jueves, 1 de diciembre de 2016

BARAJA PRERROMÁNTICA ALEMANA


Este artículo es una descripción de los grabados de una baraja impresa en Alemania en 1805, y luego reproducida en 2004 a partir de un ejemplar conservado en Vitoria, en el Museo Fournier de Naipes de Álava. Las doce figuras principales de la baraja son personajes tomados de la obra de teatro "La doncella de Orleans", drama estrenado en Leipzig en 1801, interpretación libre de la vida de Juana de Arco. La obra fue escrita por el autor prerromántico alemán Friedrich Schiller, figura clave del clasicismo de Weimar. Su tono épico se opone al poema satírico que con el mismo nombre había compuesto en versos decasílabos Voltaire. La elección del tipo de baraja y del tema cohesionador de las figuras principales revela la importante influencia que tenían a principios del siglo XIX la lengua y la cultura francesas, tanto en los círculos editoriales alemanes como en general en los más diversos ámbitos formativos europeos. En los grabados de la baraja se entremezclan vivencias hogareñas, escenas divertidas y experiencias tristes, reflejando en definitiva el curso normal de la existencia de la época. El desequilibrio característico que adquirirá la estética romántica, por entonces no del todo definida, se ve en la baraja compensado por muchas situaciones de tranquilo discurrir, dulce convivencia y juegos infantiles. La impresión general que se transmite es la de una sociedad más consciente de su conexión con la naturaleza y su dependencia de la misma, actuando el hogar como refugio ante los peligros e incomodidades. Se da así mismo una imagen de mayor fragilidad personal, convirtiendo por tanto cada instante vivido en más intenso, con implicaciones emocionales de mayor calado. Los proyectos en la mente romántica no eran a largo plazo, algo a lo que contribuía el escaso desarrollo alcanzado aún por la ciencia, la medicina y los sistemas de protección social. La desazón interior que martilleaba al sujeto se traslucía luego en sus escritos, marcados por un acentuado individualismo del que harán gala los autores adscritos al nuevo movimiento literario.  

As de Tréboles. - Esta carta actúa como presentación de la baraja. En ella se indica que la edición fue realizada en Tubinga por el librero J. G. Cotta. Tubinga es una ciudad alemana de larga tradición universitaria, perteneciente al land meridional de Baden-Wurtemberg. El dibujo, correspondiente a un coleóptero o escarabajo, nos remite al interés creciente por la descripción detallada de las distintas especies animales y vegetales, conforme a las propuestas ilustradas. Éstas eran promotoras de un mayor conocimiento de la realidad, basándose en criterios científicos que favoreciesen el progreso humano.  
2 de Tréboles. - La escena nos remite al interés colonialista de las potencias europeas por territorios exóticos de los que llegaban cada vez más noticias, y cuyos recursos suscitaban toda clase de ambiciones. En un paisaje bastante árido, con predominio de palmeras, un indígena practica el tiro con arco, actuando como diana el escudo que sostiene despreocupadamente su compañero. Se acentúa peyorativamente lo primitivo del armamento. "El buen salvaje", entendido según el pensamiento prerromántico de Rousseau, pronto conocerá los excesos y delirios de la arrolladora civilización.

3 de Tréboles. - Cuatro personajes cómodamente sentados representan tres generaciones sucesivas. En la butaca central un hombre lee en voz alta un libro, sobre todo para que escuche la narración la mujer mayor que está frente a él, y que tal vez sea su madre o su suegra, ya de vista débil. Entretanto su esposa mantiene en el regazo al pequeñuelo de la pareja, el cual, a pesar de su menor conocimiento del mundo que le rodea, es el único que mira más allá de la escena, hacia el espectador. Los tres adultos tienen la cabeza ligeramente inclinada hacia delante, absortos de forma respectiva en la audición, la lectura y la contemplación.

4 de Tréboles. - Este grabado se inspira en el poema "Lenore", compuesto en 1773 por el escritor alemán Gottfried August Bürger. El poema se refiere a una joven llamada Lenore, desesperada por la ausencia de su prometido Guillermo, el cual se había marchado a la guerra. Esta angustia la lleva a renegar de Dios. A medianoche un jinete de aspecto parecido a Guillermo se le aparece, invitándola a subir a su caballo para conducirla al lecho nupcial. Ella acepta. Ambos cabalgan a gran velocidad por un siniestro camino transitado por muertos. Llegados al camposanto, el caballero revela su condición de espectro, permitiendo que los muertos del lugar se hagan con Lenore y la castiguen.

5 de Tréboles. - El mismo escarabajo de la primera carta se ve acompañado en esta ocasión por otros cuatro insectos, orientados de manera variada. Se trata de un lepidóptero o mariposa, dotada de cuatro alas, y de tres himenópteros alados, probablemente abejas, siendo una de ellas, con el abdomen más grande, una reina. Para poder formar parte de un tratado científico, a la imagen le faltarían los textos explicativos. Al ser los insectos los animales con mayor número de especies, muchas de ellas aún por descubrir, resultaban para los primeros biólogos una excelente vía de aproximación al estudio de la diversidad natural.


6 de Tréboles. - Desde el exterior de una casa de piedra, a través de una ventana enrejada con patrón romboidal, vemos una escena muy triste. Un hombre enfermo descansa, mientras en la cabecera de su cama se sitúa un joven, con las manos juntas, rezando por su recuperación. El rostro del enfermo expresa dolor físico. Su boca está abierta, como si le costase respirar. La cara del joven refleja el dolor anímico, la pena de ver sufrir a alguien muy querido, quizás su padre. Una silla vacía al fondo amenaza con la sensación de soledad en la que la casa puede quedar sumida si fallece el enfermo.

7 de Tréboles. - Unos feriantes, con ayuda de la música, intentan atraer al público para ganar dinero con sus animales amaestrados. Las figuras humanas son tres: un niño que baquetea el tambor, un hombre que toca la flauta y otro hombre que sujeta una cadena, mediante la cual se mantienen cerradas las fauces de un pobre oso. Sobre él hay un monito que maneja una vara. En la escena aparecen también dos perros, ambos vestidos como si fuesen personas, manteniéndose uno de ellos erguido sobre sus patas traseras. Un gato, en elegante pose, mira al exterior de la carta sin desvelar su misteriosa capacidad.


8 de Tréboles. - La mariposa de esta carta da idea de belleza y fragilidad. Las manchas y las características formales de sus alas permitirían a un entomólogo identificarla. Las flores de la parte inferior aluden al tipo de alimentación de los lepidópteros. Las mariposas liban el néctar del interior de la flor mediante su espiritrompa. Cada especie suele estar vinculada a una o varias especies de flores, contribuyendo asociativamente a su polinización. La fase adulta, que en ocasiones dura solo unos pocos días, viene precedida por la de oruga, metamorfoseada luego en la crisálida.

9 de Tréboles. - Se trata de una escena galante, encuadrada en una arquería gótica, con numerosos lóbulos. Los vanos muestran un hermoso paisaje, con montes, torres, un meandro fluvial y árboles torcidos. En una bancada, a cierta distancia, están sentados un hombre y una mujer, que en ese instante no hablan. El hombre parece pensativo, se inclina hacia la mujer. Su ropa, el tocado de plumas y la cercanía de su perro le confieren un aire noble. La mujer se muestra dispuesta a escuchar lo que el hombre pudiera decirle, por si fuera interesante. El lugar y el momento son propicios para el cortejo.

10 de Tréboles. - Es una de las tres cartas de la baraja en que un nutrido grupo de personas parece disfrutar de una celebración carnavalesca. Predomina en los rostros la alegría, salvo en la mujer disfrazada de monja, de porte más severo. Pueden distinguirse pelucas dieciochescas, tocados emplumados, golillas, capas, mantos, capuchas... Algunos de los personajes han optado por llevar antifaces, acrecentando así la sensación de poder ser por un día alguien distinto o alguien desconocido, más libre para actuar y más libre de los juicios ajenos. Larra titulará más tarde uno de sus relatos críticos: "El mundo todo es máscaras. Todo el año es carnaval".

Sota de Tréboles. - Arrodillado y lloroso aparece en esta carta el caballero galés Montgomery, al que en la obra de Schiller no duda en matar Juana de Arco, desoyendo sus muchas súplicas y recriminándole: "¿Quién os llamó a este país extraño, para devastar sus campos cultivados con esmero, para arrojarnos de nuestros lares patrios, y para lanzar la tea incendiaria de la guerra en el santuario de pacíficas ciudades? Soñabais, en vuestra vanidad insensata, que someteríais a los franceses libres a vergonzosa esclavitud, y que remolcaríais este vasto reino, como una barquilla, con vuestro buque de alto bordo. ¡Insensatos! Las armas reales de Francia están suspendidas del trono de Dios; y antes arrancaríais una estrella del cielo que una aldea de este país, cuya unión será eterna. Llegó el día de la venganza; ninguno repasará vivo la mar sagrada, que Dios puso entre vosotros y nosotros, y que, al desobedecerlo, profanasteis". En esta imprecación queda claramente reflejada la exaltación del sentimiento nacionalista presente en el ideario romántico alemán, que aspiraba a la reunificación de sus muchos principados, y que se ponía en este caso en la piel de una Francia bajomedieval carcomida por la dilatada actividad militar inglesa. El determinismo geográfico del océano como frontera adquiere en el texto un cariz de voluntad divina. Este misticismo, la justificación espiritual, fue un elemento característico de los procesos de emancipación de muchos estados desde fines del siglo XVIII. Había en los independentistas (unionistas en Italia y Alemania) la convicción de que sus justas causas eran amparadas por la providencia, lo que garantizaba su brillante culminación. En cuanto a si Juana de Arco mató realmente a algunos enemigos hay bastantes dudas. Ella prefería llevar el estandarte a manejar la espada. Matara o no directamente a sus adversarios, el que estuviera allí, en medio de las batallas, motivaba muchísimo a los soldados franceses, incitándoles a luchar por la liberación del país.

Dama de Tréboles. - Luisa y Margarita son dos jóvenes inventadas por Schiller, que las convierte imaginariamente en las hermanas de Juana de Arco. En la obra teatral, el padre de las muchachas se muestra orgulloso de que las dos primeras acepten a sus pretendientes, y desespera en cambio por la actitud irreductible de Juana. El padre señala con disgusto los paseos nocturnos de su hija y el que esté largos ratos junto al árbol de los druidas, hito relevante de la época del paganismo. Le causa pena y dolor el que rechace a cualquier pastor que se interese por ella, no valora su enorme capacidad de trabajo, e intenta apartarla de las aventuras guerreras. Con motivo de la coronación de Carlos, Luisa y Margarita van a Reims junto con sus parejas masculinas, pudiendo contemplar allí la elogiosa condición adquirida por Juana tras su participación en el levantamiento del asedio de Orleans. Logran verla participando en el desfile, muy galana con su armadura y portando su bandera, pero a la vez muy triste. Luisa teme el que puedan cumplirse las funestas premoniciones de su padre sobre Juana, a la que ha percibido temblorosa y pálida. Juana saluda con gran sorpresa a sus queridas hermanas, agradeciéndoles el haber viajado desde tan lejos para estar con ella. Sus hermanas le alertan de la oposición de su padre, lo que hace que aumenten en Juana las dudas acerca de si ella misma no estará actuando de forma demasiado vanidosa, guiada solo por un deseo de gloria personal. Se muestra escrupulosa en temas de conciencia, a lo que contribuirían las voces de procedencia sagrada que creía escuchar. Juana se siente traspasada al ver de nuevo a su padre y al escucharle declarar ante todos en contra de ella, casi considerándola endemoniada. La postura de Juana es de máximo respeto hacia su padre, callando, no defendiéndose, provocando así que muchos de los que antes la admiraban se distancien de ella con espanto, como si fuese bruja. Sale a relucir constantemente en el agitado pensamiento de Juana la inestabilidad de su destino místico.

Rey de Tréboles. - En la carta está representado, junto a unas ovejas y con cayado de pastor, Renato (1409-1480), duque de Anjou, conde de Provenza y, en virtud de su matrimonio, duque de Lorena, la región de donde provenía Juana de Arco. Se le representa con la corona de Sicilia a sus pies porque solo pudo hacer efectivo su poder como rey de Nápoles entre 1435 y 1442, retirándose luego a sus posesiones de Francia, dejando así el dominio del Sur de Italia a Alfonso V de Aragón. En la obra de Schiller se le describe erróneamente como un anciano, cuando en realidad tenía unos veinte años en el momento de máxima actividad militar de Juana de Arco. Se aprecia un error de sincronía histórica al señalarse en la obra teatral que ya Renato había sido desposeído de sus territorios itálicos, dedicándose desde entonces a conformar una utópica corte en la que primaban los buenos instintos, la integración con la naturaleza y el amor cortés. Este tipo de actividades le llevaron a ser conocido como "El Buen Rey". No se desligó completamente del ejercicio de la guerra, apoyando por ejemplo la revuelta catalana (1466-1472) contra Juan II de Aragón. Su madre, Yolanda de Aragón, fue la protectora del delfín Carlos, a quien casó con su hija María. Yolanda recomendó al delfín que aceptase la ayuda de Juana de Arco, pues el ímpetu visionario de ésta podría aumentar sus apoyos sociales en el interior del país. Una vez lograda en la catedral de Reims la coronación de Carlos, se aprecia el progresivo distanciamiento de la corte con respecto a las alocadas ideas de Juana, lo que se tradujo en la disminución del séquito militar asignado a la misma. Era como si se buscase el que fuese prendida por los ingleses, quizás para poder convertirla de forma indirecta en mártir de Francia. En la obra de Schiller, Renato envía como embajadores a su cuñado, el delfín Carlos, unos maestros de canto. Éste lamenta no poder obsequiarles con nada por la penuria que atraviesa su causa, debiéndole incluso a los soldados las últimas pagas.

As de Picas. - Es la imagen elegida en la edición de 2004 como portada de la caja, lo que revela que se ajusta bien a la visión actual de cómo fue el pensamiento romántico alemán. Una mujer de porte melancólico observa la luna decreciente. Parece llena de anhelos, la mayoría de difícil cumplimiento. Su trono es la naturaleza, una roca frente al mar tranquilo. Su sencillez es majestuosa, no sabe que ella es lo que sueñan cientos de hombres presionados por la inmediatez del mundo. La luna es el vínculo visual de todas las generaciones humanas. Actúa sobre la mujer, que imita su ciclo, la altera como altera al mar.


2 de Picas. - Es una imagen fantasiosa, cuyos elementos principales se organizan verticalmente. Un amorcillo, reminiscencia estética de los períodos rococó y neoclásico, intenta atrapar una enorme mariposa. Tanto ésta como el ancla de la parte inferior se disponen en el grabado de manera simétrica sobre el eje central de la carta. La pesada ancla, fija en la tierra y con el mar sosegado al fondo, transmite la idea de seguridad, pero incorporando matices de estatismo y aburrimiento. Ello lleva al amorcillo a preferir jugar con una mariposa, encarnación de la vida, el movimiento, la alegría y la belleza.

3 de Picas. - Dos mujeres manifiestan gran aflicción por la muerte de un ser querido, cuyo cuerpo está ya en el ataúd, que aún no ha sido sepultado. Mientras que una de las mujeres se enjuga el llanto con un pañuelo, la otra, arrodillada junto al féretro, gesticula y se lamenta por el terrible suceso. Se trata de la dolorosa despedida a los restos materiales de una persona que fue muy importante en sus vidas. Una tela cubre parcialmente el ataúd, suavizando así la visión lúgubre de la fría caja. La escena se desarrolla en el exterior, lo que da idea de la proximidad del entierro, sirviendo de fondo una pared con banco corrido.

4 de Picas. - Los enterradores están haciendo un descanso tras cavar con sus palas parte del agujero en que será depositado el féretro. Un muro delimita el espacio sagrado en que se encuentran. Dos árboles ilustran la concepción del cementerio como jardín santo. Mientras que algunas lápidas y sepulturas parecen ya las definitivas, dos señalizaciones revisten seguramente carácter temporal, por el empleo de simple madera, si bien una de ellas incorpora una escena compleja. Este grabado es sin duda un tributo hacia los sepultureros, a quienes los artistas románticos admiraban por la familiaridad que tenían con la muerte.

5 de Picas. - Ha pasado ya algún tiempo desde la muerte del ser querido. Las dos mujeres van a visitar su tumba, que continúa con la misma señalización inicial de madera. En ella quiere enredarse un arbusto que ha crecido sobre el montón de tierra. El ciclo vegetal continúa su curso donde la vida ya se ha detenido para los hombres. Las mujeres, con la cabeza cubierta en señal de luto, se quedan un rato allí, que es donde se sigue haciendo más palpable la presencia de esa persona tan importante para ellas. Una de las mujeres reza arrodillada, mientras que la otra coloca guirnaldas de flores, embelleciendo brevemente el sitio.


6 de Picas. - Hermanas o amigas, dos mujeres juegan sentadas con uno de sus pequeños, mientras el otro, más mayor, observa alegre desde el suelo, junto a un mullido transportín. Sus esposos comentan algo escrito en un pequeño libro. Ambos visten un uniforme similar, con casaca y casco empenachado. Solo uno de ellos, tal vez de mayor rango, lleva charreteras. Disfrutan de un permiso que les permite estar con su familia, o están destinados cerca de su propia ciudad. El peligro implícito en su desempeño militar contrasta con la seguridad del ambiente de la casa, en la que todo transmite felicidad.

7 de Picas. - Siete monjas, vestidas con hábitos blancos, asisten a algún tipo de oficio conforme a lo establecido por su orden. Una de ellas, quizás la superiora, lleva sobre el pecho una gran cruz de madera. Las tocas impiden ver el pelo de las monjas, corto como signo de renuncia. Se entremezclan las jóvenes y las mayores, exagerando el dibujante algunas narices para evitar la estandarización excesiva de los rostros. El número de consagrados era todavía alto en la Europa de inicios del siglo XIX. Frente al formal deísmo ilustrado, seguidor de las luces de la razón, los autores románticos retoman las raíces del sentimiento religioso y las tinieblas de la fe.

8 de Picas. - Entre los espacios favoritos de los románticos se encontraban las ruinas, al ser éstas testimonio de la vanidad humana y del triunfo de la fuerza de la naturaleza sobre las obras efímeras de los hombres. En este grabado la vegetación se ha adueñado de un gran edificio de piedra, por cuyas numerosas ventanas ya nadie se asoma. Sigue en cambio en uso una agradable fuente de varios caños, rematada por la escultura de un águila. Un personaje con fusta y sombrero de tres picos se aleja en su montura, cargada de fardos, mientras que el otro jinete permite aún a su caballo, mulo o asno continuar bebiendo de la fuente.

9 de Picas. - Es una escena familiar protagonizada por un matrimonio con sus cinco niños. Es difícil determinar el sexo de los niños al vestir todos ellos con el mismo tipo de camisón largo. Tres de ellos juegan con un carruaje de juguete, otro busca cariñosamente las atenciones de su madre y el último parece interesarse por los pajarillos encerrados en una jaula. El padre observa de pie a sus inquietos hijos. El que lleve puesto el sombrero quizás indica que acaba de llegar o está a punto de irse. El lugar forma parte de la casa familiar, pero está en el exterior, viéndose delimitado por un muro adornado mediante un jarrón.


10 de Picas. - En esta ocasión, de los personajes que disfrutan de la fiesta de disfraces, solo uno de ellos no oculta nada de su rostro, tal vez por la dificultad añadida de portar sus lentes. El supuesto animal presente en la escena parece un pequeño oso, extraño invitado que nos lleva a considerarlo como el posible disfraz de un niño. Los divertidos tocados y los atuendos amplios contribuyen también a ocultar las identidades, hecho que puede atizar la curiosidad y el deseo de quienes tengan la ocasión de hablar. El conocimiento previo o la confianza adquirida llevan en este caso a un hombre a quitar el manto que cubre la cabeza de una mujer.

Sota de Picas. - Lionel de Vendôme, en la historia real, es un personaje relacionado con el apresamiento de Juana de Arco. Un arquero borgoñón bajo su mando logró derribarla del caballo, poniéndola a su disposición. Lionel, noble bastardo, vasallo del duque de Luxemburgo, negoció su entrega a quienes finalmente la juzgaron y condenaron al fuego como hechicera. En cambio, en la obra teatral de Schiller, Lionel es un valeroso capitán inglés por el que Juana siente un profundo afecto, parecido al amor. Teniendo oportunidad de darle muerte, Juana decide perdonarlo. Los acontecimientos ponen luego a Juana bajo la custodia de Lionel, que se muestra indulgente con ella, solicitándole que sea suya. Ella responde: "Tú eres mi enemigo, y el enemigo odioso de mi pueblo. Nada puede haber común entre tú y yo. No puedo amarte". En la carta aparece caído en el suelo el yelmo que Juana había arrancado con violencia a Lionel cuando pensaba que su voluntad no iba a vacilar a la hora de matarlo. Lionel sostiene la espada de Juana, que ésta había dejado caer conmovida por su propia flaqueza sentimental hacia el oficial inglés. Lionel opta por llevarse la espada de la joven como garantía de que se producirá un nuevo encuentro entre ellos. La documentación relacionada con la vida y el proceso judicial de Juana de Arco revela que tuvo dos espadas. La primera de ellas la recibió al ser hallada en la iglesia de Santa Catalina de Fierbois, enterrada tras el altar. Juana pidió que se excavase allí, resultando aparecer una espada que supuestamente había pertenecido siete siglos atrás a Carlos Martel, encargado de liderar a las tropas francas en la batalla de Poitiers. Su segunda espada la obtuvo como prueba de rendición por parte de Franquet d'Arras, el oficial borgoñón que conoció la última escaramuza victoriosa de Juana de Arco, ya por entonces acompañada solo de unos cientos de soldados. Cuando fue apresada, Juana llevaba esta segunda espada. No dio en el juicio indicaciones acerca de si había ordenado ocultar su primera espada.

Dama de Picas. - En esta carta aparece representada Juana de Arco con un atuendo militar que se adapta a una larga falda, cuando en realidad ella, durante su etapa pública, vistió preferentemente con ropa de varón, hecho que le valió severas amonestaciones en su proceso judicial, vigilado de cerca por los delegados ingleses. El estandarte de Juana, según la documentación disponible, consistía en un paño blanco sembrado de flores de lis, en el cual dos ángeles flanqueaban reverencialmente a Dios, destacando además en la tela los nombres en latín de Jesús y María. Durante el juicio condenatorio de 1431 se hicieron a Juana numerosas preguntas sobre su estandarte, concluyendo el tribunal que se trataba de una especie de talismán sobre el que de forma supersticiosa se habían volcado invocaciones y conjuros de protección contrarios a la verdadera fe. Juana indicó en el interrogatorio que las santas Catalina y Margarita le habían dicho que hiciese pintar en su enseña al rey del cielo y que llevase esa tela con valor. En la carta hay en cambio una bandera mariana parecida a la descrita en la obra de Schiller, con la Virgen sosteniendo al niño. En esta obra de teatro Juana muere tras un combate victorioso, cuando en verdad tuvo que pasar un año en prisión antes de ser quemada por apóstata y sospechosa de herejía. Previamente se retractó de algunas de sus declaraciones, al prometérsele que podría permanecer en una cárcel eclesiástica. Pero al comprobar que se trataba de un engaño, volvió a suscribir sus testimonios iniciales. La hoguera se levantó en la plaza del viejo mercado de Ruan. Juana pidió poder mirar durante su suplicio un crucifijo sostenido ante ella. Contaba entonces con 19 años. Fue rehabilitada por la Iglesia en 1456, beatificada en 1909 y canonizada en 1920, convirtiéndose en patrona de Francia. Schiller muestra a una Juana más pastora que labradora, experta en hierbas y raíces, con una misión liberadora clara, ansiosa por combatir incesantemente, aturdida por escrúpulos de conciencia, contraria a recibir honores y galanterías.       

Rey de Picas. - Se trata de una imagen del general inglés Talbot muriendo desangrado, conforme a lo descrito en la obra teatral de Schiller. Nuevamente estamos ante una licencia que falta a la realidad histórica. En la ficción creada por el escritor prerromántico alemán, Talbot se lamenta bajo unos árboles de la derrota cosechada ante el ejército francés de Juana de Arco, dando ya por perdida la ciudad de Reims. Gravemente herido, se despide con amargura de un mundo en el que, según su parecer, la razón cede ante el empuje de la superstición, y la locura echa a perder en un instante los planes trazados con esmero. El Talbot histórico murió en 1453, por tanto más de dos décadas después que Juana de Arco. Lo hizo en la batalla de Castillon, librada cerca de Burdeos, evento que puso fin a la Guerra de los Cien Años, obligando a los ingleses a abandonar todas sus posesiones en Francia, salvo Calais, que pudieron conservar hasta 1558. Esa batalla se considera la primera documentada en que la artillería resultó determinante para la obtención de la victoria. Talbot murió sin armadura, ya que a pesar de seguir capitaneando a las tropas inglesas, prometió, tras ser apresado y liberado en Ruan en 1449, que ya jamás portaría armadura en las acciones que emprendiese contra el rey francés. Tras la experiencia adquirida de joven en la represión de las revueltas galesas y en territorio irlandés, Talbot fue trasladado a Francia en 1420, adquiriendo por su osadía un creciente prestigio militar. Participó en el fracasado asedio de Orleans, y fue derrotado en 1429 en la batalla de Patay, donde muchos arqueros ingleses resultaron masacrados al no haber podido preparar a tiempo sus características defensas de estacas afiladas. En prisión durante cuatro años, fue intercambiado luego por un noble gascón. Siguió liderando a las fuerzas inglesas en Francia hasta edad avanzada, asumiendo la condición de Condestable desde 1445. Como general, tomaba las decisiones cruciales con rapidez, lo que se traducía en operaciones fulgurantes de gran ferocidad.

As de Corazones. - El arbolado del lugar, a pesar de ser denso, parece no corresponder a un bosque, sino a un tipo de parque caracterizado por la naturaleza desbordada. Frente al orden de los jardines versallescos, con simétricos parterres, el romanticismo propone un tipo de parque consistente prácticamente en ponerle un muro delimitador a una porción del bosque, llenando el sitio de senderos sinuosos. El enorme jarrón de la imagen podría ser un cenotafio, monumento funerario de tipo honorífico, erigido sin disponer de los restos mortales, o tal vez sea un mero adorno palaciego. Una mujer muy triste, con largo velo, se arrodilla justo en ese lugar, quizás evocando con dolor a alguien.

2 de Corazones. - Dos amorcillos disfrutan de la música en el campo. Estas figuras, similares a los angelitos de la tradición cristiana, no suelen atender a la diferenciación de sexos, pero en este caso sí que pueden distinguirse un niño y una niña. El niño, desnudo y con alas de ave, hace sonar su flauta conforme a lo que lee en la partitura que le sostiene la niña, dotada de alas de mariposa y semicubierta con un faldón. Son seres de fantasía que, perteneciendo a un ámbito mítico elevado, descienden al mundo para sembrar alegría y transmitir amor, gracias a la imaginación de los pintores de la Edad Moderna y sus deudores artísticos posteriores.

3 de Corazones. - En un frío ambiente otoñal, dos niños juegan a arar la tierra para sembrar, imitando los procedimientos vistos a los mayores. Uno de ellos hace de buey o de fuerza animal, clavando en su avance la reja en el suelo para practicar el surco. Tira de la correa que le une al otro niño, el cual maneja suavemente la fusta. El juego parece no ser divertido para una niña que, muy abrigada, se aleja. La escena revela cómo gran parte de la población europea de inicios del siglo XIX seguía muy vinculada al campo y a las duras tareas agrícolas, siendo por tanto muy fuerte su conexión afectiva con el medio natural. En un plano intermedio se alzan una casa solitaria y un árbol ya casi sin hojas. Al fondo quedan el pueblo y un monte.

4 de Corazones. - Tres amorcillos con alas de ave conducen por los aires una curiosa barquita, en la que van dos amorcillos con alas de mariposa y tres sátiros infantiles. Estos últimos, acostumbrados al jolgorio, son representados con patas de carnero en miniatura. Encarnan el deseo sexual, difícil de refrenar, dulcificado en este caso conforme a la sensibilidad artística rococó y neoclásica. Les cuesta aceptar las amonestaciones y consejos de sus compañeros de viaje. El temible cortejo mezcla metafóricamente bien lo que ocurre en el corazón de las personas, donde el amor idealizado y el apetito carnal luchan a menudo sin entenderse. Uno de los pequeños sátiros otea curioso, buscando un objetivo con el que divertirse.

5 de Corazones. - Una niña estudia concentrada. Señala con el dedo las líneas de su libro para no perderse en la lectura. Cerca de ella, sobre la mesa, hay un tintero con pluma, por si tuviese que escribir algo. En el suelo está sentado un niño medio dormido, quizás su hermano menor. Un perrito espera tranquilo a que alguien quiera jugar con él, como si estuviese habituado a ese ritmo hogareño. Al fondo de la habitación se yerguen dos trípodes. Sobre cada uno de ellos va una cálpide, forma cerámica griega utilizada para los líquidos. En este caso las cálpides van decoradas con figuras pintadas, lo que aumenta su valor ornamental para la casa, conforme al gusto neoclásico. Ojalá sean solo reproducciones, ya que los niños o el perrito podrían pronto convertirlas en añicos.

6 de Corazones. - Una mujer sentada borda un pañuelo o un trozo de tela. Cuelga de su brazo un bolsito adornado con flores y motivos vegetales, donde seguramente está guardado el material de costura. Su pelo va recogido para que no le moleste. Cerca hay alegres un niño y una niña, seguramente sus hijos. El niño, acomodado sobre la mesa, señala lo que hace la mujer. La niña, en el suelo, extiende la falda de su vestido. Las baldosas, cuadradas y con una estrella central, no han sido bien reproducidas en perspectiva. De la pared, decorada con ondas, penden dos cuadros circulares. En uno de ellos alguien mayor muestra una actitud piadosa, mientras que en el otro encontramos la imagen de un niño.

7 de Corazones. - Los dos niños de la carta anterior parecen salir también en ésta, manteniendo actitudes similares. La escena se desarrolla en otra habitación, con geometrías en el piso, líneas verticales en la pared y un cuadro de un hombre orante. Un muchacho, más retraído, permanece sentado en el suelo. Quizás se aburre ya con los juegos de sus hermanos menores. La que probablemente es su madre descansa en un mueble, cuyo diseño es intermedio entre diván y sofá. Sostiene una muñeca elegantemente vestida y con plumas en el pelo. Otra mujer, de pie, lleva junto a su pecho a un bebé, el cual va cómodamente colocado en una superficie acolchada, y está envuelto a la vez con una sabanita.

8 de Corazones. - Unos niños se disponen a utilizar una máscara monstruosa con la que asustar a otros niños de menor edad. La máscara, de rasgos diabólicos, mezcla lo humano y lo animal. Tiene cuernos de cáprido y facciones exageradas, con grandes orejas, gran nariz y grandes dientes, pero sin estar éstos afilados. Su expresión, de enfado, está diseñada para infundir miedo. La máscara dispone de un soporte alargado de madera que permitiría su uso en festejos populares. Contrastan los sentimientos malignos que inspira la máscara con la inocencia y la dulzura propia de los niños pequeños.

9 de Corazones. - Dos niñas de pie se disputan enrabietadas el control de una muñeca, tirando de ella con el consiguiente peligro de romperla. En cambio otras dos niñas, agachadas en el suelo y bien avenidas, disfrutan de las numerosas flores que recogieron en su cesto. Una de ellas lleva una coronita de flores y un ramillete, quedando así preciosamente engalanada por la sencillez de la naturaleza. Más sofisticada es la cometa que hace volar otro muchacho. La ingenua interpretación de la guerra conduce a que un niño desee ser soldado. Luce orgulloso su casco y su lanza, en la que va un cesto al revés a modo de estandarte. Quizás oyó a los adultos comentar exaltados, presas del espíritu nacionalista decimonónico, su deseo de liberar por las armas al pueblo para que éste fuese nuevamente soberano.

10 de Corazones. - Se trata de una animada clase de música, disciplina muy valorada dentro de la formación que podían recibir los niños de la época, especialmente los de las clases altas. Los instrumentos que aparecen en el grabado son la flauta, el violín, el violoncello y la mandolina, verdaderas piezas de artesanía. Entre los muchachos que no llevan ningún instrumento hay dos, un chico y una chica, que parecen centrarse en el canto. Tanto la música como el canto encajaban bien en el incipiente desarrollo de la estética del romanticismo, al tener entre sus objetivos la remoción profunda de los sentimientos, el hacer despertar las emociones, para lo cual era importante que fuesen comprensibles los textos cantados.

Sota de Corazones. - Esteban de Vignolles (1390-1443) fue un destacado militar francés, el cual participó en varios episodios importantes de la Guerra de los Cien Años, resultando por ejemplo victorioso en las batallas de Patay y Gerveroy. Era apodado "La Hire", bien por su carácter colérico o bien porque en combate parecía desatar en su persona la ira de Dios. Con frecuencia es representado en la baraja francesa en la carta correspondiente a la sota de corazones, e incluso se especula que pudo tener cierto papel en su país en la estandarización de los naipes y en la vinculación de distintos personajes a las doce figuras del juego. Fue uno de los más convencidos de la inspiración divina de Juana de Arco, a la que sirvió como escolta en momentos decisivos. Tal vez por influencia suya rezaba antes de entrar en batalla. Se fue volviendo con el tiempo más cruel en el desarrollo de las operaciones, justificando así el nombre que se le daba. Cuando Juana fue capturada y trasladada a Ruan, intentó rescatarla de allí, consiguiendo tan solo ser hecho él también prisionero. Logró fugarse de los calabozos de Dourdan para seguir acorralando en años sucesivos a los ingleses en suelo francés, siendo nombrado en 1438 capitán general de Normandía. Muchos de sus éxitos militares los compartió con su compañero Dunois, de extracción social más elevada que la suya. En su obra teatral, Schiller presenta a La Hire y a Dunois enamorados de Juana, ofreciéndose a ella con entrega total. Juana no acepta este amor, exclamando: "¡Yo soy la guerrera de Dios Todopoderoso, no la esposa de ningún hombre!" Otro de los escoltas históricos que tuvo Juana de Arco durante su breve deslumbrar fue Gilles de Rais, nombrado mariscal con tan solo 25 años. Quizás esquizofrénico, perdió totalmente el norte poco después de la ejecución de Juana, en la que había creído fervientemente. Gilles invirtió su fortuna en vejar y asesinar a cientos de niños, principalmente en su castillo de Tiffauges, hasta que la justicia decretó su ahorcamiento en Nantes en 1440.

Dama de Corazones. - Isabel de Baviera (1370-1435) fue la madre del delfín Carlos, a quien desheredó en 1420, posicionándose en favor de los derechos sucesorios de Enrique V de Inglaterra. A raíz de los cada vez más frecuentes episodios de locura de su esposo, el rey Carlos VI, Isabel había adquirido gran autoridad dentro del consejo de regencia, del que también formaba parte el hermano del rey, Luis de Orleans. Como fruto del intercambio de rumores malintencionados entre armagnacs y borgoñones, usados como propaganda política, se extendió un estado de opinión que aseguraba que el delfín era en realidad hijo de Luis de Orleans. Éste fue cruelmente asesinado en 1407 por orden del duque de Borgoña, Juan "sin miedo". A su vez Juan "sin miedo" fue asesinado en 1419 cuando dialogaba con el delfín, no se sabe si con su sorpresa o beneplácito. Isabel se desvinculó del partido de su hijo, a quien consideraba incapaz de liderar el país, involucrándose en la alianza entre ingleses y borgoñones. La obra teatral de Schiller incide en la mala reputación, quizás exagerada, otorgada a Isabel, presentándola como contraria a los intereses de Francia. En la ficción, Isabel intenta mediar entre sus aliados para que los descalabros militares cosechados ante Juana de Arco no conduzcan a la coronación de su repudiado hijo. Aun así, no es bien vista su presencia cerca de los ejércitos, al considerarla intrigante y demasiado inclinada a los placeres. Isabel pide en la obra de Schiller que se le entregue a Lionel para que la acompañe y distraiga, a lo que se le responde que ya se le enviarán en su momento los más hermosos de entre los prisioneros. Como nueva licencia a la imaginación, se hace estar presente a Isabel en la captura de Juana. La madre del delfín vuelve a cargar contra su hijo, en este caso por haber abandonado a su salvadora. Conforme a lo que indica el atuendo militar de la carta, Isabel arenga al ejército inglés, teniendo que presenciar enfurecida su derrota. Fue finalmente recluida y apartada del poder.

Rey de Corazones. - El que será el rey de Francia, Carlos VII (1403-1461), pasó una infancia y una juventud tremendamente complicadas que le dejaron mentalmente marcado, convirtiéndole en una persona muy desconfiada. Vivió de cerca el largo proceso de locura de su padre. Muchos de sus hermanos murieron siendo aún niños. Presenció magnicidios de familiares. Su madre alemana lo rechazó, pasando a conspirar en su contra. Se vio temporalmente desprovisto de muchos de sus títulos, refugiándose con su corte en pequeñas ciudades. Juana de Arco le reconoció en Chinon, a pesar del ardid dispuesto para burlarla, y le entregó un mensaje que decía venir de lo alto. Circulaban por Francia cuentos de tintes proféticos que indicaban que una joven aldeana aparecería para conducir al país victoria tras victoria. Se hizo encajar interesadamente a Juana, visionaria casi analfabeta, en este perfil y se la colocó como paladín y abanderada de las tropas, que andaban muy necesitadas de recursos y motivación. Los triunfos llegaron de inmediato: la liberación de Orleans, la jornada de Patay y la destrucción de algunas de las defensas inglesas junto al Loira. Todo ello permitió que el delfín Carlos fuese llevado en volandas a Reims, en cuya catedral fue coronado como soberano de Francia. Carlos quiso refrenar entonces el ritmo bélico al que incitaba Juana, haciéndola acompañar solo de una pequeña hueste, lo que provocó su captura. La personalidad del rey se fue robusteciendo a raíz de sus éxitos militares, diplomáticos, económicos, afectivos... En la obra de teatro de Schiller, Carlos aparece inicialmente como superficial y falto de energías, siendo su equilibrio emocional su amante Inés Sorel. Queda impresionado por el hecho de que Juana parezca conocer su pensamiento y su inminente destino. Agradecido por sus servicios, Carlos recompensa con el rango de nobleza a Juana y su familia. Permitió a la joven lorenesa tener escudo, consistente en una espada vertical en campo azul, coronada por la punta y flanqueada por dos flores de lis.       

As de Diamantes. - Con un cestillo al final de un palo un niño pretende aventurarse por el campo, tal vez en un amago de huída tras un enfado con su entorno familiar. En el cestillo llevaría unos pocos víveres y posesiones. Va preparado con un sombrero de ala ancha que le proteja del sol, pero no tiene calzado, por lo que su escapada será probablemente breve. Al comprobar lo hostil de la naturaleza, las inclemencias ambientales y la fragilidad de su cuerpo volverá pronto al hogar. Los suyos le recibirán aliviados, y cuidarán de él hasta que se convierta en un adulto, capaz de iniciar con más garantías su viaje en solitario, enfrentándose de nuevo al mundo.

2 de Diamantes. - Un amorcillo varón, con alas de ave, lleva los ojos tapados con un paño, dejándose guiar por un cachorro de perro, que le conduce al encuentro de un amorcillo femenino, dotado de alas de mariposa, con la cabeza velada y con una paloma entre las manos. La escena alegóricamente se refiere al aprecio infantil por los animales pequeños, que devuelven en la medida de sus posibilidades las  atenciones recibidas. La confianza del amorcillo en su pequeño perro se verá premiada por el encuentro con la niña, cuya paloma simboliza la inocencia y la pureza. La paloma no corre peligro en las manos de la niña, ya que logrará desasirse de ella cuando ésta, en su exceso de cariño, la apriete demasiado.

3 de Diamantes. - Tres niños en una estancia muestran sus fantasías militares. Los soldaditos de plomo que hay sobre la mesa les sirven para representar los combates que han oído que mantienen los ejércitos de los mayores. La baraja es de 1805, por tanto contemporánea de los trastornos bélicos provocados en toda Europa por el imperialismo napoleónico. Los rombos rojos simulan casi la parte superior de unas pequeñas casacas. Uno de los niños lleva sombrero y vara, mientras que otro dispone de lanza y tambor. A los más jóvenes que entraban en el ejército se les encomendaba en ocasiones más funciones musicales que el manejo de armas. Según la leyenda del Bruch, en 1808 un tamborilero catalán de unos 17 años aterrorizó al ejército invasor francés con el eco que en las montañas provocó su instrumento de cofradía.

4 de Diamantes. - Cuatro amorcillos con alas de mariposa vuelcan el enorme cesto de mimbre en que están cuatro niños, los cuales caen del mismo con sorpresa, enfado e indignación. La travesura se desarrolla en un espacio abierto, en un paraje natural. Da la sensación de que los amorcillos tienen un gran control de las diversas situaciones en que pueden verse envueltos los humanos, a quienes hacen víctimas de sus bromas pesadas, sacándoles de su plácido transcurrir. Son frecuentes en la baraja los cestos y otros objetos fabricados con mimbre, fibra vegetal muy usada para la realización de contenedores hasta la generalización de los plásticos ya entrado el siglo XX.

5 de Diamantes. - Nuevamente nos encontramos con una imagen muy fantasiosa, en la cual un amorcillo surca los cielos conduciendo una concha. La misma es tirada por tres mariposas y una paloma. El tamaño de las mariposas está agigantado, hasta igualarlo prácticamente con el de la paloma. Otro amorcillo acude, haciendo que se distraiga de la conducción una de las mariposas. Entre los precedentes más destacados de la representación de amorcillos con alas de mariposa destacan las pinturas realizadas en el palacio ducal de Mantua por el artista italiano Andrea Mantegna. Este pintor renacentista, virtuoso de la perspectiva, colocó a los amorcillos en lugares de privilegio que les permitían tener una vista óptima de las acciones humanas.

6 de Diamantes. - Una mujer joven interrumpe un instante la lectura para comprobar que están bien los niños que juegan en la estancia. Seguramente lee en voz alta para entretener así a otra mujer joven, la cual está hilando, y a una mujer ya anciana que teje. Una niña curiosea dentro de una bolsa de tela, donde quizás hay elementos inofensivos usados en las labores de costura. Las agujas y otros utensilios peligrosos están probablemente guardados en el cesto que descansa en el suelo. Un niño va haciendo girar en una madeja el hilo que produce una de las mujeres, haciendo de esta manera la bola más grande. Tanto la moqueta como el papel pintado de las paredes contienen abundantes motivos decorativos vegetales.

7 de Diamantes. - Siete amorcillos se muestran en su gigantesco nido, el cual aparentemente flota en el cielo. A diferencia de los nidos de los pájaros, frecuentados por los padres, a este nido no acude ningún progenitor. Es como si la protección que se les brinda viniese de lo alto, sin que medie una presencia física. Sus alas les garantizan el esquivar ágilmente muchos golpes. Da la impresión de que tienen todo el tiempo por delante. Hay en ellos un claro paralelismo con la representación de pequeños ángeles, siendo algo así como su versión ociosa, es decir, disponen de atributos angélicos simplemente para disfrutar de los mismos, sin que exista una determinada finalidad trascendente, como pudiera ser el ensalzar a Dios.

8 de Diamantes. - Dos muchachas están sentadas a la mesa. Una de ellas, con tocado casero y gafas, lee un pequeño libro, mientras que la otra parece observar con detenimiento un bonito vaso de cerámica, mostrando así su interés por las obras minuciosas. Entre los elementos que adornan la habitación se encuentran un jarrón con decoración figurada, un cuadro paisajístico y otro objeto de largo pie que ocupa un lugar destacado sobre la mesa. Un niño, actuando con sigilo, va a reclamar pronto la atención de las jóvenes, utilizando para ello la cuerda de un bolso de tela. Intentará sacarlas, aunque sea brevemente, de unas ocupaciones que él considera demasiado aburridas.

9 de Diamantes. - Es la tercera carta dedicada a una fiesta de disfraces, contexto característico presente en pasajes de algunas novelas románticas, ilustrando la confusión vital en que esporádicamente se enredaban por puro entretenimiento las clases sociales. En este caso destaca la conversación central de una pareja. El hombre, cuyo disfraz exagera mucho sus rasgos, se dirige a una mujer con antifaz, velo y abanico, la cual parece mostrarse reticente a aceptar las propuestas de su interlocutor. Tres personajes con gafas y rostro estandarizado aguzan el oído para intentar captar algo del diálogo. Otra pareja enmascarada muestra una mayor afinidad. La presencia de niños en la fiesta parece endulzar las intenciones de los participantes en la misma.

10 de Diamantes. - Siete niños se han hecho con el control de un carruaje de paseo. Por sus pequeñas dimensiones podría ser un juguete, si bien bastante lujoso. Mientras que unos tienen la fortuna de ir sobre él, otros lo van impulsando. Una niña sostiene alegre a su paso un precioso cántaro sobre su cabeza. Entre los niños hay uno que hace de abanderado, sujetando el palo en el que ondea una tela blanca, adornada con un cuadrado cuatripartito que contiene varios dibujos. El grabado representa en definitiva un auténtico paseo triunfal infantil por un camino inserto en un paraje campestre. Lo justo sería que los niños fueran rotando sus papeles en semejante cortejo.

Sota de Diamantes. - Raimundo es un personaje de ficción que encarna en la obra de teatro de Schiller el amor romántico por excelencia, el amor completo hacia Juana, hasta el punto de haber estado dispuesto a aceptarla incluso en los momentos en que parecía una bruja. Al principio del libro, en su aldea de Domrémy, el padre de Juana regaña a ésta por no querer casarse con Raimundo, el cual lleva ya tres años pretendiéndola. El joven disculpa todo en Juana, comportándose como alguien enteramente enamorado. Confía en que más adelante se muestre predispuesta hacia él. Raimundo describe, como si se refiriese a una aparición sobrenatural, lo que él siente cuando desde el valle ve a Juana bajando de las montañas, acompañada de su rebaño. Su impresión es la de contemplar a alguien proveniente del pasado. Raimundo intuye una sincera inspiración cristiana en las extrañas costumbres de la muchacha. Le parece humilde, servicial, hecha a las duras labores del campo, cuya producción hace aumentar con esfuerzo. A pesar de la prosperidad familiar, el padre tiene malos presentimientos sobre el futuro de su hija, a la que quiere apartar de la frecuentación de los espíritus. Se aprecia en las palabras que Schiller pone en boca del padre de Juana el interés que tenían los autores románticos por las distintas formas de conexión con el Más Allá. Raimundo hace recordar cómo Juana se enfrentó al lobo que había enganchado a uno de sus corderos, demostrando así mucho valor. Elogia el ardor con el que la joven habla de la futura expulsión de los militares ingleses. Ya en Reims, Raimundo intenta que el padre de Juana no se acerque a su hija para que no empañe la grandeza de la ocasión con sus tétricas elucubraciones. Cuando todos la abandonan por considerarla hechicera, Raimundo ofrece de nuevo su mano a Juana, acompañándola lejos de allí. La muchacha se sincera con él, explicándole sus más profundas motivaciones y declarando su inocencia. La escena es interrumpida por soldados enemigos que la capturan, logrando Raimundo huir.   

Dama de Diamantes. - Inés Sorel (1422-1450) fue amante del rey francés Carlos VII, con quien tuvo tres hijas. Esta relación no era llevada en secreto, sino que estaba reconocida públicamente ante la corte, en la que se integraba también la esposa oficial, María de Anjou. Dada su gran belleza, Inés posó como modelo para varios pintores del momento, como Jean Fouquet, que la representó poco antes de morir caracterizada como la Virgen María. Sus excentricidades y las contrapartidas obtenidas por su vínculo con el rey pusieron en su contra a algunos miembros de la corte. Falleció envenenada con mercurio. No conoció verdaderamente a Juana de Arco, ya que ésta murió en 1431 e Inés fue presentada al rey hacia 1442. En la obra de Schiller, Inés Sorel adquiere un papel destacado como sostén anímico del monarca. Refuerza su confianza en sí mismo, equilibrando así el desprecio que le dispensaba su propia madre, Isabel de Baviera. Ofrece sus joyas, su vajilla de plata y todas sus demás posesiones para poder conseguir dinero con el que pagar a las tropas, de modo que no dejen de combatir por el rey. Demuestra abnegación hacia él, no le importa desprenderse de todo, estando dispuesta a aceptar una vida dura acompañando al ejército en sus campañas. A pesar del abatimiento de Carlos, Inés demuestra una gran confianza en la victoria final, antes incluso de la llegada portentosa de Juana. Inés ve a Juana como inocente, oscura, profunda, exaltada, incapaz de actuar conforme a lo que se esperaba en su época de una mujer. Intenta en vano que acepte el amor de Dunois. Le pide un oráculo, un vaticinio favorable sobre su futuro, pero Juana le indica que ella no ve ese tipo de cosas, dependiendo por tanto su destino de lo que hay encerrado en su propio pecho. Inés se arrodilla ante Juana en Reims llena de felicidad para agradecerle el haber hecho posible la coronación de Carlos. En definitiva, Inés está llena de valores positivos en la obra de Schiller, personificando bien la fuerza de las pasiones, la exacerbación de los sentimientos, la sinceridad de las emociones.

Rey de Diamantes. - El duque de Borgoña, Felipe III (1396-1467), apoyó decididamente la presencia inglesa en la Gascuña y al Norte del Loira a raíz del asesinato de su padre, Juan "sin miedo", por parte de dos caballeros del delfín Carlos en el puente de Montereau, a pesar de negar éste toda implicación en el asunto. La colaboración borgoñona con los ingleses quedó sellada mediante el Tratado de Troyes de 1420, si bien las intervenciones militares directas del ejército ducal fueron pocas, dado el desprestigio que implicaba el favorecer una guerra fratricida entre franceses. Fueron los borgoñones los que apresaron a Juana de Arco en 1430 en la campaña de Compiègne, entregándosela seguidamente a los ingleses. La política borgoñona viró en 1435 con el Tratado de Arras en favor de Carlos VII, al que se reconoció como rey de Francia, sin la obligación de prestarle homenaje. Desde entonces se aceleró el ritmo de descomposición de la influencia militar inglesa en el continente. Todos estos hechos son tratados de manera simplista y con muchas licencias imaginativas en la obra de teatro de Schiller, en la que es Juana de Arco la que convence personalmente al duque de que cambie de bando. Se niega a pelear contra él, considerándole un compatriota: "No debe correr sangre francesa, ni el acero ha de decidir esta contienda". En la ficción, Felipe ve inicialmente a Juana como un instrumento del demonio, como una doncella infernal. Poco a poco se ve arrastrado por las argumentaciones de la santa, decidiendo reconciliarse con el delfín e incluso perdonar a Tanneguy du Chastel, uno de los dos asesinos de su padre. En la carta, el duque aparece portando un pequeño cofre. Se trata del joyero de Inés Sorel, la amante de Carlos, la cual, según el texto de Schiller, se había desprendido de sus bienes para poder seguir financiando la guerra. Mediante la devolución de estas joyas, se premia la generosidad y la fe mostrada por Inés. Se da por tanto un perfil bondadoso y justo del duque, mecenas cultural y fundador de la orden caballeresca del Toisón de Oro.

Al comparar la vida de Juana de Arco con el papel de Juana en la obra teatral de Schiller llegamos a la aparente contradicción de que puede ser más romántica la realidad que lo imaginario, lo utópico y lo idealizado, en cuanto a que sin duda conmueve más aquello de lo que hay certeza. Al introducir tantos elementos fantasiosos se pierde la fuerza emotiva de muchos episodios, si bien para el público de la época bastaba seguramente con este tipo de recreaciones. El cine actual tampoco se caracteriza precisamente por su fidelidad con respecto a los hechos históricos, resintiéndose en favor de la diversión todo lo relacionado con la transmisión de las verdaderas pulsiones de otras épocas. En la literatura romántica alemana aparecen como dos fuerzas absolutamente desbordadas el amor y la guerra. En el caso de la obra de Schiller, se rodea a Juana de varios pretendientes que no consiguen apartarla de su obsesión por combatir. La guerra en el pensamiento romántico era un instrumento de transformación de las sociedades oprimidas, de liberación de los pueblos injuriosamente tutelados. Cuanto antes se iniciara y con más potencia menos duraría y menores serían sus consecuencias desastrosas. Esta sobrestimación del poder regenerador de la guerra, al servicio del alumbramiento de las modernas naciones, tuvo más adelante una deriva política totalitaria, etnicista y neocolonial, recayéndose precisamente en las injusticias sociales que el nacionalismo romántico pretendía eliminar. En cuanto al tema religioso, el argumento de "La doncella de Orleans" refleja muy bien cómo en el período bajomedieval estaban muy cerca de confundirse la santidad y la hechicería, el misticismo y el espiritismo, la fe y la superstición, el simbolismo religioso y la idolatría. El atractivo histórico y literario de Juana radica en la ruptura de todos los estereotipos. Humilde e inculta, casi aún una niña, renueva el deseo de luchar de su pueblo. Schiller le hace decir sobre sí misma: "Una blanca paloma se precipitará con el valor del águila contra esos buitres, que han devastado la patria".