martes 1 de noviembre de 2011

LA CABEZA DEL BAUTISTA EN MONEDAS MALTESAS DE LA ORDEN HOSPITALARIA


Para Santiago Izco y Santiago Vélez

Haciendo búsquedas de imágenes de distintos tipos de monedas me llamaron la atención hace algún tiempo unas piezas maltesas en las que la cabeza de los anversos no aparecía en posición vertical. Reparé luego en que se trataba de la cabeza cortada de San Juan Bautista, barbada y de pelo largo, dispuesta sobre una bandeja. Enseguida pensé que tales monedas, por su rareza, eran toda una invitación para contraponerlas a la tendencia general de representación numismática de los soberanos en la plenitud de su poder. El mensaje iconográfico era en esta ocasión muy poderoso, pues una entidad estatal convertía en referente a alguien mostrado en el momento máximo de su aparente fracaso, optaba por expresar su ideario mediante la imagen de alguien recién decapitado. Sin duda el asunto tenía que remitir a una exaltación religiosa cuya contextualización histórica la haría más comprensible. La leyenda latina que rodea la cabeza refuerza el significado de lo que se pretendía transmitir en la encrucijada de una grave situación de acoso militar: “Propter veritatem et iusticiam” (Por causa de la verdad y la justicia). Los súbditos que tuviesen en su mano la brillante plata de esas piezas entendían que se les estaba llamando, con claridad meridiana, al posible sacrificio de sus vidas.

El testimonio más antiguo de la utilización simbólica de la cabeza cortada de San Juan Bautista en las monedas maltesas de la Orden Hospitalaria corresponde a la época del Gran Maestre Jean Parisot de Valette (1557-1568), el cual tuvo que hacer frente en 1565 al terrible asedio del archipiélago efectuado por la flota otomana. El motivo iconográfico descrito aparece en monedas de plata de 4 tari de unos 11,5 gramos de peso. También ocupó el anverso de piezas de plata de 2 tari de algo menos de 6 gramos, pero en este caso la cabeza cortada se disponía de modo diferente, en perfil horizontal, sobre una bandeja cuya base se asemejaba más bien a una gran copa. En ambos valores el reverso quedaba reservado para el escudo personal del Gran Maestre, con una inscripción latina circundante que incluía su nombre y su condición de líder de la Orden hierosolimitana. Los escudos de los distintos Grandes Maestres coincidían en la cruz repetida en dos de sus cuarteles alternos, mientras que los otros dos cuarteles incorporaban elementos heráldicos familiares. En el caso de Jean Parisot de Valette, estos espacios los compartían de manera pareada un águila y un león, ambos rampantes. Una pequeña cruz de Malta, con sus brazos crecientes hacia el exterior y sus características ocho puntas, iba en el cénit de las leyendas, tanto de anverso como de reverso.

Los párpados de San Juan Bautista en las representaciones mencionadas suelen ir cerrados o ligeramente entreabiertos, enfatizando así la inmovilidad del rostro. El motivo de su cabeza cortada siguió siendo utilizado en las monedas argénteas por los sucesivos Grandes Maestres de la Orden, sobre todo en las piezas de 4 tari. Lo encontramos por ejemplo en las monedas acuñadas por el Gran Maestre Alof de Wignacourt (1601-1622), con un peso ya rebajado de unos 10,5 gramos, la incorporación del año concreto de emisión y la sustitución de la leyenda de los anversos por el nombre del santo y la súplica “Ora pro Nobis” (Ruega por Nosotros). Este Gran Maestre tuvo que prepararse en 1612 para afrontar otro intento de sitiar Malta por parte de la armada turca, finalmente desestimado al llegar un refuerzo de galeras aliadas desde Nápoles. Similares criterios simbólicos y numerarios a los ya citados los tenemos en las monedas de plata de los siguientes Grandes Maestres. Uno de ellos, el italiano Marc’Antonio Zondadari (1720-1722), introdujo modificaciones en la representación de la cabeza cortada del Bautista en las piezas de 4 tari, optando por el perfil horizontal y por una bandeja de bordes adornados con gráfilas de puntos. Malta, bajo la autoridad de los hospitalarios, recurrió también a otros muchos tipos de imágenes del Bautista, más tranquilizadoras, mostrándole vivo, sobriamente ataviado, sosteniendo un cayado largo o una estilizada cruz, rodeándole de alguna frase suya, como “Parate viam Domini” (Preparad el camino del Señor) (Marcos 1:3), o “Ecce qui tollit peccata” (He aquí el que quita los pecados) (Juan 1:29), señalando en este último caso a un cordero, metáfora de Jesucristo. El cordero exento, con el estandarte de la Orden, aparecía con frecuencia en las monedas de plata acuñadas por el Gran Maestre español Juan de Homedes (1536-1553). Otras piezas argénteas, especialmente las de 3 tari, concedieron gran protagonismo a la llamada cruz de Malta, usándola como elemento central, pudiendo ir rodeada por la inscripción “Sub hoc signo militamus” (Bajo este signo militamos).

El motivo numismático de la cabeza cortada del Bautista pasó a ocupar piezas de cobre con el Gran Maestre portugués Manuel Pinto da Fonseca (1741-1773), que hizo dotar a la representación de la misma de un mayor dramatismo. Iba en monedas de cobre de unos 8 gramos de peso, equivalentes a 1 tari, pero con el valor inscrito del subdivisor, 20 grani. Alrededor de la cabeza del santo se podía leer una frase que éste diría en vida a los soldados que le preguntaban cómo debían actuar: “Neminem concutiatis” (No extorsionéis a nadie) (Lucas 3:14). Su contestación completa habría sido según el pasaje evangélico: “No extorsionéis a nadie, no hagáis denuncias falsas y contentaos con vuestra soldada”. En el reverso de estas piezas figuraban dos manos enlazadas en señal de mutuo aprecio, acompañadas por la leyenda maltesa clásica “Non aes sed fides” (No el cobre sino la confianza). El significado de esta expresión, empleada en las piezas de bajo valor desde la época de Jean Parisot de Valette, es doble. Por un lado, su origen está en la incapacidad del gobierno maltés para pagar a sus ciudadanos en metales nobles durante el ingente esfuerzo humano y económico que supuso la construcción de la capital amurallada de La Valeta. Se apelaba así a la buena fe de los malteses para aceptar esta moneda fiduciaria. Por otro lado, un sentido más elevado de la frase estaría relacionado con el hecho de que el dinero no se puede equiparar con la fe. Manuel Pinto da Fonseca hizo grabar en monedas de oro y plata una nueva imagen de San Juan Bautista, mostrándole pobremente vestido, sosteniendo el estandarte de la Orden y acompañado de un cordero, con la leyenda circundante “Non surrexit maior” (No ha aparecido uno más grande) (Mateo 11:11), frase enaltecedora que Jesucristo pronunciaría refiriéndose a él.

La Orden de Malta, cuyo nombre completo es “Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta”, apareció en 1084 cuando algunos comerciantes de la localidad italiana de Amalfi fundaron en Jerusalén un hospital para peregrinos consagrado a San Juan Bautista. Desde la conquista de la ciudad santa por parte de los cruzados en 1099, la Orden fue consolidando también su vertiente militar. En 1142 los hospitalarios tomaron como sede el castillo sirio del Crac de los Caballeros. Tras la recuperación islámica de Jerusalén en 1187 por Saladino, la Orden se instaló en San Juan de Acre, enclave ahora israelí. Expulsados de allí y de toda Palestina en 1291 por las autoridades islámicas, los caballeros hospitalarios pasaron a Chipre. Desde entonces uno de los rasgos definitorios de la Orden será la insularidad de sus principales bases territoriales y por tanto la necesidad de disponer de una flota con la que hacer frente a los ataques procedentes de las costas asiáticas y africanas.

En 1310 los hospitalarios se establecieron en Rodas, donde construyeron un eficaz sistema de fortificaciones capaces de dar cobertura a las operaciones militares de su escuadra naval. La caída en desgracia y desaparición de los templarios en 1312 benefició a la Orden Hospitalaria, que heredó muchas de sus propiedades. Los caballeros hospitalarios manifestaron diversas contradicciones con respecto a sus principios fundacionales, llegando a tener como práctica frecuente la piratería, desplegada en forma de corso tanto contra las naves islámicas como contra las cristianas. Entraron también en el negocio de la trata de esclavos, lo que demuestra que su afán humanitario fue selectivo, al menos en determinadas épocas. Su bonanza económica se reflejó en el inicio de sus acuñaciones monetales. En los “gigliatos” de plata emitidos en Rodas por la Orden Hospitalaria el anverso lo ocupa el retrato de cuerpo entero del Gran Maestre arrodillado ante una cruz bizantina, la cual presenta pedestal escalonado y dos travesaños horizontales de distinta longitud. El reverso consiste en una cruz floreada, compuesta por cuatro brazos del mismo largo. Posteriormente la Orden acuñó en Rodas ducados de oro de influencia veneciana. En ellos, en el anverso, el Gran Maestre se arrodilla ante San Juan Bautista, que le entrega un estandarte, mientras que en el reverso aparece la imagen de Cristo en una mandorla poblada de estrellas. En 1522 el sultán otomano Solimán “el Magnífico” asedió Rodas durante casi seis meses, obteniendo finalmente la rendición de los hospitalarios, a los que permitió evacuar la isla.

En 1530 el emperador Carlos V cedió a la Orden Hospitalaria el archipiélago maltés, así como el control del avispero libio de Trípoli, al que habían llegado muchos caballeros hospitalarios en 1523, y que éstos sólo pudieron conservar hasta 1551. La Reforma Protestante privó a la Orden de algunos de sus sostenes económicos y fuentes de reclutamiento, haciéndola todavía más vulnerable. En el llamado gran sitio de Malta de 1565, la Orden logró resistir ante una fuerte flota otomana hasta que se produjo el rescate prestado por el ejército español proveniente de Sicilia. Manteniéndose neutral en las guerras entre estados cristianos, la Orden se centró en la fortificación de sus ciudades, y especialmente en el desarrollo urbanístico y poliorcético de la nueva capital de La Valeta, así bautizada en honor del Gran Maestre Jean Parisot de Valette. Napoleón, deseoso de hacerse con cuanto hollara su pie, ocupó Malta en 1798, obligando a los caballeros hospitalarios a abandonarla. Éstos respetaron su juramento de no combatir contra ningún príncipe cristiano, evacuando la isla mansamente. Poco después, en el año 1800, la armada inglesa conquistó el archipiélago, convirtiéndolo en su protectorado. Actualmente la Orden Hospitalaria es una orden religiosa católica sin territorio propio, pero reconocida como sujeto de derecho internacional. Está orientada a tareas asistenciales, sanitarias y sociales, sin tener ya faceta militar.

La elección de la cabeza cortada del Bautista como símbolo monetario nos remite a la figura del Gran Maestre Jean Parisot de Valette, el cual la consideró adecuada para mostrar la situación de extrema gravedad por la que atravesaba la Orden. Esta debilidad se debía tanto a dificultades financieras como al constante retroceso militar frente al poderío otomano, cuya presencia en Europa Oriental y en buena parte del Mediterráneo era cada vez más evidente. Desde su fundación, la Orden había experimentado numerosos traslados, y su nueva sede maltesa corría también el peligro de sucumbir ante el avance militar islámico. La difícil situación requirió decisiones también difíciles, y Jean Parisot tuvo que tomar muchas de ellas, solventando la dura prueba que garantizaría la pervivencia de los hospitalarios. Nacido en la región francesa de Quercy a fines del siglo XV, Jean Parisot, de familia noble, se incorporó en su juventud a la “lengua” de Provenza, una de las ocho agrupaciones idiomáticas de prioratos en que se organizaba la Orden. Destinado en Rodas, sobrevivió al asedio turco de la isla en 1522, acompañando luego al exilio al Gran Maestre Philippe Villiers de l’Isle Adam. Ya en Malta, Jean Parisot dio muestras de excesivo carácter e incluso crueldad. Así, en 1538, pasó cuatro meses en un agujero en el suelo, en la isla maltesa de Gozo, como castigo por haber golpeado a un sirviente hasta casi matarlo. Después fue enviado dos años como gobernador militar a la débil posición hospitalaria de Trípoli. Regresó a Malta con un esclavo negro a su servicio, lo que le valió nuevas amonestaciones. En 1554 fue nombrado Gran Almirante de la flota hospitalaria, puesto en el que demostró su capacidad para el mando militar. Tres años después, en el contexto de tensa espera por un posible ataque marítimo turco, Jean Parisot accedió al Gran Maestrazgo de la Orden.

El intento otomano de tomar Malta se produjo finalmente en 1565. Las medidas preventivas puestas en marcha por Jean Parisot se mostraron insuficientes ante la envergadura del ejército enemigo. Éste cometió el error de centrar sus esfuerzos en la conquista del fuerte de San Elmo, lograda al cabo de un mes al precio de muchas bajas, incluyendo la del prestigioso corsario turco Dragut. El Gran Maestre utilizó bien las escasas fuerzas de que disponía, relevando constantemente a los caballeros y demás soldados en las zonas de mayor desgaste bélico. La llegada progresiva de refuerzos provenientes de Sicilia fue decantando el factor moral de la lucha del bando de los hospitalarios. Tras varios asaltos infructuosos a los demás fuertes, la armada turca optó por retirarse. Jean Parisot actuó durante el conflicto con severidad, recriminando a sus caballeros cuando daban muestras de querer abandonar sus posiciones, lo que sirvió a muchos de éstos como acicate para el último sacrificio. Así, de la última tanda de defensores del fuerte de San Elmo, no se salvó ningún caballero hospitalario, sino tan sólo nueve soldados malteses que huyeron a nado. Hay coincidencia general al valorar la extrema religiosidad del Gran Maestre, cuya devoción y entrega a la causa de la Orden estaban fuera de toda duda. Las potencias cristianas agradecieron a los hospitalarios su defensa de Malta, implicándose en algún caso en el proyecto de reconstrucción de sus fortificaciones. Jean Parisot recibió toda clase de elogios y reconocimientos tras su victoria. Renunció a ser nombrado cardenal, pues prefería mantener una mayor independencia con respecto al Papado. Se acuñaron por entonces en su honor varias medallas conmemorativas, con su efigie en el anverso y motivos ensalzadores en el reverso. En una de estas piezas aparece en el reverso la victoria de David frente al filisteo Goliat, bajo la leyenda “Unus X Millia” (Uno Diez Mil). Esta expresión alude por un lado a la desigualdad numérica de los ejércitos que se enfrentaron en el asedio de Malta, y por otro lado hace referencia a las ventajas del llamado “combate singular” entre dos adalides, al evitarse así la muerte de muchos soldados. Jean Parisot murió en 1568 en la ciudad que luego llevaría su nombre. En la inscripción de su tumba se le describe como “escudo de Europa”.

Antes de ser utilizada en Malta como motivo numismático, la cabeza cortada de San Juan Bautista, dispuesta en una bandeja circular, aparecía en monedas de la actual ciudad polaca de Wrocław, conocida en alemán como Breslau y en castellano como Breslavia. Este uso se documenta desde al menos la primera mitad del siglo XV, época en que la ciudad se integró, junto con gran parte de Silesia, en el reino de Bohemia, pasando así a formar parte del Sacro Imperio Romano Germánico. Muchas de las monedas mencionadas, consistentes en “heller” de cobre, corresponden al convulso período de las guerras husitas (1419-1436). Estas luchas civiles enfrentaron al rey Segismundo de Hungría con la facción más radical, llamada taborita, del movimiento religioso reformador y revolucionario iniciado por el teólogo bohemio Jan Hus, que había sido ajusticiado en 1415, pero cuyas ideas, relacionadas con la transformación de la Iglesia, seguían vivas. La imagen de la cabeza cortada del Bautista, patrón de Breslavia, volvió a ser muy empleada por la ciudad en pequeños “groschen” de plata, de peso inferior a dos gramos, durante el obispado de Johann von Turzo (1506-1520), cuya familia controlaba muchos centros mineros de extracción de metales nobles. En estas monedas la cabeza va rodeada por la leyenda “S. Baptista Sucurre” (Santo Bautista, Socórrenos).

La cabeza decapitada referida sigue ocupando actualmente el centro del escudo de armas de Breslavia. Es representada con los ojos cerrados, con poblada barba y largo pelo negro, en campo circular de plata. El cuarto cuartel del escudo lo ocupa la imagen nimbada del otro Juan, San Juan Evangelista, mostrado joven sobre una corona invertida, en consonancia con el significado de una expresión de Cristo: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36). En los otros cuarteles aparecen un león rampante por Bohemia, un águila explayada por Silesia y una W por el antiguo nombre de la ciudad (Wratislavia) y por el nombre de su legendario fundador (Wrocislaw). Un escudo en el que aparecen alusiones simbólicas a ambos Juanes, pero sin representar físicamente a ninguno de ellos, es el del estado libre asociado de Puerto Rico, sirviendo en este caso para referirse al nombre de su capital.

Malta se adhirió a la Unión Europea el 1 de Mayo de 2004, y adoptó el euro como moneda circulante el 1 de Enero de 2008. El tipo de cambio con respecto a la moneda nacional anterior, la lira o libra maltesa, quedó establecido en 0,4293 por un euro. Malta decidió emplear dentro de la unión monetaria europea tres elementos emblemáticos diferentes en sus caras nacionales. Las piezas más pequeñas (1, 2 y 5 céntimos), hechas de acero recubierto de cobre, muestran el templo megalítico de Mnajdra, erigido hace unos cinco milenios. Las monedas intermedias (10, 20 y 50 céntimos), cuya composición es 89% cobre, 5% aluminio, 5% zinc y 1% estaño, llevan el escudo de Malta como elemento principal. Las piezas de mayor valor (1 y 2 euros), que combinan a la inversa una parte de cuproníquel y otra de níquel y latón, presentan como motivo central la cruz de Malta, característica de los caballeros hospitalarios. La cruz que aparece tanto en el escudo como en la bandera de Malta es la llamada cruz de San Jorge, otorgada por el rey británico Jorge VI al pueblo maltés por su leal comportamiento durante la II Guerra Mundial. Es una cruz griega de plata en cuyo interior figura San Jorge abatiendo a un dragón, con el lema circundante “For Gallantry” (Al Heroísmo) y las iniciales G-VI, alusivas a Jorge VI. La corona mural del escudo sirve para ilustrar el carácter republicano del país. Flanquean el blasón una rama de palma, relacionada con la victoria, y una rama de olivo, referida a la paz. Los colores rojo y blanco del escudo y la bandera son los empleados por el archipiélago a nivel institucional desde la Edad Media. El pabellón civil maltés, también bastante utilizado, consiste en una enseña roja con una cruz de Malta blanca en su centro. Este pabellón es similar a la bandera usada en las fiestas de Sant Joan por parte de la población menorquina de Ciutadella, si bien en este caso la cruz que ocupa el centro del paño rojo es una cruz patada. Los idiomas oficiales de Malta son el inglés y el maltés. Este último, derivado del árabe coloquial siciliano, es la única lengua semítica que se escribe en caracteres latinos.

Según los Evangelios (Mateo 14:1-12 y Marcos 6:14-29), el Bautista había sido encarcelado por Herodes Antipas por instigación de Herodías, con la que el tetrarca se había casado a pesar de ser ésta la esposa de su hermano. Herodías ansiaba la ejecución del Bautista, que proclamaba lo ilícito de su unión. Para lograr su propósito se valió de su hija Salomé, que tras bailar admirablemente ante Herodes, le pidió como premio, por orden de su madre, que al instante le trajesen en una bandeja la cabeza del Bautista. Entristecido, pues consideraba al Bautista un hombre justo, pero a la vez sintiéndose obligado por un torpe juramento realizado a Salomé, Herodes mandó decapitar a Juan. Su cabeza fue presentada en una bandeja a Salomé, la cual se la llevó a su madre. Escenas relacionadas con la decapitación del Bautista han sido plasmadas en pinturas de distintas épocas. En ellas cabe resaltar el contraste entre la lozanía, exhuberancia y expresividad de Salomé por un lado y los rasgos inertes del rostro del Bautista por otro. Algunas tradiciones artísticas y literarias intentaron mostrar cierto placer morboso por parte de Salomé en la recepción de la cabeza del santo, reforzando así el erotismo que ya de por sí desprendía la figura de la joven. Pero de los Evangelios se infiere claramente que la más interesada en la ejecución de Juan era Herodías, siendo su hija sólo el instrumento oportuno para conseguir que se produjese dicha muerte. El que los hospitalarios recurriesen en sus acuñaciones monetales a la cruda imagen de la cabeza cortada de su santo de referencia nos permite entender mejor cuál era su mentalidad y predisposición. Buscaron valor en una imagen que enaltecía la derrota, por si en momentos decisivos, de probable derrota, necesitaban su máximo valor.

miércoles 1 de diciembre de 2010

LA INFLUENCIA ITALIANA EN LAS PRIMERAS MONEDAS DE ALBANIA


Para Ana, agua y luz, verde mirar

El diseño de los motivos principales de las primeras monedas albanesas correspondió a los grabadores italianos (“incisori”) Giuseppe Romagnoli y Atilio Motti, artistas de referencia y larga trayectoria en la numismática italiana. Mientras que la labor inicial de creación la realizaba Romagnoli, el proceso concreto de grabación lo asumía generalmente Motti, que desde 1913 era el grabador jefe de la “Regia Zecca” romana. La colaboración entre ambos fue estrecha, y se tradujo en representaciones clasicistas, entroncadas con la más genuina numismática de tradición grecorromana. Las figuras elegidas, tanto humanas como animales, rebosan fuerza y convicción, optándose con frecuencia por estudios anatómicos en los que la desnudez se acompaña de elementos complementarios, enfatizando así el simbolismo de éstos. La seguridad y determinación de que hacen gala las figuras mediante sus expresiones, gestos y actitudes pretendían infundir confianza entre los ciudadanos albaneses hacia las medidas políticas y económicas desplegadas por el aparato dirigente del joven estado. Se trata de un tipo de arte que revela la clara influencia que sobre Albania ejercía por entonces el violento régimen fascista italiano de Mussolini, para el cual era mejor “vivir un día como león que cien años como oveja”. El exaltado líder tenía a Albania dentro de sus miras expansionistas, pero de momento se conformaba con el control propagandístico de la ideología imperante en el país vecino. El ejercicio de este agobiante patrocinio tenía en los soportes monetales una herramienta clave para el adoctrinamiento social. Al tratado de amistad sellado entre Albania e Italia en 1925 siguió otro de alianza defensiva suscrito en 1927. Eran sólo pasos previos que hiciesen menos traumática la futura anexión, llevada a cabo finalmente en 1939. Por ello no debemos considerar la simbología de las primeras monedas albanesas desde una óptica estrictamente nacional, dada la contaminación ideológica italiana, envuelta en imágenes de gran belleza.

En el primer sistema monetario albanés la unidad era el lek, cuyo plural es lekë. Estaba dividido en cien qindar leku. Cinco lekë equivalían a un franga ar. Y a su vez cada franga ar equivalía a cien qindar ar. Durante la ocupación italiana, la moneda albanesa fue también el lek, estableciéndose su paridad con respecto a la lira. Desde la recuperación de la independencia del país y hasta la actualidad, el lek se ha mantenido como moneda nacional, fijándose como divisor centesimal, para cuando fuese necesario, el qindarka. La mayoría de las monedas albanesas acuñadas tanto en el primer período de independencia del país como en los años de la ocupación italiana fueron realizadas en Roma, utilizándose como marca de ceca la tradicional R, presente ya incluso en monedas de época romana. En Viena se acuñaron 5.053 piezas de oro de veinte franga ar en 1927, y piezas de un lek y de medio lek en 1930, empleándose como marca de ceca una V. También figura la realización de un encargo a la ceca de Viena en 1927 de 50.000 piezas de plata de un franga ar, si bien es asunto discutido si se llevó a cabo finalmente la emisión. En Londres se acuñaron piezas de un lek y de medio lek en 1931, utilizándose como marca de ceca una L. Aparece con frecuencia en las primeras monedas albanesas el nombre de los grabadores, G. Romagnoli y A. Motti, acompañándose su nombre en las piezas de la partícula “inc.”, abreviatura de “incisori”. Entre los elementos presentes en ocasiones en las monedas albanesas podemos aludir a pequeñas estrellas de cinco puntas, utilizadas para diferenciar emisiones. Puntos, rombos, barras y guiones intervienen en algunos tipos en la secuenciación de los textos, separando palabras o cifras. También se emplean puntos para señalar abreviaturas, como en el caso del valor “franga ar”, que comúnmente se indica mediante unas pocas letras.

En muchas de las primeras monedas albanesas va el nombre del país en albanés, “Shqipni”, acompañándose en algunos casos del nombre latino, “Albania”. En la actualidad el nombre que recibe el estado es el de “Shqipëri”, parecido al original, y que significa “Tierra de águilas”. El nombre latino, mencionado por el geógrafo Ptolomeo en el siglo II para aludir a un grupo étnico de la región, haría referencia a las montañas nevadas. Las acuñaciones se iniciaron en 1926, por lo que habían tenido que pasar catorce años desde que Albania accedió a su independencia hasta que el país pudo contar con un sistema monetario propio. Las piezas de menor valor, realizadas en bronce, eran las de 5 y 10 qindar leku. Las de 5 qindar leku llevaban en el anverso una cabeza de león con las fauces abiertas, y en el reverso una ramita de hojas de roble. Las de 10 qindar leku utilizaban como símbolo en el anverso la cabeza de un águila con el pico entreabierto, mientras que el reverso lo ocupaban dos ramitas de olivo. El león miraba a la izquierda y el águila a la derecha, evitando así suspicacias políticas. El roble alude al continente y a las raíces indoeuropeas de la lengua y la cultura albanesas. En cambio el olivo está metafóricamente más relacionado con las influencias culturales provenientes del Mediterráneo, además de ser icono recurrente de la paz.

Las piezas de los tres siguientes valores (un cuarto de lek, medio lek y un lek) fueron hechas en níquel. Las de un cuarto de lek utilizaron como motivo iconográfico para el anverso a un león pasante hacia la izquierda, avanzando tranquilo, exhibiendo su fuerte constitución física. En el reverso iba una ramita de hojas de roble. Las monedas de medio lek muestran en el anverso a un hombre luchando desnudo contra un león. Este tipo de leontomaquia fue representado en diversos soportes a lo largo del Mediterráneo en el primer milenio antes de nuestra era, denotando una influencia ideológica y artística orientalizante. El combate es el de un héroe frente a una bestia. Si vence el héroe, adquirirá la fuerza del animal, convirtiéndose en el mejor de los mortales. Uno de los más famosos enfrentamientos de esta clase, recogido por la mitología griega, es el de Herakles contra el león de Nemea. En el primero de sus doce trabajos, Herakles logró vencer al león estrangulándolo, pues las armas eran incapaces de traspasar su gruesa piel. Una vez muerto, se la arrancó, vistiéndola desde entonces a modo de armadura. Por tanto Albania recurrió en monedas de distintos valores al león como prototipo de fuerza y coraje, provocando su lucha final contra un hombre, que le arrebata su vigor, y que encarna el poder del estado, dispuesto a enfrentarse uno a uno a todos los problemas que vayan presentándosele. Un significado motivador similar lo tenemos en la cancioncilla que se canta en campamentos y reuniones de escolares para concienciar a éstos de que pueden hacer grandes cosas: “Voy en busca de un león (bis), cogeré el más grande (bis), no tengo miedo (bis), mira cuántas flores (bis)”. En el reverso de las piezas de medio lek encontramos, al igual que en otras muchas, el escudo del país, consistente en un águila bicéfala de tradición bizantina. Su cuerpo está totalmente explayado, mostrándose irreverente, conforme a convenciones heráldicas relacionadas con la intimidación. Tiene las alas extendidas, las garras abiertas, la doble mirada amenazante y las lenguas fuera de los robustos picos. A este escudo se debe el que los albaneses se llamen a sí mismos “Hijos del Águila”. Mientras que en las monedas de 1926 el águila aparece exenta, en las de años posteriores, siendo ya Amet Zogu rey, el águila pasa a estar cobijada por un manto de armiño, coronándose con el casco caprino de Skanderbeg.

Las monedas de un lek acuñadas a partir de 1926 presentan en el anverso una cabeza mirando hacia la derecha. El hecho de que se acompañe del nombre del país podría hacernos pensar que se trata de una alegoría femenina de Albania, si bien el rostro presenta cierta ambigüedad de belleza apolínea, tal vez intencionada, es decir, que no está claro el sexo, lo que refuerza la inclusión de todos los ciudadanos en el significado alegórico de la imagen. Otra interpretación nos lleva al parecido con respecto al modo en que se representó en la Antigüedad a Alejandro Magno, que también dominó parte de Albania, y cuyo nombre está en el origen etimológico del de Skanderbeg. En el reverso un jinete vuela literalmente con su caballo sobre las aguas, hacia el Este. Sujeta con una mano las riendas y con la otra la espada, alzándola en actitud de acometer. Va únicamente vestido con una clámide, capa de lana fina propia de los soldados de caballería de época grecorromana. Esta semidesnudez hace que su vigor muscular parezca adaptarse en mayor medida al del caballo, como si ambos se complementasen a la perfección para perseguir lo mismo. La agresividad de la escena cuadraría mal con un significado abstracto, por lo que proponemos varios más concretos, en los que la orientación del jinete es clave. Podría tratarse de la idealización del pueblo albanés luchando contra los turcos, llegados del otro lado del Bósforo. O tal vez estaríamos ante el ímpetu esculpido de Alejandro Magno cruzando el Helesponto para iniciar la conquista de Persia. La interpretación más inquietante sería considerar que el mar representado es el Adriático, ya que en ese caso los artistas italianos habrían introducido un claro mensaje futurista, apuntando a que pronto Albania sería italiana.

En 1927 comenzó la acuñación de las piezas de un franga ar, cuya pureza en plata es de 835 milésimas. En el anverso de estas monedas va una cabeza galeada de una alegoría femenina de Albania. Su precioso casco, además de elementos ornamentales curvos, presenta cimera y alas decorativas laterales, llevando sobrepuesta una corona de laurel, símbolo de victoria. Las alas contribuyen a remarcar el carácter elevado de los intereses del pueblo albanés a través de su alegoría. No parecen relacionadas con el pétaso alado de Mercurio, deidad cuya presencia numismática suele usarse como estímulo del comercio. El hecho de que la alegoría lleve casco remite a las cercanas guerras de emancipación, recordando el tipo en su conjunto a la diosa Minerva, relacionada con la sabiduría, las artes y las técnicas de combate. Acerca del sexo de la imagen no hay en este caso dudas, gracias por ejemplo al uso de pendientes. En el reverso de estas piezas aparece una elaboradísima proa de navío, cuya estructura se organiza en función de niveles horizontales, incluyendo espolón de choque, decoración laureada y mascarón. Éste consiste en una cabeza de león en actitud fiera, que serviría como elemento mágicamente protector del barco, cumpliendo también un cometido de identificación. Otros adornos presentes en la proa son los óculos, de los cuales se aprecia uno. Mediante ellos se confería a la nave cierto carácter ritualizado de ser vivo, estrechando los vínculos de todos los miembros de la tripulación, cuya suerte podía ser la misma. Podemos señalar que estas monedas de un franga ar imitan claramente tipos clásicos de la Roma republicana, en algunos de los cuales iba una cabeza galeada de Roma deificada en el anverso y una proa en el reverso. Los grabadores jugaron nuevamente en la elección de los elementos simbólicos con motivos de marcada tradición itálica, adaptándolos a la iconografía estatal de la Albania independiente.

Las monedas de dos franga ar, acuñadas a partir de 1926, son también de plata de 835 milésimas. Su anverso lo ocupa el sembrador. Se trata de un hombre desnudo, lleno de fuerza, que esparce las semillas que extrae de un saco que lleva en bandolera, confiando en aprovechar la fertilidad de la tierra. La insistencia en la desnudez masculina en muchos de los tipos numismáticos albaneses del momento se explica como un elemento más de conexión con el arte grecorromano, además de permitir mostrar un perfecto estado físico, garantía a la hora de acometer los retos futuros. El motivo del sembrador, utilizado por diversos países a lo largo de su desarrollo histórico, posee una gran carga expresiva, apuntando por un lado al carácter esencial de la producción alimenticia, y por otro, de manera más simbólica, a la esperanza de que el esfuerzo presente produzca grandes frutos en todos los terrenos. Donde no hay nada, más adelante puede haber algo valioso, si la resolución de los ciudadanos es firme y su trabajo se vuelca en ello. Francia es la que ha dado más prestancia iconográfica a este motivo mediante la imagen de una alegoría republicana que camina sembrando. En el reverso de las piezas de dos franga ar campea un águila legionaria, de tipo similar a las de las insignias y los estandartes del antiguo ejército romano. El diseño del águila, alejado del modelo heráldico albanés del “pollo loco” de dos cabezas, encaja con el gusto fascista de la Italia de la época, en algunos de cuyos tipos monetarios se usaron rapaces similares, corpulentas, de aire imperial. Así pues, con la excusa de que los albaneses se consideran “Hijos del Águila”, los artistas italianos colocaron en las monedas del país un águila de la tradición militar romana, nuevo aviso de las intenciones imperialistas de su estado supuestamente amigo.

Desde 1926, el presidente de Albania, Amet Zogu, se hizo representar en los anversos de las monedas de metales nobles. En 1928 se autoproclamó rey con el nombre de Zog I, cambio que también quedó reflejado en las monedas acuñadas posteriormente. Los retratos monetales que de él se difundieron como presidente muestran a un hombre cercano, con preocupaciones más cotidianas, esbozando incluso una ligera sonrisa. En cambio en los retratos en que ya ejerce como monarca, la severidad de su rostro es algo mayor, proyectándose su mirada hacia la lejanía, y percibiéndose en el porte cierto encumbramiento áulico, todo ello en la línea idealizadora y cada vez más marcial que se estaba aplicando en las representaciones del rey de Italia, Víctor Manuel III (1900-1946). En los tipos monetarios emitidos mientras Amet Zogu fue presidente, se aprecia que su busto mira a la derecha en las piezas de plata y a la izquierda en las piezas de oro. En cambio, siendo ya rey, mira siempre hacia la derecha, tanto en las monedas de oro como en las de plata.

Amet Zogu, que profesaría siempre la fe islámica, nació en 1895 en el castillo de Burgajet, cerca de la ciudad albanesa de Burrel. Su verdadero apellido era Zogolli, pero como éste sonaba demasiado turco, lo cambió por Zogu, que en albanés significa “pájaro”. En su familia recaía hereditariamente la gobernación del distrito de Mat, perteneciente, como el resto de Albania, al Imperio Otomano. Amet Zogu se educó en el Liceo Imperial Galatasaray, en Estambul. A la muerte de su padre, sucedió a éste como gobernador de Mat. En 1912, en el contexto de las guerras balcánicas, Albania accedió a su independencia con respecto a los turcos, escapando así a la vez de la voracidad territorial de sus países vecinos. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Amet Zogu colaboró con el finalmente derrotado Imperio Austro-Húngaro, siendo detenido en varias ocasiones. Su estancia en Viena le hizo familiarizarse con el estilo de vida europeo de esa pujante ciudad. A su regreso a Albania en 1919, Amet Zogu entró fácilmente en los principales círculos políticos del país, ganándose amplios apoyos entre los terratenientes del Sur y la nobleza del Norte, así como entre los comerciantes, empresarios e intelectuales. En los primeros años de la década de 1920 ocupó puestos de gran responsabilidad, como ministro del Interior y jefe del ejército. En 1923 fue disparado y herido en el Parlamento, hecho que revela la tensión política que se vivía en Albania en aquella época. Una revuelta social suscitada a mediados de 1924 como reacción al asesinato de uno de los oponentes industriales de Amet Zogu obligó a éste a exiliarse junto con buena parte de sus colaboradores. Pudo regresar a finales de ese mismo año a Albania gracias al respaldo de las tropas serbias. Fue elegido en 1925 por la Asamblea Constituyente como el primer presidente de Albania. Enseguida intentó implantar el modelo europeo en las viejas estructuras socioeconómicas heredadas del Imperio Otomano. Entre sus medidas occidentalizadoras estuvieron la eliminación gradual de la servidumbre y la prohibición del uso del velo. Entregó a Yugoslavia como agradecimiento por los servicios prestados a su causa el territorio de Sveti Naum, ahora perteneciente a Macedonia. Es decir, sus ambiciones políticas mermaron ligeramente la extensión territorial de Albania. Su gestión política de aquellos momentos se ensombreció por las tensas disputas con los líderes kosovares.

En 1928 Amet Zogu fue coronado como “Rey de los Albaneses” (Mbreti i Shqiptarevet), declarándose a la vez comandante en jefe del ejército. Intentó hacer creer que descendía de una hermana de Skanderbeg para dar así mayor legitimidad a su título. Nombró a su madre, Sadijé, reina madre, y dio títulos principescos a su hermano y a sus tres hermanas. Estas últimas participaron activamente en toda clase de eventos públicos, dando una imagen cercana de la recién creada realeza de Albania. Amet Zogu juró ante el Parlamento, sobre el Corán y sobre la Biblia, que haría un uso correcto de sus poderes reales. Quiso mediante este gesto contribuir a la unificación política del país, en el que tanto el Islam como el Cristianismo han estado siempre bien representados. Instituyó una monarquía constitucional similar a la que tenía Italia, reforzando los medios con que contaba la policía para que ésta actuase como defensa interna eficaz del ordenamiento impuesto. Implantó un saludo propio, consistente en colocar la mano derecha extendida y con la palma hacia abajo a la altura del corazón. Ordenó a las instituciones bancarias estatales la acumulación de piedras preciosas y objetos de oro, los cuales permitieron respaldar la emisión del primer papel moneda albanés, en el cual se hizo representar. La política fiscal albanesa estuvo intervenida por el gobierno italiano, que aportó grandes fondos para favorecer el despegue económico del país. Para intentar evitar que la dependencia con respecto a Italia derivase en absorción, la Constitución albanesa incluyó la prohibición absoluta de que el país se diluyese en cualquier otro estado, bien por vía de boda real o bien por cualquier otro medio. Amet Zogu aplicó medidas europeístas como las que había desarrollado Mustafá Kemal Atatürk en Turquía. Abolió la ley islámica, sustituyéndola por un código legislativo basado en el suizo. Renovó el sistema educativo y modernizó el ejército, que aun así siguió siendo muy débil en comparación con el de sus estados vecinos. Su régimen, a pesar de la connivencia con los movimientos fascistas, se tradujo en una mayor estabilidad para Albania. El rey era más apreciado entre las familias reales de los estados islámicos que en las cortes europeas, donde se le consideraba un advenedizo. Salió airoso de varios intentos de asesinato, incluso disparando él mismo. Entre sus enemigos estaba la familia Verlaci, por haber roto su compromiso con una joven de ese clan. Se casó en 1938 con una aristócrata católica, medio húngara y medio estadounidense, Geraldine Apponyi.

Desde prácticamente el inicio de su mandato presidencial, Amet Zogu se vio sometido al estresante intervencionismo político y económico de la Italia fascista de Mussolini. La crisis financiera internacional iniciada en 1929 agudizó la dependencia de Albania con respecto a su vecino de la otra orilla del Adriático, hasta el punto de que el Banco Nacional de Albania tenía su sede en Roma. Mientras que muchos trabajadores albaneses tuvieron que partir hacia otros países, colonos italianos se establecieron en Albania, principalmente en las regiones septentrionales. El control de sectores estratégicos para el desarrollo económico del nuevo estado recayó en empresas italianas. Mussolini solicitó que se implantase la enseñanza obligatoria de la lengua italiana en todas las escuelas de Albania. Amet Zogu no sólo rechazó esta propuesta, sino que además reaccionó nacionalizando los colegios católicos italianos que había en el Norte del país. Tras intentos fallidos de obtener en 1934 la alianza de otras potencias europeas, Albania volvió a entrar en la órbita de Italia, cuyo deseo último era anexionársela. La invasión se produjo finalmente el 7 de Abril de 1939, dos días después del nacimiento del príncipe heredero Leka, y meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. El rey huyó con su familia, llevándose consigo además buena parte de las reservas de oro del país, anteponiendo así nuevamente su bienestar personal al interés de todos los albaneses. El ejército, la policía y la población civil de Albania apenas pudieron oponer resistencia a las tropas italianas, que fueron bien recibidas por un sector importante del país, más preocupado por el futuro económico que por exhibiciones de patriotismo, y en el que la manipulación ideológica a través de las monedas y otros medios propagandísticos había surtido efecto. Albania pasó a ser un protectorado del Reino de Italia hasta que el descalabro bélico fascista de la Segunda Guerra Mundial le permitió recobrar su independencia en 1945, girando entonces hacia la tutela comunista soviética. La familia real albanesa, desposeída ya desde la invasión italiana de sus fugaces derechos al trono, vivió espléndidamente en el exilio, primero en el Reino Unido, luego en Egipto y finalmente en Francia, donde Amet Zogu falleció en 1961.

Las monedas de plata de cinco franga ar acuñadas en 1926 presentan en el anverso el busto de Amet Zogu acompañado de su nombre. Su pureza es mayor que la de las otras monedas albanesas de plata del momento, alcanzando las 900 milésimas. En el reverso está representada una escena agrícola. Un campesino guía una yunta de bueyes uncidos por un yugo de madera, arando así la tierra. Sostiene con su brazo derecho una larga vara con la que apunta firmemente hacia delante. La influencia simbólica italiana, más sutil en este caso, se manifiesta en la utilización de un arado romano, compuesto básicamente de timón (parte delantera de la que tiran los animales), cama (parte curva intermedia), dental (base de la herramienta agrícola), reja (pieza con la que realizar los surcos en la tierra) y esteva (conjunto final que servía al campesino para dominar el artilugio). La postura que tiene el agricultor en la moneda no es realista, pues parece que no le supusiese apenas esfuerzo el trabajo que está realizando. Lo normal sería que se valiese de las dos manos para empujar el arado, haciendo fuerza para que la reja se hundiese bien en el terreno. En cambio va erguido, sobrado de vigor, mirando resueltamente hacia el horizonte, conduciendo el arado con un solo brazo. Se establece cierta identificación metafórica entre Amet Zogu y el campesino del reverso, queriendo transmitir así la idea de que el primero también trabaja con plena confianza por el futuro del país, y como no, con los medios proporcionados por Italia. El campesino viste ropas tradicionales albanesas. Lleva en la cabeza un “qeleshë” o “plisi” (sombrero que en esta imagen tiene forma de cono truncado, pero que también podía ser de tendencia redondeada). El hombre luce “këmishë” (camisa) y “xhaketë” (chaquetilla corta). Su cintura se ciñe con una faja, llamada “brez”. El pantalón, holgado en su parte superior y más apretado en su parte inferior, recibe el nombre de “tirq”. Las sandalias apuntadas de cuero son las “opinga”. Otra prenda masculina típica de Albania, que no sale en la moneda, es la “fustanella”, falda corta y con volante plisado. Las mayores similitudes de los diferentes trajes regionales que se usaron en Albania hay que buscarlas principalmente en Grecia, dato que señala la larga trayectoria histórica de contactos culturales entre ambos territorios. La imagen elegida mezcla elementos clasicistas, como el arado romano (sin temer el dar la impresión de atraso tecnológico), con otros étnicos, como la vestimenta del agricultor.

Todas las monedas de oro acuñadas en Albania durante el mandato de Amet Zogu son de una pureza de 900 milésimas (21,6 quilates). Todas ellas (de diez, veinte, cincuenta y cien franga ar) llevan su imagen salvo un tipo, de veinte franga ar, que muestra en el anverso el busto de Skanderbeg, con poblada barba, y en el reverso el león alado del evangelista San Marcos. Paralelamente se hicieron otras piezas de oro de veinte franga ar con el retrato de Amet Zogu en el anverso y el águila exenta del escudo en el reverso (el mismo tipo que se usó para las de diez franga ar). La existencia contemporánea de ambos tipos tenía la clara finalidad de presentar a Amet Zogu como el digno sucesor de Skanderbeg, considerado unánimemente como el héroe nacional de Albania. El nombre auténtico de este aristócrata albanés era Gjergj Kastriot (1405-1468). Su apodo, que significa “Príncipe Alejandro”, se lo pusieron los ocupantes turcos, estableciendo así una comparación histórica con Alejandro Magno. Skanderbeg pertenecía por línea paterna a una poderosa familia epirota, mientras que su madre era una princesa proveniente de Macedonia. Tras la resistencia inicial de su familia a la dominación otomana, no le quedó a aquélla más remedio que someterse. Skanderbeg, junto a sus tres hermanos, fue llevado como rehén a la corte turca. Allí se hizo musulmán. Destacó como alumno en la escuela militar de Edirne, y solventó con eficacia las batallas en que participó, siendo joven, al servicio de los otomanos. Se rebeló contra ellos en 1443 en una batalla librada contra los húngaros en Niš, cambiando de bando a la vez que otros trescientos albaneses. Marchó hacia Albania, donde consiguió reconquistar su ciudad natal, Krujë. Volvió a asumir la fe cristiana y, por solidaridad con Bizancio (que no sería tomada por los turcos hasta 1453), adoptó como estandarte un águila bicéfala, negra, por la dificultad del momento, en campo rojo como la sangre.

Skanderbeg sacó rápido provecho de los conocimientos militares que aprendió entre los turcos, convirtiéndose en un gran estratega. Fortificó enclaves vitales para la resistencia albanesa y organizó numerosas emboscadas en el escarpado territorio de su país. Unió a los príncipes albaneses en la llamada Liga de Lezhë, si bien algunos de ellos más adelante no pudieron soportar la presión bélica, pasando a colaborar con los otomanos. Las tropas turcas sufrieron varios fracasos serios en intentos vanos de retomar el control de la fortaleza de Krujë. El sultán Mehmet II, cuyas incursiones en suelo albanés eran realizadas con ejércitos numéricamente muy superiores, logró una importante victoria en 1455 en Vlorë. Dos años después fue derrotado por Skanderbeg entre Lezhë y Krujë, tras haber evitado éste ingeniosamente el choque final durante meses, mareando y desgastando a los turcos. Mehmet II y Skanderbeg suscribieron un tratado temporal de paz en 1461. Admirados por la resistencia de Albania e intentando crear líneas de contención al fulminante avance otomano en Europa Oriental, diversos estados cristianos proporcionaron ayuda a Skanderbeg en forma de dinero, provisiones y pequeños contingentes militares. Es el caso de Nápoles, Venecia y los territorios del Papado. El tiempo que Skanderbeg logró retener a los turcos fue de inestimable valor para que descartasen la invasión de la península itálica, deuda histórica que Italia ha intentado pagar en momentos diferentes con un trato de favor hacia los albaneses, pero cayendo en ocasiones en un exceso de intervencionismo e incluso en la tentación imperialista. El héroe cayó enfermo de malaria en Lezhë, donde murió a inicios de 1468. Su sucesor, Lekë Dukagjini, lideró la resistencia albanesa durante una década, hasta que en 1478 cayó la amurallada Krujë.

Entre los elementos mediante los cuales el arte albanés ha intentado idealizar a Skanderbeg destaca sin duda su casco, que corona el actual escudo del estado. El armazón metálico del casco, decorado con una banda horizontal, se prolonga en su parte superior con un prótomo caprino dotado de sendos cuernos, hecho en bronce y revestido de oro. En otras recreaciones la banda horizontal del casco se presenta adornada con rosetas y epigrafía ensalzadora. Su función primaria de atemorizar al enemigo quedaba claramente superada por la representativa. Es decir, quien llevaba ese excelso casco estaba al frente de los albaneses, dirigiendo su destino, como la cabra que, en un rebaño de ovejas, logra que éstas no sean tan indecisas al avanzar. El uso metonímico del casco de Skanderbeg en el escudo de Albania pretende traer a la memoria de los ciudadanos lo que costó conseguir la libertad como pueblo. El músico barroco veneciano Vivaldi (1678-1741) compuso una ópera en honor de Skanderbeg, sumándose así al reconocimiento que en Italia tuvo siempre el general albanés.

El león alado del reverso de las monedas de oro de veinte franga ar representa al evangelista San Marcos, siguiendo la tradición iconográfica cristiana. Este simbolismo está tomado de la interpretación altomedieval de un pasaje del Apocalipsis (4:1-11), en el que se menciona a cuatro seres vivientes que rodean el trono de Dios. Según la iluminación recibida en la isla de Patmos por San Juan, los seres estaban llenos de ojos por delante y por detrás, y cada uno tenía seis alas. “El primer viviente era semejante a un león; el segundo, semejante a un toro; el tercero tenía semblante como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila voladora”. Estos seres fueron asociados conceptualmente por el arte cristiano posterior con los evangelistas Marcos, Lucas, Mateo y Juan de forma respectiva, en función de algunas características de sus evangelios, como la manera en que comienzan. En el caso de San Marcos, una de las primeras expresiones de su evangelio es la de “voz que clama en el desierto”, referente a San Juan Bautista, y que sería por tanto, para hacer encajar bien el significado metafórico, como el impactante rugido de un león. En la descripción visionaria que de los cuatro seres vivientes hace San Juan en el Apocalipsis se aprecia la influencia del “tetramorfos” que menciona el profeta Ezequiel al comienzo de su libro. Éste habla de la visión de cuatro seres vivos que tenían entre sí la misma forma, cada uno de los cuales lucía cuatro alas y cuatro caras: Una de hombre, otra de león, otra de toro y otra de águila. Los seres híbridos del arte de Mesopotamia, donde el pueblo judío estaba retenido cuando Ezequiel predicaba (Siglo VI a.C.), pudieron sugerir a éste algunos de los elementos simbólicos que utilizó, aplicándolos a la expresión de ideas religiosas.

En la moneda albanesa referida, el león, nimbado, sostiene con sus garras el evangelio y una rama de hojas de roble. El animal sirve para aludir a Venecia, que tiene como patrón a San Marcos, a quien está dedicada su catedral. En muchas de las plazas de la ciudad de Venecia ocupa un lugar preeminente la escultura del león alado, presente también en su escudo y en su bandera. El hecho de que aparezca el símbolo veneciano por excelencia en esta moneda albanesa se debe al deseo de remarcar que algunos territorios albaneses pertenecieron en determinados momentos históricos a la Serenísima República de Venecia. Ésta controló desde fines del siglo X numerosos enclaves insulares y costeros en el Adriático y en el Mediterráneo Oriental, que actuaban como importantes plataformas comerciales fortificadas. En el caso de Albania, la presencia militar veneciana se centró en la prestigiosa ciudad portuaria de Dürres (la colonia corintia de Epidamnos, fundada en el 627 a.C., luego rebautizada por los romanos como Dyrrachium, y conocida por los italianos como Durazzo). Venecia adquirió la soberanía de Dürres en 1205, si bien sólo la conservó fugazmente. En cambio su autoridad sobre la ciudad albanesa fue mucho más estable entre 1392 y 1501, año este último en que fue conquistada por los otomanos. Actualmente Dürres sigue siendo un destacado centro administrativo, así como la segunda ciudad albanesa en población, sólo por detrás de la capital del país, Tirana. Mucho menos duradera fue la impronta medieval veneciana en el distrito albanés septentrional de Shkodër (Sculari), que tras la independencia de Albania volvió a recibir bastantes colonos italianos. En cuanto a Vlorë (Valona), nunca llegó a ser veneciana, al haber fracasado en 1418 el intento de arrebatársela a los turcos, que la habían conquistado un año antes.

¿Por qué sujeta el león en la moneda aludida una rama de hojas de roble? Una posible explicación, quizás demasiado funcional, sería que de roble están hechos los pilotes que sostienen muchos de los edificios de la ciudad de Venecia sobre las aguas de sus canales. Este protagonismo lo comparte el roble con otras especies de árboles, como el aliso, el alerce y el pino, por lo que la argumentación no parece decisiva. Podría tratarse de un guiño germanófilo, al ser la hoja de roble un emblema alemán frecuente, expresándose así la amistad entre los movimientos fascistas de Italia y Alemania. Pero todavía en el momento en que fue acuñada la moneda el partido nazi no se había hecho con el poder en Alemania, y además sería insólito que en las monedas nacionales de un país se escenificase la amistad de dos potencias extrañas. Habría que conceder por tanto mayor valor a la teoría que apunta hacia el significado general del roble en diversas tradiciones europeas, que lo consideran por su dureza y longevidad un icono de la perduración, de la lealtad y de la constancia, buena metáfora del sucederse de las generaciones humanas en el mismo territorio, sirviéndolas así de enlace. El roble está también culturalmente relacionado con los conceptos de justicia y verdad, hasta el punto de que en su presencia se realizaban juramentos y se sellaban acuerdos, confiriéndoles así un carácter sagrado. De las seis mil monedas albanesas de este tipo que se acuñaron en Roma en 1926, cien de ellas llevaban como marca de ceca no una R, sino un fasces consular. De estas cien, noventa fueron al parecer refundidas posteriormente por las autoridades comunistas para hacer una “damnatio memoriae” de la presencia de los símbolos fascistas en Albania. La utilización icónica del fasces, haz de treinta varillas, atadas y acompañadas de un hacha, era un signo claro de que eran los dirigentes italianos los que estaban moviendo los hilos de la política albanesa de aquella época. Estas piezas, al ser de oro, no estaban destinadas a la circulación entre las clases populares de Albania, sino que llegarían casi exclusivamente a las manos de las élites, cuya alianza era buscada con insistencia por Italia para preparar el camino de la futura anexión.

Las piezas de oro de cien franga ar acuñadas en 1926 y 1927 constituían las de mayor valor del sistema monetario albanés. En su anverso está representado Amet Zogu mirando hacia la izquierda, mientras que el reverso lo ocupa una biga conducida por un auriga. Éste sujeta con una mano las riendas y con la otra una larga fusta. En el instante que recoge la imagen, el auriga no golpea con la fusta a los dos caballos, sino que señala con ella hacia el frente y hacia arriba. Está semidesnudo, luciendo sólo un paño largo que no impide ver su excelente condición física. Los caballos, que dan la impresión de ser difíciles de controlar, tienen las patas delanteras elevadas, en la pose clásica de muchos retratos ecuestres ensalzadores, como disponiéndose a comenzar a galopar o por el contrario frenándose, haciendo en definitiva la voluntad del conductor del carro. La biga de la moneda no es empleada en el contexto de una competición de hipódromo, sino como un signo de poder, de forma similar al valor iconográfico que se le otorgaba al carro en el arte asirio o egipcio. El auriga sería metafóricamente Amet Zogu, encargado de dirigir la política albanesa. El motivo de la biga fue bastante utilizado en los denarios de la Roma republicana, destacando entre sus conductoras las alegorías aladas de la Victoria. En otras piezas la conductora era Venus, volando cerca de ella en muchos ejemplos una alegoría de la Victoria para ponerle una corona de laurel. Otras monedas mostraban como auriga a la Luna Lucífera, portadora de luz, o a la diosa Juno, relacionada con el matrimonio. Y en un denario de la gens Farsuleia de hacia el 75 a.C. la conductora del carro es una alegoría de la misma Roma. En la moneda albanesa analizada, si tomamos como referencia la numismática romana clásica, la biga incorporaría los significados de la victoria y de la extensión de la luz, acrecentando así la glorificación del auriga, trasunto del líder, término frecuente en los incipientes regímenes totalitarios del momento.

Tras algunos años de parón en las acuñaciones, en 1935 volvieron a emitirse nuevas piezas. Las de uno y dos qindar ar tenían en el anverso el águila bicéfala del escudo albanés, exenta. En los reversos iba una rama de roble en las de un qindar ar y una rama de olivo en las de dos qindar ar. Las piezas de plata de uno y dos franga ar llevaban la cabeza de Amet Zogu, ya como Zog I, en los anversos, mientras que en los reversos estaba el escudo albanés, más barroco, protegido con manto de armiño y coronado por el casco de Skanderbeg. La misma iconografía presentaban las piezas acuñadas en 1937 para conmemorar el 25 aniversario de la independencia de Albania, tanto las de plata de uno y dos franga ar como las de oro de veinte y cien franga ar. En 1938 se acuñaron algunas monedas de oro del mismo tipo de veinte y cien franga ar aludiendo a la boda real de Amet Zogu con Geraldine Apponyi, celebrada ese año. Las piezas de oro de veinte, cincuenta y cien franga ar con fecha de 1938 que hacen referencia al décimo aniversario de la monarquía albanesa parecen ser falsificaciones efectuadas en 1969 con el objeto de ser vendidas a un alto precio, haciéndolas pasar por antiguas. En 1939 Albania quedó integrada en el Imperio italiano, que en su momento de mayor extensión, durante la Segunda Guerra Mundial, llegó a englobar los territorios de Libia, Eritrea, Etiopía, parte de Somalia, el Dodecaneso, Istria, parte de Dalmacia y parte de Montenegro, así como el pequeño enclave comercial chino de Tianjin. La bandera que Italia impuso al protectorado de Albania tenía tanto símbolos fascistas como otros alusivos a la Casa de Saboya. Entre estos últimos está la cinta que repite tres veces el acrónimo FERT: “Foedere et Religione Tenemur” (Nos mantienen unidos el pacto y la religión).

Con la conquista de Albania por parte de las tropas italianas, cambiaron también los motivos empleados en las monedas del protectorado. Todos los anversos pasaron a ser ocupados por el rey de Italia, Víctor Manuel III, bien mirando a la derecha o bien mirando a la izquierda, sin casco en las piezas de plata y en las de menor valor, hechas de una aleación de bronce y aluminio, y con casco en las monedas de valores intermedios, hechas de acero inoxidable. Este último material, característico de la numismática italiana, permite que las piezas se conserven en muy buen estado durante mucho tiempo, suponiendo un importante gasto su producción. El motivo que ocupó los reversos fue el águila albanesa, exenta y flanqueada por fasces, salvo en los dos valores menores, que conservaron respectivamente la rama de roble y la rama de olivo. Las piezas del período comunista destinadas a la circulación normal fueron bastante sencillas en cuanto a la simbología empleada. En el anverso iba generalmente el nuevo escudo del país, en el que el águila bicéfala estaba rematada por una estrella de cinco puntas y cobijada por espigas de trigo, con la fecha del Primer Congreso Antifascista de Liberación Nacional en una cinta: 24 de Mayo de 1944. Dicho congreso, celebrado en la ciudad albanesa de Përmet, otorgó amplios poderes a Enver Hoxha, veterano de la guerra civil española, que sería primer ministro de Albania entre 1946 y 1985. El reverso de las piezas estaba reservado para las marcas de valor, acompañadas de espigas de trigo enlazadas. Tanto en el anverso como en el reverso de las monedas había también un número variable de estrellas ornamentales de cinco puntas, conforme a las directrices estéticas del momento. Otras piezas conmemorativas o de metales nobles acuñadas en el período comunista diversificaron los motivos, pasando a incluir por ejemplo soldados, espadas tradicionales de hoja curva o de punta curva, alegorías femeninas, ferrocarriles, retratos idealizados de Skanderbeg e imágenes de las ciudades de Gjirokastër, Butrinti y Dürres.

En 1992 se celebraron en Albania por vez primera elecciones libres, estableciéndose así en el país los cimientos de la democracia. Las monedas albanesas recientes han recuperado en los reversos las ramas de roble y de olivo. En los anversos podemos señalar la presencia de: Un pelícano (alusivo a la fauna del país); el águila bicéfala del escudo (sin aditamentos); la ciudadela de Berat (declarada patrimonio de la humanidad); una embarcación conocida como liburna (usada por los piratas ilirios y luego imitada por los romanos); un retrato ecuestre de Gentio (el último rey que tuvo Iliria, entre 181 y 168 a.C., justo antes de la anexión del territorio por parte del Imperio Romano); y un retrato con lanza y escudo de Teuta (reina de Iliria entre los años 231 y 228 a.C., que desde su capital, Shkodër, organizó el hostigamiento con barcos piratas a las embarcaciones mercantes romanas, siendo al final derrotada militarmente por la armada de Roma). Se aprecia por tanto en los motivos de las nuevas monedas albanesas la búsqueda de la conexión étnica prerromana, creándose una romántica asociación de la población actual con los ilirios. Esta vinculación cultural y genética existe, pero por supuesto entremezclada con el aporte de otros muchos grupos humanos que llegaron a lo largo de los siglos hasta el territorio albanés, como griegos, itálicos, eslavos, turcos… Se nota igualmente el deseo iconográfico actual de identificarse con elementos opuestos a Roma, y por extensión a Italia, que osó poner en cuestión la existencia del sentimiento nacional albanés. En este sentido, ¿por qué no recurre Albania a la imagen de Pirro (318-272 a.C.), rey del Epiro, que tantas molestias ocasionó al ejército romano? Quizás porque el Epiro englobaba principalmente el Noroeste de Grecia, y tan sólo la cuarta parte del actual territorio albanés, siendo además Pirro étnica y culturalmente helénico. Éste fue protegido en su niñez y educado durante una década por la tribu iliria de los taulantios, tan helenizada por la cercanía de la colonia de Epidamnos que sus miembros eran en muchos casos bilingües.

Finalmente, queremos realizar un breve comentario sobre el escultor y medallista boloñés Giuseppe Romagnoli, gran artífice de los diseños de las primeras monedas albanesas. Este reconocido grabador, a pesar de haber tenido una seria responsabilidad en la difusión de la estética fascista, tanto en Italia como en sus posesiones coloniales, ya había participado antes en la composición de algunos de los símbolos previos de la numismática italiana, encargándosele además tras la Segunda Guerra Mundial los nuevos motivos de las monedas de la Italia republicana, algunos de los cuales han circulado hasta la llegada del euro. Parece que era en definitiva “un mandado”, que antepuso su labor creativa a las cambiantes circunstancias políticas a las que se enfrentó su país, adaptándose a lo que en cada momento se le solicitaba. Los numerosos premios que recibió por sus trabajos escultóricos y en el terreno de la medallística revelan que era la persona más adecuada para expresar a través de las imágenes grabadas en las piezas circulantes lo que sentían los italianos, o lo que decidían los sucesivos gobiernos de Italia que debían sentir. Pero nunca tendrían que haber sido ni él ni Atilio Motti los creadores de la estética numismática albanesa, pues ésta, en lugar de ser expresión de las raíces culturales propias de Albania, fue capricho italiano, campo de experimentación de la propaganda imperialista de Mussolini. Tras la belleza y la exhibición de fuerza de esas imágenes se escondía una intención nada inocente. Ahora en cambio, sin ser tan bellas, las monedas albanesas actuales dicen sólo lo que quiere decir Albania, sin presiones exteriores. Siendo uno de los países más pobres de Europa, Albania, protectora de Kosovo, encuentra orgullo suficiente para presentarse, a través de sus monedas, como la Nueva Iliria.

jueves 1 de abril de 2010

ARCONTÓPULOS


Entre los años 1086 y 1091, el emperador bizantino Alejo I (1081-1118) tuvo que repeler en Tracia las invasiones de los pechenegos y los cumanos, a los que se daba el calificativo artificial y clásico de escitas. Lo sucedido entonces, así como muchos otros de los hechos relevantes acaecidos durante el reinado de Alejo, fue narrado por la hija del soberano, Ana Comneno, en su obra “La Alexíada”. Es éste un libro historiográfico de gran detallismo escrito con la intención de exaltar la labor política, militar, social y religiosa desarrollada por Alejo. El estilo empleado por Ana Comneno en su obra es bastante panegirista y retórico, pero a pesar de ello su contenido aporta una inestimable visión interna de los muchos problemas que afectaban al Imperio bizantino y del modo en que Alejo trataba de atajarlos. En el caso de la llegada de los ejércitos pechenegos y cumanos a territorios interiores del Imperio la situación llegó a ser desesperada. Alejo tuvo que recurrir por entonces a la confiscación de muchos bienes eclesiásticos que le aportasen ingresos con los que financiar la guerra.

Los invasores habían infringido una gran derrota a las fuerzas bizantinas en la primavera de 1087 en Dristra, posición danubiana que no resistió, abriéndoles de esa manera las puertas hacia el corazón del Imperio. La propia vida de Alejo corrió peligro en la batalla, si bien Ana Comneno describe literariamente la destreza con la que al final el emperador logró escapar. Las luchas internas mantenidas entre cumanos y pechenegos por el reparto del botín evitaron el que las consecuencias fueran más graves para Bizancio. Alejo logró firmar un tratado con los pechenegos, los cuales decidieron romperlo poco después. El emperador casi siempre intentaba frenar diplomáticamente y mediante generosos regalos los posibles conflictos militares, para que los mismos no se reprodujesen en las distintas fronteras hasta extenuar al Imperio. Y es que los enemigos circunstanciales eran muchos, contándose entre ellos los turcos, los normandos e incluso los cruzados. El manejo astuto de las alianzas era fundamental para la supervivencia del estado. Así, en la primavera de 1091, Alejo recurrió al apoyo de los cumanos para enfrentarse con más garantías a los pechenegos, logrando derrotarlos en Lebunio. Contribuyeron a la victoria bizantina 500 caballeros enviados por el conde Roberto I de Flandes, escogidos personalmente por él mismo, que además regaló al emperador 150 caballos excelentes.

Entre los episodios que se sucedieron durante la guerra contra los pechenegos hubo uno especialmente emotivo. Se trata de la formación de un contingente de soldados demasiado jóvenes, conocido como el batallón de los Arcontópulos (“La Alexíada”; VII; VII; 1-2). Estaba constituido por 2000 muchachos de edad no precisada, que según la descripción de Ana Comneno tenían la barba recién salida. La escasez de soldados y lo crítico de la situación bélica habían obligado a Alejo a ordenar su reclutamiento, buscándolos por todas partes. Eran hijos de soldados ya caídos. Se les puso el nombre de Arcontópulos, como si fueran hijos de Arcontes, en honor de sus padres, para que tuvieran siempre presentes la nobleza y el arrojo que habían demostrado éstos en vida. El definir a sus padres como Arcontes, algo propio de la obsesión bizantina por los títulos y la invención de cargos, era tremendamente prestigioso, pues equivalía a otorgarles de manera póstuma una función rectora dentro del Imperio, a pesar de que la mayoría habían sido sólo humildes soldados. Se realizó todo un ejercicio de adoctrinamiento para convertir a los jóvenes reclutas en extremadamente osados, pues desde una edad tan temprana se les inculcaba valores militares, entremezclados con una perspectiva generacional de la defensa secular del territorio patrio. Y ellos efectivamente respondían en los entrenamientos para el combate con tremendo ardor. Chirría entre nosotros la utilización de soldados tan jóvenes, casi niños, así como su manipulación educativa para transformarlos en guerreros de élite, capaces de entregar su corta vida en sacrificio por la pervivencia del estado. Estos escrúpulos morales debieron también hacer mella en Alejo, que aunque fue el creador del batallón dio muestras de profundo pesar ante la muerte de algunos de sus miembros, hasta el punto, siempre según la versión de su hija historiadora, de llorar por ellos y repetir entre lágrimas sus nombres. Esta supuesta afectación es quizás una excusa para hacer menos odiosa la existencia misma del batallón.

Todo parece indicar que aunque tras la muerte de Alejo el batallón de los Arcontópulos siguió existiendo, su uso militar pasaría a ser secundario, convirtiéndose más bien en una escuela para futuros soldados, destinados a integrarse en otros cuerpos de élite. En su diseño puede rastrearse la influencia por un lado de la compañía sagrada tebana, en la que se hacía hincapié en el compañerismo por binomios, y por otro lado de la precoz formación militar a la que eran sometidos los niños de los aristócratas espartanos. Ambos conceptos son relacionados por Ana Comneno al aludir erróneamente al origen lacedemonio de la compañía sagrada. En la guerra contra los pechenegos, la participación de los Arcontópulos consistió en el ataque por la retaguardia a los carros enemigos mientras éstos se desplazaban entre las ciudades de Taurocomo y Cariópolis. Su objetivo era abatir a los hombres que iban en lo alto de los carros para frenar su avance. Fueron respaldados en la acción por otras fuerzas especiales bizantinas. Tropas pechenegas emboscadas a los pies de una colina rechazaron el ataque, causando entre los Arcontópulos unas 300 bajas. Su impecable comportamiento en la jornada tuvo que servir como acicate a los soldados bizantinos más veteranos. No se vuelve a mencionar la intervención de los Arcontópulos en los combates, que progresivamente se decantaron del bando constantinopolitano. Ello refuerza la idea de que el recurso a soldados tan jóvenes se dio sólo en circunstancias críticas. La impresión producida por la muerte ante los pechenegos de unos 300 muchachos, arrebatados sin que su cuerpo hubiera al menos terminado de constituirse, tuvo que ser demasiado dolorosa como para permitir que volviera a repetirse.

En la historia encontramos más ejemplos de confección de divisiones militares de adolescentes, formadas en ocasiones cuando la guerra ya se había cebado con la muerte de buena parte de los soldados de mayor edad, anunciándose con ello el final rápido de la contienda. Con frecuencia se les encomendaba funciones de menor riesgo que contribuían al sostenimiento del esfuerzo bélico desplegado por el país. La formación militar a edad temprana fue implantada por regímenes fascistas y totalitarios, que pretendían así controlar cuanto antes el pensamiento y la fuerza de los individuos, sometiéndolos al cuestionable interés de la nación. En época reciente también ha sido habitual la integración de niños en los ejércitos, más común entre grupos rebeldes que en los contingentes estatales, donde se suelen cumplir mejor las normas de edad en el reclutamiento. El exterminio sistemático de algunas etnias por parte de estados opresores o etnias rivales las llevaba en algunos casos a la medida desesperada de armar hasta a sus niños, pensando que así protegían mejor su vida. Lo relacionado con la guerra atrae de forma misteriosamente primaria a muchos niños, por lo que su ideologización temprana puede transformarlos en abnegados combatientes. Por fortuna el sentido común y el grado de civilización alcanzado por la mayoría de las culturas tienden a evitar la implicación de los niños en los enfrentamientos armados. Las dificultades económicas por las que atraviesan muchos pueblos, si se mezclan con conflictos étnicos o religiosos, suponen un riesgo alto de estallido de guerras, en las que tanto directa o colateralmente sufren tremendamente los niños. El adolescente, aunque crezca en un marco político y económico injusto, aunque su grupo étnico se vea privado de derechos, aunque su pueblo esté sometido por otro pueblo, aunque se sienta miembro de una clase ninguneada, aunque se agolpen en su mente los agravios, debe formarse y esperar. Debe escuchar, hacerse con ideas poderosas, y elaborar otras con las que hacer triunfar la causa de su pueblo, la causa del pueblo. No debe emplear las armas, tiene otras formas de combatir. Quizás mientras crezca llegue una solución diplomática o pactada al conflicto planteado. No ha llegado su momento. Cuando llegue, demostrará sobradamente su valor.

martes 1 de diciembre de 2009

GITANA EMERITENSE

Impresiona el mirar un retrato antiguo, hecho con pretensiones realistas por las manos de un artista anónimo. Si no hay testimonio fotográfico del aspecto real de la persona, pueden sobrevenirnos las dudas acerca del grado de semejanza del retrato que miramos con respecto al modelo original, especialmente si sólo se posee ese retrato de dicha persona, lo que invalidaría el criterio comparativo. La escultura, al reproducir los volúmenes, aumenta la sensación de veracidad en la transmisión histórica de los rasgos físicos del sujeto, pero en muchos casos no recurre a la policromía, factor de la realidad en que la pintura le aventaja. Si tenemos en cuenta el número de individuos que han existido desde el origen de nuestra especie, el porcentaje de personas retratadas antes de la invención de la fotografía es ínfimo. Y mucho menor aún si seleccionamos sólo los retratos efectuados con la capacidad técnica necesaria para mostrar los rasgos reales de los sujetos, aunque haya siempre cierto alejamiento involuntario o provocado en su captación, por querer por ejemplo embellecer o afear su esencia material, idealizándola o mundanizándola. Un retrato de características fieles tiene la facultad de revivir en cierto modo a la persona, de sacarla de sus coordenadas espacio-temporales para ser contemplada en otro contexto histórico. Es una superación iconográfica de la muerte, lo que explica que muchos retratos antiguos fueran realizados por motivos religiosos o funerarios, cuando la persona enfermaba de gravedad, se hacía anciana o moría, a veces con intención de santificarla, heroizarla o deificarla. Este tipo de retratos buscaba normalmente reflejar a la persona en cierto esplendor vital, aun dentro de la vejez, ocultando la debilidad que acababa con su vida. Algunos retratos se realizaban como reconocimiento hacia alguien que por sus actos o creaciones se había hecho digno del recuerdo, o como muestra de la vanidad de los gobernantes del momento. Se incurría con frecuencia en el error de identificar la grandeza de un alma con la belleza de su presencia física, cuando no tiene por qué haber correspondencia entre ambos elementos. O se caía en el extremo opuesto, intentando reflejar la vileza de un individuo mediante la deformación de su imagen. En ocasiones el retrato era críptico, cuando por ejemplo servía en realidad con fines alegóricos o para mostrar a un personaje religioso o de otro tipo. Es decir, se usaba un modelo real para hacer de otro individuo o deidad, despersonalizando su esencia.

Un tipo de retrato específico que se presta a hacer conjeturas sobre él es el realizado por un artista desconocido con un modelo desconocido. Intuimos o es casi seguro que se trata de un retrato, pero sin que podamos poner nombre ni al autor ni a la persona reproducida. Se trata en cierta forma del tiempo retenido en el rostro y en los miembros de una persona que realmente existió, y de cuya existencia ha quedado constancia. Habrá quien piense que un retrato de quien no conocemos el nombre pierde gran parte de su valor como retrato, como si encontrásemos la fotografía de un desconocido caída en la calle. Pero este misterio acerca de la identidad del modelo no hace sino reforzar el carácter esencialmente humano del retrato. A la vez, cuanto más antiguo es el retrato, más llamativa se nos hace la comparación de los rasgos que son consustanciales a toda persona con los elementos sometidos a las alteraciones diacrónicas, susceptibles de ser estudiados en análisis iconológicos (peinados, atuendos, joyas…). El salto temporal dado por la imagen de la persona retratada desafía al olvido, y nos traslada en cierta manera a la época en que se desarrolló el conjunto de sus circunstancias personales. El retrato de una joven hispanorromana es el retrato de quien nunca ha montado en avión y de quien nunca ha ido al cine, pero sí de quien tiene nuestra misma conformación ósea, un envase humano y todo un conglomerado de aspiraciones, vivencias y sentimientos. Debemos considerar que su forma física es única, parecida a la de todos, pero única. Ahí radica la capacidad para conmover de su retrato, a pesar del vacío que pueda haber en su mirada, al remitirnos a alguien concreto de hace mucho tiempo, de código genético similar al de todos pero único, y a la vez imbricado con el nuestro.

En ocasiones queda la duda de si el retratado es el propio artista, aunque el carácter anónimo de sus realizaciones no invita a pensar en su deseo de inmortalizarse a sí mismo. Quien hacía algo bello y trabajoso sin ponerle su propio nombre contribuía también a enfatizar el carácter universal de su creación. Pero aun así él no tenía mil manos, sino sólo dos, o tal vez una. Es decir, era un individuo concreto sumergiéndose en la oscuridad de la historia, para que quedase sólo el testimonio físico de las características de lo realizado. El retratista se dedicaba a atrapar esencias, a convertir la carne en piedra, metal o color capaz de enfrentarse al devenir. En sus prácticas le saldrían retratos poco acordes con el original. Pero… ¿Y si tenemos la suerte de mirar su mejor retrato, el más próximo al modelo? Que parezca que en cualquier momento va a pestañear o a echarse a andar. No una persona abstracta, sino la persona retratada, un individuo que existió. Esta obsesión de fidelidad con respecto al modelo no tiene por qué ser paradigma de una mayor calidad artística, pero sí que tiene mayor poder evocador, mayor capacidad para recrear el pasado. El canon de belleza de una imagen esteriotipada de Venus contrasta históricamente con el retrato de una desconocida mujer lusitana. Ambas piezas tienen un destacado valor artístico y documental, pero la segunda incorpora el atractivo de hacer referencia a una desaparecida mujer real.

En el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida se conserva un amplio repertorio escultórico que incluye el busto de mármol blanco de una mujer joven conocida como “la gitana”. Este sobrenombre le fue dado por su peculiar corte de pelo, de largas patillas curvadas hacia delante, parecidas a las de algunos peinados dilatadamente mantenidos en el Sur peninsular. Es un tipo de patillas que se usó también en peinados femeninos de la década de 1920, conforme a modelos de reflujo difundidos desde París. El corte de pelo que luce esta dama hispanorromana está bastante aplastado, contribuyendo a definir la forma de la cabeza. Incluye flequillo corto y aladares algo rizados. En la mitad anterior de la cabeza el pelo está acusadamente peinado hacia delante, mientras que en la mitad posterior, cuyo inicio se marca mediante un resalte, el pelo de la joven se peina hacia atrás, formando un mazo largo en su terminación, que cae sobre el cuello hasta el arranque de la espalda. Es un peinado característico de la época julio-claudia (27 a.C. – 68), período que engloba a los emperadores Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Los retratos realizados en esa época dan muestras por lo general de un menor realismo que en el período republicano, suavizándose los rasgos, que se redondean, marcando menos los huesos faciales. Son elementos técnicos presentes en el retrato de “la gitana”, de carita intensamente pulimentada, que aun así se ajusta a criterios bastante realistas, como la inclusión de pequeñas marcas de expresión, todo lo cual permite fechar el busto hacia el cambio de era. Los lóbulos de sus orejas, las cuales quedan totalmente visibles, llevan unas perforaciones que permitirían insertar pendientes. Como divertimento la mujer retratada podía ponerle a su busto sus propios pendientes, dando así al mismo mayor sensación de viveza, combinando la piedra con el metal. Este tipo de perforaciones en las orejas de las esculturas femeninas se documenta también en otros bustos aproximadamente contemporáneos, como el de Julia Agripina “la menor” (15 – 59), también hallado en Mérida, uno de Azaila (Teruel) y uno de Pollentia (Baleares). Su mirada de grandes ojos no tiene mucha expresividad por no marcarse en ellos el iris y la pupila, pero sí que están bien definidos los párpados, las cejas arqueadas y los lacrimales. La pieza presenta diversos golpes y rasguños (cicatrices de la historia), así como la nariz rota. Bajo su fuerte cuello se marca la túnica mediante varias estrías curvas a modo de someros pliegues. La parte inferior de la pieza está simplemente desbastada sin tallar, sirviendo así de base cuadrangular para poder ser insertada en un soporte de fijación. El retrato de “la gitana” parece corresponder a una joven lusitana de familia aristocrática. Pudo ser hecho para reafirmar su presencia en un contexto en el que ella estuviese o no de manera cotidiana. Es decir, pudo estar expuesto en su propia casa o en la de unos familiares, o pudo mandarse hacer con motivo del ritual funerario. Sus llamativas patillas dan a la imagen cierto carácter autóctono, como si se hubiesen querido mezclar en el peinado elementos metropolitanos con otros de raigambre indígena, de rusticidad hispana (Una aristócrata de villa en la capital de la Lusitania). No parece sólo un rostro creíble, ligeramente idealizado, sino un encargo privado para inmortalizar a una mujer que existió de verdad.
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