio, quizás queriendo acentuar así su legitimidad mediante el vínculo con el emperador anterior, Tiberio II Constantino (578-582). El emperador es representado de frente. Su corona, adornada con varias tiras de perlas y “pendulia”, lleva en ocasiones un remate emplumado, adquiriendo este penacho aspecto turriforme en las piezas grabadas con peor calidad, lo que ha llevado a hipotetizar acerca de si pudieran ser imitaciones bárbaras. Otras veces el remate superior de la corona consiste en una pequeña cruz que sirve como eje de simetría para el anverso de los mejores ejemplares. Esta cruz puede ir también exenta, interrumpiendo la leyenda sin formar parte de la corona. El emperador suele portar globo crucífero y escudo, apreciándose en éste en algunas monedas la presencia de un diminuto jinete como elemento ornamental. En los folles de los años 7 (588-589) y 20 (601-602), llamados consulares por las ropas con las que es representado el emperador, Mauricio Tiberio sostiene un mapa y un cetro adornado con águila, pudiendo ir ésta rematada por una cruz. En esta vestimenta consular el rasgo más llamativo consiste en dos bandas de tela ricamente hiladas que tienden a cruzarse sobre el pecho, y que son conocidas también por otros paralelos artísticos bizantinos, como el díptico de marfil de Flavio Anastasio, fechado en el año 517. En este díptico, el cónsul porta un cetro rematado por águila y un pañuelo, con el cual tenía la facultad de dar por iniciados los certámenes, las carreras, los juegos… En el resto de folles de Cícico, prima la coraza como atuendo del emperador.

En los reversos de los folles de Cícico de este período histórico destaca la gran letra griega Μ, alusiva al valor de 40 nummi. Suele llevar una pequeña cruz encima y la letra indicativa de la oficina debajo. La marca de ceca KYZ va en el exergo, delimitado a veces mediante una barra horizontal. A un lado de la Μ queda la palabra latina ANNO y al otro el año de reinado expresado en números romanos, con el apoyo de la vieja letra griega stigma (ϛ) para el seis. Son muy raras las piezas que llevan una cruz menor junto a la palabra ANNO en ese lateral del reverso. Los folles consulares del año 7 (588-589) tienen la peculiaridad de no señalar la oficina y de emplear para la Μ una forma parecida a la de nuestra m minúscula. Son extraños en cuanto a que el emperador no fue cónsul ese año, por lo que parecen simplemente una imitación de los folles de Antioquía. En los folles consulares del año 20 (601-602) sobre la M va bien un crismón sencillo o bien un crismón rayado, pareciéndose este último a una estrella. En cuanto al tipo de letras, es curioso observar cómo muchas de ellas, especialmente la Μ del valor facial, son grabadas con pequeños trazos transversales añadidos a sus terminaciones. El peso de los folles de Cícico bajo el mandato de Mauricio Tiberio podía ir de los 9 a los 13,5 gramos, aunque la gran mayoría de las piezas queda comprendida entre los 10,5 y los 13. El módulo iba normalmente de los 26 a los 34 milímetros. Las pocas piezas que rebasan este diámetro en su cospel excesivamente aplanado muestran unos motivos iconográficos internos que se ciñen mucho más al diámetro habitual. Hay cierta paridad entre los ejemplares conservados en cuanto a la orientación de los cuños de anverso y reverso, tendiendo algunos hacia las 6 horas y otros hacia las 12 horas. De los 46 folles que hemos podido ver por internet, 25 son de la primera oficina, 19 son de la segunda y 2 van sin indicar la misma. Destacan por su número los folles del año de reinado 6 (587-588), con 6 ejemplares, los del año 8 (589-590), con 12 piezas, y los consulares del año 20 (601-602), con 10 monedas, lo que podría dar idea de los momentos de mayor actividad acuñadora.

Los decanummi de Cícico del reinado de Mauricio Tiberio presentan al emperador de frente, con corona rematada en cruz y coraza, sosteniendo globo crucífero y escudo. El elemento principal y central de los reversos es el numeral griego Ι, es decir, la letra iota, equivalente a 10 nummi. Encima lleva una pequeña cruz y debajo la marca de la ceca. A un lado va una estrella o sol radiado y al otro la indicación de la oficina, expresada mediante las letras alfa o beta. De los 10 ejemplares analizados gracias a internet, 8 de ellos pertenecen a la primera oficina de Cícico, que tal vez fue más prolífica en cuanto a la emisión de decanummi que la segunda. Tan sólo en un ejemplar el sol o estrella cambia de lado con respecto a su posición más frecuente, apareciendo en este caso la segunda oficina mediante una beta retrógrada. Los pesos de los decanummi de Cícico oscilaban por entonces mayoritariamente entre los 1,9 y los 3,5 gramos, si bien se conoce también una pieza de unos 4 gramos. Los diámetros iban de los 14 a los 20 milímetros. Y la orientación preferente de los cuños era la de 6 horas. En cuanto a los pentanummi de Cícico, hemos podido estudiar una pieza. En ella Mauricio Tiberio es representado de perfil con diadema de perlas, retrato apropiado para monedas tan pequeñas. En el reverso figura el numeral épsilon junto a la marca de ceca Κ. Esta monedita de bronce tiene más o menos 1,8 gramos de peso, 14 milímetros de diámetro y una orientación relativa de cuños de 6 horas. La llegada de Focas (602-610) al poder trajo para la ceca bizantina de Cícico bastantes cambios, optándose desde su segundo año de reinado por los números romanos para mostrar el valor facial en los reversos de las monedas de bronce, introduciéndose además como novedad el valor de 30 nummi (XXX).


NICOMEDIA

Nicomedia, ceca ya destacada desde época bajoimperial romana, se corresponde con la actual ciudad turca de Izmit, perteneciente a la provincia de Kocaeli. Fue conquistada por los otomanos de manera definitiva en el año 1338. Está situada en la costa Sur del Mar de Mármara, al final del largo golfo de Izmit, lo que la convierte en un excelente puerto natural, bien resguardado. La travesía marítima que la une con Estambul es de unos 90 kilómetros. Esta cercanía con respecto a la capital bizantina fue una garantía de defensa durante siglos, y permitió que las autoridades de la ciudad aplicasen con prontitud en cada caso las directrices imperiales. Nicomedia fue la urbe principal del antiguo reino de Bitinia. Fue fundada hacia el año 264 a.C. por el rey Nicomedes I, lo que explica su nombre. En el año 111, ya bajo dominio romano, sufrió un gran incendio que destruyó buena parte de sus edificaciones. En ella, el emperador Galerio emitió en el año 311 un Edicto de Tolerancia que puso fin a la persecución de los cristianos. Su comunidad arriana alcanzó gran desarrollo durante el Siglo IV. En el estudio de las acuñaciones monetarias de Nicomedia durante el reinado de Mauricio Tiberio (582-602) pueden apreciarse importantes convergencias y semejanzas con respecto a Cízico. Contó por ejemplo, igual que ésta, con dos oficinas, identificadas mediante las letras griegas alfa y beta. Sus folles y decanummi llevan normalmente como marca de ceca en el exergo la partícula NIKO, si bien en algunas partidas de decanummi se optó por no grabar la O. Los diminutos pentanummi presentan como marca geográfica del taller en los reversos una letra Ν junto a la épsilon indicativa del valor facial. Sus medios folles no tienen marca de ceca, como los de las cercanas ciudades de Cícico y Constantinopla. Y es que pronto las piezas acuñadas en cualquiera de estas tres ciudades podría llegar por el comercio a toda la costa de la Propóntide, lo que invitaba a no ser exhaustivo en la consignación de los talleres. Las limitaciones de espacio hicieron decantarse a los maestros monetarios sólo por la consignación del año de reinado y la oficina en los reversos de estos medios folles, que podían confundirse así sin mayores problemas con los constantinopolitanos.

Las monedas de bronce de Nicomedia suelen presentar gruesas gráfilas lineales de anverso y de reverso, más apreciables por lo general en este último. En algunos casos la manera de grabar la gráfila da a ésta un aspecto erizado. Las leyendas del anverso recurren para la nomenclatura imperial a toda clase de abreviaturas, presentando incluso errores en el orden de las letras. Es significativo que en los folles, hasta al menos el año 4 (585-586) de reinado, va el nombre de Tiberio antes que el de Mauricio, invirtiéndose luego esta práctica. Se detecta el uso de cospeles de los gobernantes anteriores en los procesos de reacuñación. En los folles, en los medios folles y en los decanummi, el emperador es representado frontalmente, sobre todo con corona emplumada o rematada en cruz. Casi siempre luce coraza y escudo, sosteniendo globo crucífero. Una excepción la constituyen los folles del año 20 (601-602) de reinado, en los cuales Mauricio Tiberio exhibe ropas consulares, con dos bandas cruzadas sobre el pecho, portando mapa y cetro. Éste lleva como adorno el símbolo imperial y legionario del águila, a veces con cruz por encima. Estas piezas de iconografía consular llevan a veces también una pequeña cruz sobre el mapa. Es decir, se cristianiza casi obsesivamente todo objeto relacionado con el ejercicio del poder, como si el mismo se detentara no para la propia grandeza sino como misión espiritual. La intensa devoción bizantina por la cruz, con antecedente importante en Santa Helena, queda plasmada de manera insistente en las acuñaciones monetarias realizadas por el Imperio en todo el Mediterráneo.

De los 30 folles de Nicomedia emitidos durante el reinado de Mauricio Tiberio que hemos podido estudiar, 18 de ellos son de la primera oficina y 12 de la segunda, lo que podría situar la actividad de esta última como dependiente de las necesidades de numerario no cubiertas por la primera. En cuanto a los años de emisión más prolíficos destacan el 6 (587-588), con 10 ejemplares, el 7 (588-589), con 4 piezas, el 8 (589-590), con 4 monedas, y el 20 (601-602), con otras 4. Por tanto un tercio de las piezas que hemos podido analizar a través de internet marcan el año de reinado con el sencillo símbolo ϛ, algo que apunta al deseo de economizar espacio. En cuanto a la orientación relativa de los cuños, de las 23 piezas en que se menciona, 11 de ellas tienden a las seis horas, otras 11 a las siete horas y 1 sola a las ocho horas, lo que da idea clara del tipo de volteo preferente aplicado a los folles. Su peso más habitual va de los 11,3 a los 13,6 gramos. Las piezas consulares del año 20 suelen presentar pesos altos, entre 12,7 y 13,2 gramos, lo que reforzaría la prestancia propagandística de tales monedas. Los diámetros de los folles de Nicomedia estuvieron comprendidos entre los 27 y 31 milímetros durante casi todo el período estudiado, pudiendo saltar en cambio en el año 20 de reinado hasta los 35, nueva prueba del carácter rupturista de las emisiones de iconografía consular. Los reversos de los decanummi de Nicomedia se caracterizan por presentar una gran letra iota, alusiva al valor de 10 nummi, flanqueada por dos estrellas de seis puntas, con una cruz apenas apreciable en la parte superior y la marca de ceca en la parte inferior. Son piezas de mala calidad, muy someramente grabadas por la poca superficie disponible. Su peso va de 1,5 a 3,3 gramos. Su módulo oscila entre 14 y 20 milímetros. La orientación preferente de los cuños tiende a las seis horas, con algunos ejemplares desviados en el giro del cospel hacia las siete horas. El único pentanummi de Nicomedia del reinado de Mauricio Tiberio que hemos podido analizar muestra al emperador de perfil en el anverso, y lleva una N junto a la gran letra épsilon del reverso. Pesa 1,2 gramos, mide 8 milímetros de diámetro y tiene una orientación relativa de cuños de seis horas.


ANTIOQUÍA

Antioquía, “la Reina de Oriente”, se corresponde con la actual ciudad turca de Antakya, interior pero próxima al Golfo de Alejandreta, en la provincia de Hatay. El casco antiguo dista del Mar Mediterráneo unos 23 kilómetros en línea recta. Se encuentra junto al río Orontes, en una ruta natural que canalizaba los productos del interior de Siria hacia el mercado mediterráneo, haciéndolos converger con los que circulaban por la costa levantina. Fue fundada en honor de su padre Antíoco por Seleuco I, general de Alejandro Magno. Antioquía se dotó desde su inicio de un ordenado trazado hipodámico y notables construcciones. Adquirió pronto un carácter multicultural, dando cabida a colonos griegos y sirios, y más tarde también a judíos y romanos. Esta heterogeneidad étnica fue una de las bases de su pujanza económica, pero también de su tendencia a la discrepancia interna y con respecto a los sucesivos poderes rectores. Pidió ser anexionada por el Imperio Romano como garantía de estabilidad, lo que finalmente se produjo en el 64 a.C. Llegó a ser la tercera ciudad del Imperio en población, con cerca de medio millón de habitantes. Hacia el año 526, ya bajo la égida bizantina, sufrió un fuerte terremoto que acentuó su decadencia. Fue reconstruida al comienzo del reinado de Justiniano I (527-565), quien la rebautizó con el idealista nombre de Teópolis, “la Ciudad de Dios”, el cual aparece abreviado en sus acuñaciones monetarias, y que responde a la extensión de la filosofía agustiniana. Con este nombre se la reconocía por haber sido uno de los primeros focos del cristianismo y una de las cinco sedes patriarcales originarias, junto con Roma, Constantinopla, Jerusalén y Alejandría. El nombre de Antioquía pasaría a América con los descubridores españoles, siendo actualmente, con otra acentuación, el de un departamento colombiano, con capital en Medellín.

La ceca de Antioquía durante el reinado de Mauricio Tiberio (582-602) dio muestras de una extraordinaria capacidad de amonedación, hasta el punto de encontrarse sus monedas de bronce entre las más comunes y extendidas por el Imperio. Hay indicios de que quiso actuar de forma demasiado independiente, expresando su disgusto hacia el poder imperial con leyendas embarulladas e incluso erróneas. Las piezas de los años 7 (588-589) y 8 de reinado (589-590) muestran a veces la fecha intencionadamente mal, poniendo IIV en vez de VII y IIIV en vez de VIII. Precisamente las fuentes escritas mencionan que en el año 589 las algaradas llegaron en Antioquía a un momento culminante con el enfrentamiento del patriarca Gregorio y el “Comes Orientis” Filípico, general imperial en el Este. La autoridad religiosa tuvo que replegarse ante la civil, lo que en el terreno numismático se tradujo en modificaciones durante el año 9 (590-591), buscando mejoras en la calidad y la claridad de las piezas. Se cambió el valor facial de números romanos a griegos en los medios folles, los decanummi y los pentanummi. En cuanto a los folles, se empezó a grabar el numeral griego Μ tal cual, en vez de con la apariencia de nuestra m minúscula, introduciéndose además otro pequeño signo griego bajo la M para indicar la oficina, pudiendo haber hasta un total de seis. La persistente guerra fronteriza con los sasánidas provocó más revueltas en Antioquía, que finalmente fue castigada por el emperador Heraclio (610-641) al inicio de su mandato con el cierre de la ceca, circunstancia que benefició a otros tres enclaves más o menos próximos, que adquirieron derechos de acuñación: Jerusalén, Chipre y Seleucia de Isauria (Silifke, en la provincia turca de Mersin). Antioquía quedó bajo el poder de los conquistadores árabes entre 636 y 969; fue retomada por los bizantinos entre 969 y 1085; fue la capital de un estado cruzado entre 1098 y 1268; y pasó después a ser definitivamente turca.

En los folles, medios folles y decanummi emitidos por Antioquía durante el reinado de Mauricio Tiberio el emperador aparece representado frontalmente en los anversos, siempre con ropas consulares, pudiendo apreciarse dos, cuatro o seis tramos de bandas ornamentales cruzadas por su busto. Su corona, grabada normalmente con esmero, suele consistir en varias tiras horizontales de perlas, con “pendulia” laterales, piedra preciosa central de gran tamaño y remate trifoliado. El emperador sujeta con su mano derecha un mapa enrollado y con la izquierda un cetro terminado en águila. Es un tipo de imagen que alcanzó un buen nivel artístico con su impulsor, Tiberio II Constantino (578-582). En los reversos destaca como elemento principal una gran letra griega Μ, indicativa del valor de 40 nummi. Esta Μ cambió su forma a lo largo del año 9 de reinado (590-591), incorporando además desde entonces debajo la oficina. Con mucha diferencia la oficina más prolífica en cuanto a la producción de folles de las seis que funcionaron fue la tercera, es decir, la señalada mediante una pequeña letra griega gamma (Γ), con 70 de las 132 piezas que hemos estudiado a través de internet. La sexta oficina, indicada mediante la vieja letra griega stigma (ϛ) sólo nos ha ofrecido tres ejemplares, todos ellos del año 20 (601-602) de reinado. Sobre la Μ va una cruz. A un lado queda la palabra latina ANNO y al otro se concreta el año en números romanos, con las alteraciones ya referidas que pueden presentar los años 7 y 8. El año 4 no se escribe IV, sino IIII (como en los antiguos relojes de péndulo); el año 9 no se escribe IX, sino VIIII; el año 14 no se escribe XIV, sino XIIII; y por tanto el año 19 no se escribiría XIX, sino XVIIII (si bien lo cierto es que no hemos encontrado ninguna pieza del año 19 entre las 132 estudiadas, lo que podría apuntar a una omisión intencionada del taller monetario para no tener que grabar tantos signos en un espacio tan pequeño). El ritmo de producción de folles fue más fuerte desde el año 9 al 20 (591-602), con la Μ descrita, con 103 de las 132 piezas vistas. Con la gran m, del año 1 al 9 (582-590), aparecían 29 entre el total de los folles de Antioquía estudiados.

Los años más ampliamente documentados para los folles son el 20 (601-602), con 16 monedas, el 10 (591-592), con 13 piezas, y el 11 (592-593), con otras 13. Curiosamente son fechas fáciles de grabar en números romanos, cortas, lo que remite nuevamente a un intencionado ahorro de espacio. La orientación relativa de los cuños de anverso y reverso en los folles de Antioquía de Mauricio Tiberio tiende claramente a las seis y siete horas, con tan sólo un pequeño porcentaje de piezas de anverso y reverso alineados hacia arriba. Los diámetros más comunes van de los 26 a los 31 milímetros. En cuanto a los pesos, lo normal es que estén entre los 10 y 13 gramos. Sólo 4 piezas de las 132 analizadas no llegan a los 10 gramos, y sólo 3 superan los 13. Algunos de los folles más pesados, cercanos a los 13 gramos, son de los tres primeros años de reinado (582-585). Hubo intentos de restablecer pesos altos (siempre signo de prestancia) en los años 10 (591-592) y 11 (592-593). La mitad de las piezas de los años 10 y 11 sumadas (un total de 26) superan los 12 gramos (es decir, 13 monedas). En el exergo de los folles va el nombre de la ceca, normalmente abreviado como THEUP’, lo que nos sitúa ante Teópolis, el nombre que Justiniano I dio a Antioquía.

Los medios folles de Antioquía de la época de Mauricio Tiberio llevaron su valor facial de 20 nummi en números romanos (XX) hasta algún momento del año 9 de reinado (590-591), pasando luego a indicar dicho valor mediante el numeral griego Κ. En ambos casos sobre el valor facial iba una pequeña cruz, debajo un pequeño símbolo alusivo al taller, a un lado la palabra latina ANNO y al otro el año en cuestión. El simbolito referido para indicar que la ceca era Antioquía solía consistir en algo parecido a una e o p con el palo tronchado hacia la derecha; en un número bastante menor de casos el simbolito consistía en una especie de R. En cuanto a la manera de escribir el año, pueden apreciarse licencias por cuestión de espacio para consignar los números 7, 8, 12, 13, 14 y 15, colocando a veces los signos en orden contrario al que se debería usar: IIV, IIIV, IIX, IIIX, IIIIX y VX. El lío ya es tremendo con el año 16 de reinado, que he podido ver grabado VIX y XIV. De los 32 medios folles de Antioquía de la época de Mauricio Tiberio analizados a través de internet, se desprende que el ritmo de acuñación fue similar en ambos períodos, con 18 piezas del año 1 al 9 (582-590) y 14 del año 9 al 20 (591-602). La orientación relativa de los cuños, dentro de cierta variabilidad, es mayoritaria de seis horas. Los diámetros oscilan entre los 19 y los 26 milímetros. Los pesos suelen ir de los 4,5 a los 7 gramos.

Los decanummi de bronce emitidos por la ceca de Antioquía durante el reinado de Mauricio Tiberio presentan también dos etapas cuya transición se dio a lo largo del año 9 (590-591). En el primer período el valor facial inserto en los reversos se expresa mediante el numeral romano X, indicativo de 10 nummi. Sobre él va una pequeña cruz, y debajo queda el simbolito indicativo del taller, siendo mucho más abundante la e o p tronchada que la R. En el segundo período el numeral de los reversos pasa a ser la letra griega iota (Ι), con pequeña cruz encima (como si estuviese sobre un pedestal) y abreviatura THEUP’ en el exergo. Durante las dos etapas la frecuencia emisora fue similar, pues hemos podido estudiar a través de internet 21 y 22 decanummi respectivamente. En función de las piezas analizadas, los años más prolíficos podrían haber sido el 5 (586-587), el 7 (588-589), el 10 (591-592) y el 12 (593-594), que suman en conjunto 23 monedas. Para la consignación de los años que van del 6 al 9 se recurre a veces al apoyo de la letra griega stigma (ϛ), que equivale a 6, quedando dichos números como ϛ, ϛI, ϛII y ϛIII. Otras veces los años 7 y 8 son escritos con numerales sólo romanos al revés: IIV y IIIV. También se dio la posibilidad de su escritura correcta. La relación de los cuños de anverso y reverso suele ser de unas seis horas. Los módulos van de los 14 a los 20 milímetros de diámetro. Los pesos varían durante todo el reinado entre 1,9 y 3,8 gramos, siendo en general algo más ligeros los decanummi del segundo período.

Los pequeños pentanummi de Antioquía de la época de Mauricio Tiberio son tremendamente curiosos, en cuanto a que utilizan para los anversos distintos tipos de monogramas, jugando con las letras del nombre del emperador dispuestas en los extremos de una cruz. Los años de reinado no se expresan dado el diminuto tamaño de las piezas. En los reversos hasta el transcurso del año 9 (590-591) se empleó para señalar el valor de 5 nummi el número romano V, grabado con una forma parecida a la de nuestra u minúscula. Esta u podía presentar en su centro un punto. Sobre ella, o parcialmente inserta en ella, quedaba una crucecita. Desde algún momento del año 9 de reinado el número de los reversos pasó a ser la letra griega épsilon (ε), quedando la pequeña cruz en el lado abierto de la misma. De los 16 pentanummi que hemos podido observar a través de internet, 9 pertenecen al primer período y 7 al segundo. En cuanto a la orientación relativa de los cuños, se dan porcentualmente más casos de 12 horas de lo que era habitual en las piezas mayores de bronce. Los diámetros más habituales iban de los 13 a los 16 milímetros, si bien hay ejemplos de 10 y 18. Los pesos, superligeros, están entre 1,2 y 2 gramos. Las gráfilas de puntos son las más características en los anversos y reversos tanto de los pentanummi como de otras monedas mayores de bronce, si bien en estas últimas se dan también casos de gráfilas lineales.


CONSTANTINOPLA

Constantinopla es actualmente Estambul, la ciudad más poblada de Turquía, gran centro económico y cultural situado entre Europa y Asia, en las dos orillas del Estrecho del Bósforo. El nombre primitivo del enclave fue Bizancio, colonia de Mégara fundada en el 667 a.C. en el Cuerno de Oro. Constantino la convirtió en el 330 en cabeza del Imperio Romano de Oriente. Transcurrieron casi mil años desde la caída de Roma en el 476 en manos de los pueblos bárbaros hasta la conquista otomana de Constantinopla en el 1453, acontecimiento que puso fin a la historia del Imperio Bizantino. Constantinopla tuvo un azaroso desarrollo, pasando de ser el motor de la “Renovatio Imperii” de Justiniano I (527-565) al freno inservible de una situación de angustiosa y progresiva merma territorial, debida al auge de nuevos poderes exteriores: lombardos, visigodos, mahometanos, eslavos, cruzados, almogávares… El empuje migratorio de diversos pueblos guerreros redujo drásticamente los dominios bizantinos hasta que, tras siglos de inútil resistencia, cayó finalmente su capital. La impronta cultural y religiosa dejada por Bizancio en Europa Oriental fue uno de los elementos favorecedores de la aparición de numerosos países, étnica y lingüísticamente diferenciados, en territorios que habían sucumbido antes al poder turco. El Tratado de Lausana de 1923 estableció las fronteras de la Turquía moderna, permaneciendo Estambul como la joya de su configuración geopolítica, con el transpaís o “hinterland” de la Tracia Oriental en la orilla europea y las islas de Imbros (Gökçeada) y Ténedos (Bozcaada) como garantía de control del Estrecho de los Dardanelos. El intercambio de población llevado a cabo por entonces entre griegos y turcos, que afectó a más de dos millones de personas, contribuyó a la estabilidad fronteriza.

La representación más común en los anversos de los folles y de los medios folles acuñados en Constantinopla durante el reinado de Mauricio Tiberio (582-602) consiste en la imagen frontal del emperador, galeado, con corona sobrepuesta, vestido con coraza y sujetando un escudo con el brazo izquierdo. En algunas piezas realizadas con más detalle puede apreciarse sobre el escudo un motivo caballeresco. Con la mano derecha el emperador sostiene un globo rematado por una cruz. Hay por tanto una voluntad clara de mostrarse como defensor de la fe cristiana frente a las acometidas militares de otros pueblos con distinta religión, como es el caso del Imperio Persa Sasánida, en el que el zoroastrismo era la fe oficial. Los persas en época de Mauricio Tiberio se mostraron bastante tolerantes en materia religiosa, permitiendo la aparición y presencia en sus dominios de creencias minoritarias. Incluso en las imitaciones que realizaron de monedas bizantinas, como durante la ocupación de Alejandría (618-628) en época de Heraclio (610-641), siguieron manteniendo las cruces, incorporando junto a ellas los símbolos astrales del sol y la luna. En algunas emisiones de folles de Constantinopla de Mauricio Tiberio correspondientes al año 20 de su reinado (601-602) el atuendo militar es sustituido por las ropas consulares, con las clásicas bandas cruzadas por el pecho, con corona más sencilla, mapa y cetro rematado por águila y cruz.

En el exergo de las piezas de bronce constantinopolitanas la abreviatura de la ceca suele ser CON, pero hay también ejemplos de COM o incluso algunas monedas en las que la N viene retrógrada. No todas las monedas con la inscripción CON fueron realmente acuñadas en Constantinopla, ya que determinadas situaciones de emergencia militar pudieron obligar a talleres itinerantes a emitir monedas de bronce, utilizando la abreviatura de la ceca capitalina para garantizar su validez. Lo mismo ocurrió con las imitaciones efectuadas por otros pueblos que se asomaban cada vez con más insistencia a las fronteras bizantinas. En el caso concreto de los folles de Mauricio Tiberio, hemos podido ver en internet dos piezas de Constantinopla que llevan en la zona del exergo una pequeña contramarca con el monograma de Teodoro, hermano del emperador Heraclio (610-641), puesto al frente del ejército bizantino para combatir a los primeros invasores musulmanes en el área sirio-palestina. Teodoro fue completamente derrotado por las tropas islámicas y tuvo que volver a casa en esa difícil coyuntura. Las contramarcas parece que ordenó ponerlas mientras estuvo en Palestina, donde Jerusalén estaba actuando como novedosa ceca bizantina. Eran también habituales por entonces las reacuñaciones, dejando a veces ver los nuevos motivos iconográficos parte de los antiguos. Las monedas bizantinas acuñadas en Constantinopla en época de Mauricio Tiberio siguen de manera más estricta que otras cecas todas las observaciones legales referidas a los tipos, no alterando de forma intencionada el orden de las letras o los signos, ni saltándose por ejemplo por comodidad determinadas fechas por ser excesivamente largas, como es el caso del año 19 (XϛIII).

Los 95 folles constantinopolitanos de Mauricio Tiberio que hemos podido estudiar gracias a internet permiten extraer conclusiones interesantes. Operaron por entonces cinco oficinas, designadas con letras griegas bajo el numeral Μ del reverso, estando todas ellas bien representadas en cuanto a producción: alfa (18 piezas), beta (27 monedas), gamma (13 piezas), delta (17 monedas) y épsilon (20 piezas). En los primeros años de reinado, a diferencia de lo que ocurrió en otras urbes más distantes, la producción de folles fue alta, signo de que fue allí donde antes se puso en marcha toda la maquinaria propagandística del nuevo emperador. Este ritmo productivo alto se mantuvo durante toda la primera década del reinado (582-592), destacando especialmente el turbulento año 8 (589-590), para el que hemos podido constatar 17 ejemplares. La producción cayó de manera notoria entre los años 11 (592-593) y 19 de reinado (600-601), período del que hemos podido encontrar 9 piezas. El año de reinado 20 (601-602) hubo una reactivación de las emisiones, tanto de los tipos con ropas consulares (3 monedas) como de los que utilizan la vestimenta militar (6 piezas). En los folles consulares sobre la Μ del reverso va un crismón, mientras que en las demás piezas ocupa ese lugar una cruz sencilla. Se utilizan en anversos y reversos gráfilas continuas, bien lineales o bien erizadas. Las representaciones caben sobradamente completas en los folles de mayor módulo, variando éste entre los 27 y los 34 milímetros. Sólo una pieza de las que hemos estudiado, correspondiente al año 20 (601-602), alcanza los 35 milímetros de diámetro. Los pesos suelen oscilar entre los 10 y los 14,2 gramos. Sólo un follis de los analizados no supera los 10 gramos. Se trata de una pieza de imitación de unos 9 gramos, con enes retrógradas en reverso y la consignación del año 4 de reinado (585-586). La alineación relativa de los cuños en un 70% de los casos tiende a ser de 6 o 7 horas, mientras que en un 30% se sitúa de 11 a 2 horas.

Los medios folles de Constantinopla de la época de Mauricio Tiberio, al igual que los de Cícico y Nicomedia, no presentan marca de ceca, si bien pueden distinguirse en algunos casos en función del estilo. En este sentido hemos podido estudiar gracias a internet 36 medios folles cuya adscripción al taller monetario capitalino parece bastante fiable. Suelen presentar pátinas de color gris oscuro, en función de la composición de su bronce, aunque otras piezas mantienen un color más rojizo. Sobre el numeral griego Κ del reverso, indicativo de 20 nummi, va una cruz sencilla, salvo en las piezas del año de reinado 20 (601-602), que muestran en su lugar un pequeño crismón. En las tres piezas de ese año que hemos podido estudiar el emperador no es representado en los anversos con ropas consulares, sino con su armadura característica, sosteniendo globo crucífero. En la mayoría de los medios folles Mauricio Tiberio lleva escudo, apreciándose en algunos ejemplares el motivo ornamental del jinete. Los años mejor documentados son el 7 (588-589), con 6 piezas, y el 8 (589-590), con 4 monedas. Hemos encontrado por internet 3 piezas respectivamente para los años 5 (586-587), 6 (587-588), 9 (590-591), 10 (591-592), 11 (592-593), 19 (600-601) y 20 (601-602). Del período comprendido entre los años 12 y 18 de reinado (593-600) no hemos podido rastrear ninguna pieza, escasez que también hemos señalado para la emisión de folles. De las cinco oficinas que estuvieron en funcionamiento, indicadas con una pequeña letra griega bajo la letra numeral kappa de los reversos, destacaron en la producción de medios folles la primera y la segunda, con 13 monedas analizadas para cada una. Las gráfilas se ven con frecuencia interrumpidas cuando las piezas son de pequeño módulo. Los diámetros más habituales iban de los 19 a los 25 milímetros, documentándose también un medio follis de 26 milímetros del año 20 (601-602). Los pesos solían estar comprendidos entre los 4,5 y los 6,9 gramos, escapando pocas piezas de este margen. La orientación relativa de los cuños de anverso y reverso tendía claramente hacia las 6 y 7 horas, con sólo una pieza estudiada alineada a las 12 horas. Podemos citar como curiosidad un medio follis considerado imitación bárbara contemporánea a Mauricio Tiberio, con su anverso bien logrado pero numerosos errores en el reverso, disponiéndose boca abajo los distintos signos que acompañan al numeral central Κ.

En los anversos de los decanummi acuñados en Constantinopla durante el reinado de Mauricio Tiberio el busto del emperador aparece frontal, con corona y sin sostener ningún elemento. En el reverso figura el numeral griego Ι, con una pequeña cruz encima, que puede estar en contacto directo con la iota o sobrevolándola. A un lado de la Ι va una estrella, y al otro la consignación de la oficina. De las cinco oficinas posibles destacan por su número en los 22 ejemplares estudiados la tercera (Γ), con 7 monedas, y la cuarta (Δ), con otras 7 piezas. Tanto en los decanummi como en los pentanummi ya no figura el año, por falta de espacio en el cospel. En los decanummi sí que se mantiene la abreviatura de la ceca en el exergo, algo que no pasa con los diminutos pentanummi. Los decanummi con la abreviatura CON en el exergo cuya I aparece flanqueada por dos estrellas han sido tradicionalmente atribuidos no a Constantinopla, sino a la ceca de Constantina en Numidia. Las gráfilas de anverso y reverso en los decanummi capitalinos son continuas, bien erizadas o bien lineales. Los módulos suelen estar entre los 15 y 20 milímetros de diámetro. Los pesos van de 1,8 a 3,9 gramos. La orientación preferente de los cuños es de 6 o 7 horas, documentándose un ejemplar con orientación de 3 horas, dado el difícil manejo de piezas tan pequeñas. Los pentanummi muestran al emperador de perfil y diademado en los anversos. En el reverso va el numeral épsilon, indicativo del valor facial de 5 nummi, acompañado de una cruz o de otra pequeña letra griega alusiva a la oficina. De los 6 pentanummi estudiados a través de internet, 2 presentan cruz, 3 son de la primera oficina (Α) y 1 de la segunda (B). Las gráfilas de anverso y de reverso pueden ser lineales o erizadas. Los diámetros varían entre 14 y 17 milímetros. Los pesos suelen estar comprendidos entre 1,2 y 2 gramos. Sólo hemos podido encontrar referenciadas dos orientaciones relativas, una de 6 horas y otra de 9.

Constantinopla emitió también piezas de plata en época de Mauricio Tiberio. Se trata de finas láminas circulares conocidas como silicuas. Su escasez actual apunta a su posterior refundición o al hecho de que realmente se acuñasen pocas, habiéndose sugerido incluso que la mayoría pudieron tener una función ceremonial o conmemorativa, relacionada con la liturgia o con la celebración de momentos especiales. Entre ellos estarían los esporádicos consulados, rememoración de los tiempos del antiguo Imperio Romano. Se sabe que Mauricio Tiberio asumió honoríficamente el consulado durante seis días a fines del año 583 y luego también entre los meses de Junio y Noviembre del año 602, justo antes de ser ejecutado por orden del centurión Focas (602-610), quien le sucedió como soberano. En las silicuas de Constantinopla el emperador es representado de perfil, normalmente con diadema sobrepuesta a un casco emplumado, pudiendo presentar también en otros casos simplemente la diadema de perlas. Pueden darse dos tipos de reverso. En uno de ellos aparece la cruz potenzada sobre orbe, con dos gráfilas concéntricas y cuatro estrellas en el exterior, mirando a los cuatro puntos cardinales. Se trata de un reverso con aditamentos de clara influencia sasánida. El otro tipo de reverso muestra la cruz potenzada, con el palo vertical más largo que el horizontal, flanqueada por dos ramas de palmera, todo ello dentro de una gráfila de puntos o lineal. Uno de los ejemplares conservados de este último tipo lleva una perforación que permitiría convertir la moneda en colgante, disponiéndose el agujero de modo que la cruz del reverso quedara visible sobre el pecho del propietario. Los diámetros de las silicuas capitalinas de este período van de los 18 a los 20 milímetros. Los pesos fluctúan entre 1,7 y poco más de 2 gramos. La orientación relativa de cuños es de 6 o 7 horas.


LOS SÓLIDOS

El prestigioso sólido bizantino, término que por su vinculación con los pagos al ejército generó en castellano las palabras soldado y sueldo, fue una moneda de oro de gran pureza y estabilidad de peso. Hemos querido hacer un estudio exhaustivo de dicha moneda en la época de Mauricio Tiberio (582-602), analizando las características de una muestra de 719 piezas acuñadas durante su reinado en la principal ceca del Imperio, Constantinopla, rastreadas en internet y que son de peso y oficina precisables. Es posible que en la muestra haya alguna intrusión de sólidos acuñados en otros talleres, como principalmente Antioquía, dada la dificultad de diferenciar en algunos casos los centros emisores. En cuanto a las representaciones, en el anverso va normalmente el busto frontal del emperador, con corona formada por tiras de perlas, algunas de ellas colgantes. La corona está sobrepuesta a un casco rematado por plumas. El soberano sostiene con su mano derecha un globo crucífero. La inscripción que le rodea alude con abreviaturas latinas a “Nuestro Señor Mauricio Tiberio Perpetuo Augusto”. Sólo en 13 sólidos de los estudiados, correspondientes al año 602, el tipo de anverso cambia, pasando el emperador a estar en una silla de magistrado, con ropas consulares, sosteniendo una cruz y un mapa enrollado. En el reverso aparece siempre un ángel con alas, mostrado frontalmente, que sostiene estaurograma y globo crucífero. La leyenda expresa en latín el deseo de “Victoria del Augusto”. La última letra de la leyenda de reverso es siempre una letra griega que señala cuál de las diez oficinas en funcionamiento fue la encargada de acuñar el sólido. Esta letra a veces es de mayor tamaño, resaltando así la información que aporta y desligándola semánticamente del resto de la inscripción. El exergo lo ocupa la fórmula CONOB, cuyo significado es “Oro Puro de Constantinopla”.

Las diez oficinas mencionadas cuentan con un buen número de ejemplares entre las 719 piezas estudiadas, destacando la décima, expresada con el numeral griego Ι, que aporta 104 sólidos. Las siguientes, en función del número de piezas que hemos podido documentar, serían la octava (Η), con 86 monedas; la sexta (ϛ), con 75 sólidos; la quinta (ε), con 74 monedas; la primera (Α), con 71 sólidos; la tercera (Γ), con 69 monedas; la segunda (B), con 63 sólidos; la novena (θ), con 62 monedas; la cuarta (Δ), con 58 sólidos; y la séptima (Ζ) con 57 monedas. La orientación relativa de los cuños de anverso y reverso venía indicada en 446 de las piezas estudiadas, siendo en 325 de ellas de 6 horas. Es decir, por lo general se giraba 180 grados el sólido tras acuñar el anverso para proceder a acuñar el reverso, o viceversa, intentando evitar el desplazamiento lateral, quedando el ángel del reverso en posición contraria al busto del emperador. La orientación relativa de 7 horas se registra en 107 ejemplares, muestra de que este desplazamiento a veces sí se producía. Las otras tres orientaciones vistas son muy minoritarias, con 7 piezas para las 8 horas, 5 piezas para las 5 horas y 2 piezas para las 12 horas. En cuanto al diámetro, venía referido en 513 de los sólidos analizados, primando claramente los 21 milímetros, con 239 ejemplares; después vienen los 22 milímetros, con 158 sólidos; los 20 milímetros, con 67 ejemplares; y los 23 milímetros, con 43 sólidos; meramente anecdóticas son las piezas de 18 milímetros (3), 19 milímetros (1), 24 milímetros (1) y 25 milímetros (1).

Los sólidos de mayor peso son los equivalentes a 24 silicuas. La silicua como unidad de peso tiene su origen en la semilla del algarrobo (“Ceratonia siliqua”), que al presentar gran homogeneidad fue usada antiguamente como ponderal en las balanzas con las que se valoraban las perlas, las gemas o los metales preciosos. Partiendo de un sólido estándar de 4,5 gramos de peso, la silicua equivaldría a 0,1875 gramos, si bien había cierta variabilidad como veremos en el posterior análisis metrológico. La silicua está en el origen del concepto actual del quilate, tanto referido a la pureza del oro como al peso de las piedras semipreciosas y preciosas. Que el sólido más valioso tuviese 24 silicuas influyó en que el oro puro sea definido ahora como de 24 quilates. El quilate actual usado en gemología como unidad de masa es de 0,2 gramos. El sólido, tanto de 24 silicuas como de un menor número de ellas, no tenía una pureza de 1000 milésimas, sino aproximadamente de 900, ya que era necesario alearlo para que no fuese demasiado blando. Al tratarse de una fina lámina, el sólido era, al contrario de lo que su nombre sugiere, fácil de doblar o de quebrar. A pesar de ello era tratado con sumo cuidado dado su alto valor, aceptado en múltiples contextos, lo que ha permitido que muchos ejemplares lleguen sin apenas desgaste hasta nuestros días. El sólido de 24 silicuas no equivalía a igual número de nummi en todo el Imperio Bizantino durante todo su desarrollo histórico; así, a mediados del Siglo VI, se daban por él 12.000 nummi en Rávena (300 folles) y 7.200 nummi en Constantinopla (180 folles).

Centrándonos en el período del reinado de Mauricio Tiberio, vamos a exponer diversos datos sobre los pesos de los 719 sólidos de Constantinopla estudiados, todos ellos con CONOB en el exergo. Más tarde valoraremos otras piezas con inscripciones distintas en dicha zona de la moneda. Hay que tener en cuenta que el peso original puede haberse visto en algunos casos ligeramente rebajado con el paso de los siglos por el uso o las limaduras. Del total de monedas rastreadas, 540 pueden considerarse sólidos de 24 silicuas, al estar comprendido su peso entre 4,36 y 4,55 gramos. El siguiente grupo lo constituyen los sólidos de 23 silicuas, en concreto 161 piezas de peso comprendido entre 4,16 y 4,35 gramos. Tan sólo hemos encontrado en la muestra 8 sólidos de 22 silicuas, con pesos que van de los 4,04 a los 4,14 gramos. Otras 8 piezas pueden entenderse como sólidos de 21 silicuas, con pesos que están entre los 3,86 y los 3,97 gramos. Hay también un sólido de 19 silicuas, de 3,57 gramos, y otro de 18 silicuas, de 3,42 gramos. Una peculiaridad que presentan 80 de los 161 sólidos de 23 silicuas y que ayudan a identificarlos como tales es la existencia de una pequeña estrella en anverso y otra pequeña estrella en reverso. Estas estrellas actuaban como avisos de que el sólido tenía un peso algo rebajado, para evitar disputas en las transacciones. Hemos documentado estas estrellas en piezas que van de los 4,16 a los 4,35 gramos, apareciendo también en otros tres ejemplares (dos de ellos de 22 silicuas y uno de 21). Los pesos más comunes que muestran dichas estrellas son los de 4,30 y 4,28 gramos, con 14 y 13 monedas respectivamente. La necesidad de diferenciar los sólidos de mayor peso de los de peso rebajado haría necesario y habitual el uso de pequeños ponderales.

¿Cuál era el peso considerado idóneo para el sólido de Constantinopla de 24 silicuas en el reinado de Mauricio Tiberio? Según el muestreo realizado, el comprendido entre 4,44 y 4,50 gramos, peso al que se ajustan 335 de las piezas estudiadas. Los pesos más repetidos son los de 4,48 y 4,47 gramos, con 63 y 60 ejemplares respectivamente. Los sólidos de 24 silicuas en la horquilla de 4,36 a 4,43 gramos suman 156 piezas; y los que van de 4,51 a 4,55 gramos son tan sólo 37 monedas. Los estándares de peso más usados por los bizantinos para sus sólidos capitalinos permiten por tanto hacer equivaler la silicua de época de Mauricio Tiberio aproximadamente con 0,1865 gramos, lo que nos lleva a un sólido prototípico de 24 silicuas de 4,476 gramos y otro de 23 silicuas de 4,2895 gramos. Esta consideración viene reforzada por tres raras piezas de oro de 20 silicuas, con la inscripción OBXX en el exergo. Una de ellas pesa 3,73 gramos, mientras que las otras dos alcanzan los 3,75 gramos. Una silicua de 0,1865 gramos arrojaría para el valor prototípico de 20 silicuas un peso en moneda de oro de 3,73 gramos. La leyenda OBXX suma a la abreviatura de “Oro Puro” el numeral romano para 20. El hecho de no incluir el texto CON, tal vez por razones de espacio, hace dudar acerca de si la ceca productora de estas piezas fue o no la capital. Mencionaremos también cuatro piezas interesantes a nombre de Mauricio Tiberio que en el exergo llevan la inscripción CONXX. Se ha especulado que pudieran ser de Constantina en Numidia o de algún taller siciliano, o bien que se debieran a emisiones de emergencia militar. Su factura en Constantinopla tampoco debe ser descartada. En este caso XX no tiene relación con el numeral romano 20 ni con el valor de 20 silicuas. Dos de dichas monedas equivalen por su peso (2,99 y 3,01 gramos) a dos tercios de sólido de 24 silicuas, es decir, son piezas de oro de 16 silicuas. Las otras dos (3,34 y 3,36 gramos) son tres cuartos de sólido de 24 silicuas, es decir, son piezas de oro de 18 silicuas. Estas cuatro monedas presentan la particularidad de que el orbe sostenido por el ángel en sus reversos no va rematado por una cruz.

Realizaremos ahora una consideración acerca de 47 sólidos de 22 silicuas de la época de Mauricio Tiberio que hemos podido estudiar a través de internet, caracterizados por tener un peso comprendido entre 4 y 4,13 gramos y por llevar en el exergo la leyenda OB+*, es decir, la indicación de que se trata de “Oro Puro” más una cruz y una estrella. 41 de ellos llevan al final de la leyenda del reverso las letras griegas θς, que pudieran estar aludiendo a “Theoupolis”, es decir, Teópolis, el nombre con el que Justiniano I rebautizó a la ciudad de Antioquía. Los otros 6 sólidos presentan en cambio al final de la leyenda del reverso una letra griega alusiva a la oficina en que fueron acuñados. No hay acuerdo entre los investigadores acerca de si ambos grupos de monedas son de Antioquía, ambos de Constantinopla, o el primero de Antioquía y el segundo de Constantinopla. El hecho de que se opte por suprimir la partícula CON en el exergo es un argumento en favor de Antioquía, ciudad que en muchos casos se mostró díscola con respecto a las directrices imperiales. O bien esta supresión pudo simplemente ayudar a identificar el valor de 22 silicuas, también indicado en las 47 piezas mencionadas mediante el recurso de no colocar la cruz sobre el globo sostenido por el ángel, diferenciándolas así de los sólidos de 23 y 24 silicuas. Para distinguir los sólidos de mayor peso acuñados en Constantinopla y en Antioquía hay que recurrir en muchos casos a rasgos estilísticos, tendiendo por ejemplo estos últimos a presentar el rostro del emperador más ancho y su busto más amplio.

Además de Constantinopla, Antioquía y Cartago, también emitieron monedas de oro otras cecas imperiales durante el reinado de Mauricio Tiberio, como Roma, Rávena y Tesalónica, que prefirieron en general la acuñación de tremises, piezas que tuvieron gran éxito en el comercio con los pueblos bárbaros, siendo imitadas por éstos. Los sólidos que llevan al final de la leyenda del reverso la letra griega rho (ρ) como marca de ceca pudieran ser de Roma o Rávena. En época bajoimperial romana, ya entrado el Siglo V, los sólidos de Roma tenían en el campo del reverso, flanqueando el motivo central, las letras R y M, mientras que los de Rávena lucían las letras R y V. Los sólidos de Mauricio Tiberio también presentan en algunos casos, bastante minoritarios, una pequeña letra griega en el campo del reverso, bajo el globo crucífero que sostiene el ángel. Las que hemos podido observar son phi (Φ), iota (Ι), kappa (Κ) y tau (Τ). Podrían haber servido para distinguir emisiones. Entre los sólidos estudiados hay dos con un agujero, practicado en ambos casos cuidadosamente para convertir las monedas en ornamentos colgantes. Otro sólido, del tipo consular del año 602, ha sido engarzado y dotado de tres recibidores, todo ello en oro, para formar parte de una joya con cadena. Otras curiosidades son unas pocas piezas con doble acuñación en anverso y reverso, un sólido cuyo reverso consiste en el negativo del busto del anverso y otro sólido con el retrato imperial en ambos lados. Son mucho más abundantes los sólidos en los que Mauricio Tiberio aparece imberbe que los que le representan barbado. Algunas piezas optan por la técnica del puntillismo para dibujar las figuras en vez de por los más comunes trazos lineales.


LOS SEMISES

Los semises de oro de 12 silicuas no estuvieron ciertamente, a juzgar por su escaso número, entre las piezas más populares de las emitidas durante el reinado de Mauricio Tiberio (582-602). El principal centro productor de estas monedas fue nuevamente Constantinopla. El anverso muestra al emperador diademado, mirando a la derecha, conforme a modelos bajoimperiales. Es fácil descubrir la repetición de unos cuantos cuños de anverso en bastantes de los ejemplares analizados a través de internet, lo que revela el férreo control al que estarían sometidas tales emisiones áureas. La leyenda de anverso habla de “Nuestro Señor Mauricio Perpetuo Augusto”. En el reverso suele aparecer una alegoría de la Victoria caminando hacia la derecha, la cual normalmente gira la cabeza en sentido contrario, hacia la izquierda, si bien hay también piezas en que mira en el mismo sentido de su marcha. Sostiene con una mano un globo crucífero y con la otra una corona de laurel. En muchos de los ejemplares en que la Victoria mira hacia la izquierda la corona con sus cintas adquiere la forma nítida de una R, en lo que pudiera entenderse como una referencia a Roma, todavía en poder bizantino, y cuyas glorias Constantinopla, la Nueva Roma, intentaba emular. La leyenda que rodea a la alegoría alude mediante abreviaturas a la “Victoria del Augusto”. En el exergo figura el conocido texto CONOB.

Del modelo más común de semis, que es el antes descrito, con la alegoría mirando a la izquierda, hemos podido estudiar mediante las imágenes de internet un total de 132 monedas capitalinas. Todas menos una, de peso excesivamente bajo, tienen un peso comprendido entre los 2,12 y los 2,28 gramos, destacando especialmente el tramo de entre 2,19 y 2,26 gramos, que agrupa 111 semises. Los pesos más repetidos son los de 2,22 y 2,23 gramos, con 20 ejemplares cada uno, y los de 2,24 y 2,25 gramos, con 16 semises cada uno. Ello encaja con el semis prototípico de 2,238 gramos (0,1865 gramos por silicua). Las orientaciones relativas de anverso y reverso están en consonancia con los otros valores acuñados en oro, de modo que en las 107 piezas en que se mencionan priman las 6 horas, con 70 semises, seguidas de las 7 horas, con 26 monedas, y de las 5 horas, con 11 piezas. En cuanto a los diámetros, se han visto cinco posibles en un total de 87 referencias, destacando claramente los 18 milímetros, con 37 ejemplares, y los 19 milímetros, con 28 monedas. 11 semises de los observados miden 20 milímetros, 10 semises miden 17 milímetros, y tan sólo 1 se va hasta los 21 milímetros, medida más propia de un sólido. Al hablar de los diámetros siempre nos referimos al máximo, ya que hay que tener en cuenta que muchas piezas no son perfectamente circulares. El aplastamiento del blando cospel durante el proceso de acuñación acentuaba a veces la irregularidad del mismo.

Los semises en que la Victoria mira hacia la derecha, en el mismo sentido de sus pasos, son como hemos señalado antes mucho menos comunes. Nosotros hemos podido observar por internet 6 ejemplares. Mientras que algunos de ellos aparecen en los inventarios descritos como de Constantinopla, otros vienen sin mención de ceca. Entre los semises no capitalinos que hemos podido rastrear hay uno de Tesalónica y otro de Rávena, siendo este último de un estilo pulcro y fácil de diferenciar. En ambos la alegoría de la Victoria mira hacia la izquierda. Un tipo de semis muy minoritario durante el reinado de Mauricio Tiberio, seguramente vinculado a su comienzo, utiliza el mismo motivo central para el reverso que los semises de su antecesor, Tiberio II Constantino (578-582): el globo crucífero, con leyenda indicativa de “La Victoria de Mauricio Augusto” o  “La Victoria del Augusto”, con CONOB en el exergo en el primer caso y sin él en el segundo. Se trataría de un tipo continuista pronto descartado. Comentaremos también una pieza de gran relevancia por el reverso elegido, de raigambre bajoimperial, usado por los últimos emperadores romanos y todos los emperadores bizantinos anteriores a Mauricio Tiberio, que tal vez fue el último en recurrir a él en los semises. Se trata probablemente de una rara emisión conmemorativa, si es que la moneda es auténtica. En el reverso del semis mencionado, una alegoría de la Victoria, semidesnuda y sentada sobre una coraza o trofeo militar, escribe algo sobre un escudo redondo; por paralelos anteriores sabemos que lo que escribe tiene un significado votivo, congratulándose de los años transcurridos de ejercicio del poder por parte del emperador. Un pequeño cristograma arranca desde la base de la escena. Elia Flacila, emperatriz consorte de Teodosio I (379-395), usó con frecuencia para los reversos de sus monedas de bronce un motivo similar, consistente en una alegoría de la Victoria dibujando un crismón sobre un escudo.


LOS TREMISES O TRIENTES

Los tremises o trientes bizantinos de 8 silicuas, equivalentes a un tercio de sólido, tuvieron una buena acogida tanto dentro de las fronteras del Imperio como entre los pueblos limítrofes, influyendo notablemente en las características de las emisiones visigodas, merovingias, lombardas… En el tipo más común de triente, que es el que muestra una sencilla cruz potenzada en el centro del reverso, el nombre del emperador aparece dividido entre anverso y reverso, quedando normalmente el inicio de Tiberio en el anverso, acompañado de las abreviaturas alusivas a “Nuestro Señor” y “Perpetuo Augusto”, mientras que en el reverso se lee el inicio de Mauricio, junto con la referencia a la “Victoria del Augusto”. En el otro tipo de triente conocido, que es el que lleva una alegoría de la Victoria en el reverso sosteniendo corona de laurel y globo crucífero, el nombre del emperador queda reservado para el anverso, en compañía de los títulos comunes, mientras que en el reverso se ensalza la “Victoria de los Augustos” en latín. El uso del plural da aquí un sentido continuista a la labor de los sucesivos emperadores. La Victoria, a diferencia de lo que ocurre en los semises, está parada, sin avanzar. Su cabeza está girada hacia la izquierda con respecto al espectador. En ambos tipos el busto del emperador aparece diademado y de perfil en los anversos, mientras que el exergo de los reversos se reserva para la inscripción garantista CONOB.

Hemos podido estudiar a través de internet un conjunto de 203 tremises o trientes capitalinos de Mauricio Tiberio (582-602) del tipo de la cruz potenzada. Resumiremos a continuación los resultados obtenidos. Hay que valorar la posibilidad de que alguna de las piezas analizadas no fuera acuñada realmente en Constantinopla. Algunas presentan incisiones intencionadas, como pequeñas aspas. El hecho de que se repitan cuños de anverso y de reverso nos hace sospechar que algunos de estos trientes proceden de tesorillos, desarticulados para poder vender las piezas individualmente a un precio mayor en las páginas de subastas. Los pesos más altos se corresponden con los de los trientes menos desgastados, de modo que las piezas menos usadas se ajustan mejor a los estándares que se han ido manifestando a lo largo del estudio. Recordemos que un triente prototípico, si se ajustase a 0,1865 gramos por silicua, debería tener 1,492 gramos. De las 203 monedas analizadas, 148 de ellas tienen un peso comprendido entre 1,46 y 1,51 gramos. Los pesos de mayor casuística son: 1,48 gramos (35 piezas), 1,49 gramos (28 trientes), 1,50 gramos (28 piezas), 1,47 gramos (25 trientes), 1,46 gramos (18 piezas) y 1,51 gramos (14 trientes). Hay 41 monedas con un peso que va de 1,41 a 1,45 gramos. Sólo 10 trientes quedan entre 1,34 y 1,40 gramos. 2 monedas pesan 1,52 gramos y otras 2 pesan 1,53 gramos, que es el mayor peso que hemos podido registrar para un tremís.

El diámetro máximo venía consignado en 162 de los tremises o trientes estudiados, destacando sin duda cuatro valores bastante bien representados: 16 milímetros (58 monedas), 17 milímetros (41 tremises), 15 milímetros (30 monedas) y 18 milímetros (27 tremises). Sólo 4 trientes presentaban 14 milímetros y sólo 2 alcanzaban los 19 milímetros, diámetros por tanto poco comunes. Las orientaciones relativas de anverso y reverso están en consonancia con las demás piezas de oro. De los 133 tremises en que se menciona la orientación, 89 están en las 6 horas, 35 en las 7 horas, 7 en las 5 horas, sólo 1 en las 8 horas y sólo 1 en las 12 horas. Sabemos que existió durante el reinado de Mauricio Tiberio, aunque fue poco frecuente, la emisión de cuadrantes de oro de 6 silicuas y de sextantes de oro de 4 silicuas. Hemos podido encontrar a través de internet 4 cuadrantes, cuyo peso oscila entre 1,04 y 1,10 gramos, así como 3 sextantes, cuyo peso va de 0,74 a 0,76 gramos. El panorama se complica aún más con 7 monedas de oro de peso comprendido entre 1,21 y 1,33 gramos, que no son propiamente tremises, al tener tan sólo 7 silicuas. Esta variabilidad refuerza la idea de que los comerciantes estaban habituados al uso de pesas y ponderales con los que evitar posibles intentos de engaño en las transacciones en las que estaba implicado un metal tan valioso.

Otras cecas bizantinas productoras de trientes con la cruz potenzada en el reverso fueron Tesalónica y Alejandría. Los que llevan el año de la indicción son probablemente de Cartago, si bien hay quien propone también su origen siciliano. En cuanto a la alegoría estante de la Victoria, es propia de los reversos de los tremises de Roma y Rávena. Los de este último taller llevan normalmente una pequeña estrella bajo el globo crucífero sostenido por la alegoría. Las imitaciones lombardas, aunque a veces llevan cruz potenzada en el reverso, copiaron sobre todo tremises de Rávena, dando a la Victoria un aspecto muy esquemático, pero bien realizado. Los bordes y gráfilas de los trientes lombardos de imitación están muy bien conseguidos, manteniendo distancias regulares entre el límite del cospel circular y los círculos interiores. Las leyendas en cambio caen con frecuencia en el caos léxico, signo de la falta de comprensión de las originales. Los trientes a nombre de Mauricio Tiberio fueron copiados por los lombardos durante casi todo el Siglo VII. Las copias merovingias, efectuadas en los talleres de Marsella y Arlés, parecen ceñirse al primer quinto de dicho Siglo, estando su peso en el entorno de 1,25 gramos, es decir, se corresponderían propiamente con 7 silicuas. Otro aspecto interesante, es que durante la llamada revuelta de los Heraclios, acaecida entre los años 608 y 610, se acuñaron en talleres militares del Oriente bizantino tremises a nombre de Mauricio Tiberio, víctima del emperador Focas (602-610), al que por entonces se intentaba derribar del poder. En este tumultuoso período, los Heraclios, padre e hijo, se hicieron representar como cónsules en folles y medios folles emitidos en Alejandreta (Iskenderun), con leyendas que recogían dichos títulos. Acuñaron también sólidos, probablemente en Cartago, al figurar en ellos el año de la indicción. Heraclio “el Viejo” había sido nombrado por Mauricio Tiberio exarca de Cartago, mostrando siempre hacia él, tanto vivo como muerto, una gran consideración. De Cartago son las piezas de 2, 5 y 10 nummi acuñadas durante la revuelta heráclida.


SPANIA

En el contexto de la conquista del reino vándalo norteafricano, hacia el año 534, varias flotas bizantinas se hicieron con el control de las Islas Baleares y de la estratégica ciudad de Ceuta. Los visigodos se habían asentado en esta última para prevenir posibles invasiones de la Península Ibérica. El rey visigodo Teudis (531-548) no quiso renunciar al enclave, sabedor de su importancia defensiva, pero fue nuevamente derrotado por las tropas imperiales hacia el año 546. El noble visigodo Atanagildo, levantado en armas contra el rey Agila I (549-555), solicitó la colaboración bizantina en el conflicto civil, lo que se tradujo en un primer desembarco imperial en el año 552. Vencedor en la disputa por el trono, Atanagildo (555-567), logró unificar ambos bandos para intentar poner límites a la expansión militar bizantina, que ya había alcanzado las importantes ciudades de Cartagena, Málaga y Baza, encontrando además apoyos entre las levantiscas ciudades católicas de Córdoba y Sevilla. El rey visigodo pudo recuperar el dominio sobre Sevilla, pero se vio obligado a reconocer, dado el agotamiento bélico que afectaba a su reino, la existencia de una nueva provincia bizantina, llamada Spania, con capital en Carthago Spartaria (Cartagena), encomendada por el emperador a un “magister militum”. Los principales núcleos bizantinos en Hispania tenían carácter portuario, ya que era por mar de donde podría provenir la ayuda en caso de ofensiva visigoda.

El rey visigodo Leovigildo (569-586) consiguió reducir las posesiones bizantinas en Hispania a una delgada línea costera. La rebelión iniciada en el año 579 por su hijo Hermenegildo, que renunció al arrianismo para asumir la fe católica, contó con la inicial complacencia bizantina. Hermenegildo envió a Constantinopla como embajador a Leandro, el obispo de Sevilla, que no pudo conseguir allí ningún compromiso de refuerzos militares. Estando en la capital del Imperio, Leandro coincidió con los actos de proclamación del nuevo soberano, Mauricio Tiberio, llegado al trono en el año 582. El pragmatismo se impuso, y Bizancio optó finalmente por abandonar la causa declinante de Hermenegildo a cambio de recibir de manos del rey visigodo una compensación consistente en 30.000 sólidos. Recaredo (586-601), convertido al catolicismo en el año 587 junto con gran parte de la nobleza y el clero visigodo, se centró en la unificación espiritual con los hispanorromanos, descuidando intencionadamente la guerra con los bizantinos, que pudieron por entonces coger aire e incluso ocupar alguna pequeña plaza. En este período Mauricio Tiberio envió a uno de sus generales, Comenciolo, a supervisar la seguridad de las lejanas posesiones bizantinas en Hispania. La lápida de mármol encontrada en Cartagena a nombre de dicho general, correspondiente a los años 589-590, conmemoraba el fin de las obras de robustecimiento y mejora de uno de los accesos principales de la muralla que rodeaba la ciudad.

Desde comienzos del Siglo VII, los visigodos acantonaron numerosas tropas en las fronteras interiores con la provincia bizantina, como demuestra la abundante producción monetaria de tremises en las cecas limitáneas: Acci (Guadix), Eliberri (Granada) y Barbi (Antequera). El investigador Álvaro Rodríguez Peinado, de la Universidad Complutense de Madrid, señaló en su ponencia sobre “La circulación monetaria en el reino visigodo de Toledo”, en el XVI Congreso Nacional de Numismática, celebrado en Barcelona en 2018, que este aumento del numerario áureo visigodo emitido por los talleres próximos a las fronteras imperiales fue especialmente notable desde el principio del Siglo VII hasta la expulsión de las tropas bizantinas de la Península Ibérica, lo que ha de verse claramente relacionado con el pago a los ejércitos. Las sucesivas campañas de Witerico (603-610) y Sisebuto (612-621) se saldaron al final del reinado de este último con la toma de Málaga y Cartagena.  A Suintila (621-631) le bastó la primera mitad de su mandato para hacer que los bizantinos evacuasen sus últimas guarniciones y reductos en el lado europeo del estrecho de Gibraltar. Por tanto la “Renovatio Imperii” justinianea duró en la Península Ibérica algo menos de tres cuartos de siglo. La autoridad bizantina sobre las Islas Baleares perduró hasta el año 707, momento en que las mismas firmaron un tratado de sumisión con respecto al emergente poder islámico. En cuanto a Ceuta, se discute el carácter visigodo o bizantino del personaje casi legendario que gobernaba el enclave, conocido como Urbano o Don Julián, que facilitó en el año 711 el tránsito naval de las tropas musulmanas hacia Hispania.

Los límites entre las posesiones bizantinas y visigodas en el Sureste peninsular fueron permeables para el comercio, como indica la distribución de los hallazgos de monedas de ambos poderes emisores. Los trientes visigodos de oro equivalían en peso y en pureza a los bizantinos, lo que facilitaba los intercambios a ambos lados de la frontera. La falta de destreza visigoda en el grabado quedaba en parte compensada por el cuidado puesto en la forma circular del cospel y las gráfilas. El esquematismo de los bustos de los soberanos, la sencillez de las referencias religiosas, el empleo de apelativos ensalzadores, la mención del taller y la inclusión del nombre del rey daban a los tremises visigodos una fuerte personalidad propia, capaz de competir en prestancia con los tremises imperiales. Desde Leovigildo, los monarcas visigodos acentuaron el uso de símbolos y ceremonias con los que remarcar propagandísticamente su poder, en lo que puede verse una clara influencia del boato bizantino. En esta línea habría que interpretar algunos de los elementos presentes en sus retratos monetarios, como la corona, la diadema, el yelmo, la coraza, la loriga, la capa real con ostentosa fíbula, el cetro cruciforme… Las fuentes escritas revelan también la existencia de trono, el gusto por los epítetos altisonantes referidos al monarca, las metáforas que presentaban al rey como cabeza del cuerpo ciudadano, el encaje de la legislación con la fe para dotar a la autoridad del soberano de cierto misticismo… Prueba material y arqueológica fidedigna del deseo de emulación del simbolismo regio bizantino son las coronas votivas del tesoro de Guarrazar. Aunque lleven los nombres de reyes visigodos, fueron concebidas como ofrendas religiosas, no para su lucimiento como tocados. Entre sus piedras preciosas, engarzadas para competir con el brillo del oro del tesoro, destacan especialmente los numerosos zafiros azules. Sus “pendulia” recuerdan los de las coronas de los retratos imperiales de las monedas bizantinas.

La ceca bizantina mejor representada en los hallazgos arqueológicos efectuados en España es la de Cartago, tanto por su proximidad geográfica como por el hecho de que era una de las pocas que acuñaba las diminutas piezas de un nummus, bastante demandadas. La necesidad de conseguir pequeños bronces para el comercio interno hizo que una o varias ciudades de la provincia bizantina de Spania (Cartagena y quizás también Málaga) optasen por acuñar piezas de 4 nummi, con una cruz griega, inserta en un círculo, en anverso, y el numeral griego delta (Δ) en reverso. Más osadas fueron las esporádicas emisiones de toscos tremises de oro, probablemente por parte de Cartagena, desde el reinado de Justiniano I (527-565) hasta el de Heraclio (610-641). Las conservadas son unas pocas piezas desperdigadas por museos y colecciones particulares, con un arte intermedio entre el bizantino y el visigodo, lo que hace intuir su origen hispano. Uno de los ámbitos españoles que más cantidad de monedas bizantinas ha aportado es la isla de Menorca, cuya posición recóndita, lejos de la vorágine de la lucha por la primacía mediterránea, y su privilegiado puerto mahonés serían excelentes motivos para albergar en caso necesario la flota imperial. Aunque las Islas Baleares no fueran ya oficialmente bizantinas desde el año 707, siguieron llegando monedas bizantinas a Menorca durante los tres primeros cuartos del Siglo VIII, conviviendo ya dichas piezas con las primeras monedas islámicas.

El 1 de Octubre de 2018 había disponibles en la página de internet “todocolección”, portal de compraventa de artículos de coleccionismo, un total de 285 monedas bizantinas, de las cuales 38 eran del emperador Mauricio Tiberio (582-602), es decir, el 13,33%. En el conjunto de monedas bizantinas que se ofrecían en dicha página destacaban claramente las pertenecientes a momentos en que era un hecho la presencia de los ejércitos imperiales en la Península Ibérica y las Islas Baleares. No todas habría que vincularlas con hallazgos hispanos, existiendo seguro un determinado número relacionado con el comercio y las subastas de carácter internacional. Pero sí que la mayoría son sin duda un elemento probatorio más de que los bizantinos lograron establecerse militarmente en el Occidente Mediterráneo durante los Siglos VI y VII, gracias en gran medida a la connivencia de los hispanorromanos, que veían con recelo la consolidación del poder institucional de los reinos creados por visigodos y vándalos, cuya fe arriana ocasionaba frecuentes desencuentros. El reinado de Mauricio Tiberio supuso uno de los últimos intentos bizantinos de salvar los declinantes dominios occidentales del Imperio, logísticamente inviables. Λήξη.


BIBLIOGRAFÍA

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-Rodríguez Peinado, Álvaro. La circulación monetaria en el reino visigodo de Toledo. XVI Congreso Nacional de Numismática, celebrado en Barcelona del 28 al 30 de Noviembre de 2018. Actas pendientes de publicación.

-Valverde Castro, María del Rosario. Simbología del poder en la monarquía visigoda. Studia Historica. Historia Antigua. Volumen 9. Páginas 139-148. Salamanca. 1991.

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-Portales Numismáticos en Internet: acsearch, coinarchives, wildwinds.

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